CULTURA

Boadella y Els Joglars vuelven con la obra que les llevó ante un Consejo de Guerra
La Torna de “la torna”

El mismo día que Francia se liberaba del dominio nazi, la burguesía gala aseinaba a miles argelinos que se habían atrevido a reclamar esa misma libertad

Hace ahora 28 años, en 1977, en plena transición política y con los viejos aparatos del régimen franquista aún completamente vivos, el estreno de La torna representó un auténtico test sobre la viabilidad de la democracia en España. La obra de Boadella interpretada por Els Joglars ponía el dedo en una llaga muy dolorosa: la impunidad del Ejército en el proceso y ejecución de un hombre, cuyo asesinato pasó casi desapercibido, pero cuya escenificación hacía revivir y realzaba la insidia criminal de unos aparatos de Estado serviles a la dictadura. Esta denuncia radical, en un momento clave, motivó una reacción desaforada de la cúpula castrense, que acabó sentando a Boadella y a Els Joglars nada menos que ante un Consejo de Guerra. La desmesura misma de este hecho –llevar a unos cómicos ante un tribunal militar- acabó volviéndose contra la cúpula castrense, llevándola al descrédito.

El 2 de marzo de 1974 Puig Antich y el “polaco” Heinz Chez morían ejecutados en Barcelona y Tarragona respectivamente. De Puig Antich se ha hablado mucho, pues se trató directa y abiertamente de una ejecución política. Heinz Chez, en cambio, murió “como una rata”, ya que estaba marcado por el estigma de ser un delincuente común. De todas formas, la paradoja trágica es que esa ejecución se efectuó con una finalidad política, constituyendo “la torna” (*) de la ejecución de Puig Antich. Todo se hizo –decía Boadella en el programa de presentación de la obra- “con el fin de desorientar a la opinión pública predispuesta a confundir fácilmente, en aquel momento, los términos de activista político y delincuente común”. En definitiva, a Heinz –cuya patética vida la gente desconocía, aunque él intentó contar algunos de los trágicos episodios de su vida: la muerte de sus padres en la guerra europea, su posterior internamiento, su oficio de comediante de calle para ganarse la vida… hasta que un día disparó mortalmente contra un guardia civil en un camping de Tarragona–, a Heinz, digo, se le ajustició a garrote vil, no para ocultar el asesinato “político” de Puig Antich, no para disimularlo, sino clara y rotundamente para llevar a la opinión pública a la conclusión de que los activistas políticos (antifascistas) y los delincuentes comunes “eran lo mismo”, es decir, unos “criminales”.

La versión libre de Els Joglars sobre aquel asesinato premeditado, alevoso y criminal, levantó ampollas en la España de 1977. La obra se prohibió. Boadella y Els Joglars fueron sometidos a Consejo de Guerra. La España de la libertad convirtió aquel proceso en una movilización gigantesca y persistente por la libertad de expresión. La obra mostró, además, el compromiso inequívoco de Boadella y los suyos con la libertad, su intrépida exigencia de que la democracia no podía salir adelante sin desmantelar los aparatos del franquismo y , en definitiva, el carácter insumiso, insobornable e inequívocamente democrático de un teatro que ha marcado decisivamente los últimos treinta años de la vida cultural española.

El retorno de la obra (su estreno fue el 1 de septiembre), casi treinta años después de su estreno, servirá sin duda no sólo para recordar y traer a la memoria colectiva aquellos episodios claves y significativos de la transición, sino también para medir el grado de madurez y aceptación de la democracia por unos estamentos que entonces saltaron como si fueran un muelle. Y también puede que sirva de recordatorio a ciertos sectores de la sociedad catalana –los más impregnados por el virus de un nacionalismo excluyente en expansión– que Boadella no es “el falangista” que ellos denuncian ahora (y al que amenazan, incluso con el exterminio, más incluso que el tribunal militar de 1977), sino uno de los artistas más reputado, consecuente, democrático y decisivo de Cataluña y de España. Una voz insobornable que ahora reconstruye su propia memoria. Por eso, tornaremos a ver “La torna”.

(*) Torna: palabra catalana. Cuando una mercancía que se vende no llega exactamente al peso indicado, la “torna” es lo que se suma para que se complete dicho peso.

J. Albacete

Recortes de prensa de la época donde se recoge la condena y encarcelamiento de Albert Boadella y “Els Joglars”.