NACIONAL Agitación
en el mundo financiero tras la OPA de Gas Natural Es en este movimiento de reestructuración de la clase dominante donde de verdad se está decidiendo el futuro el país |
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| Como el disparo de salida que anuncia el inicio de la carrera, la OPA hostil de Gas Natural sobre Endesa ha desatado un frenético torbellino de movimientos en el mundo del poder financiero de nuestro país. Mientras aún planea el interrogante de quiénes son los “tapados” en que se apoya Gas Natural para atreverse a lanzar una operación de esta envergadura, la venta de Unión Fenosa por Botín a ACS volvía a remover las habitualmente imperturbables cúpulas del capital monopolista español, arrojando nuevas incertidumbres al mercado. ¿Qué buscan los March –verdaderos patronos en la sombra de ACS– irrumpiendo abruptamente en el alterado equilibro del tablero eléctrico? ¿Y para qué tanta prisa de Botín por acumular la mayor liquidez en el más breve espacio de tiempo? Aunque muchas de las claves de esta agitación tardarán previsiblemente un tiempo en revelarse, de lo que no cabe duda es que –a diferencia de lo dicho por Florentino Pérez– no tienen nada de “accidentales”. Asistimos a un evidente intento de desalojo, ocupación o cambio en la cadena de mando de algunas de las principales estructuras de poder de la cúpula de las altas finanzas y los grandes monopolios españoles. Lo que, en sustancia, no puede interpretarse más que como el inicio (o su intento) de una profunda reestructuración de la oligarquía financiera. Fenómeno que no es nuevo en la historia reciente de la clase dominante española. Aunque sí lo es tanto la inaudita celeridad con que se está produciendo, como la desacostumbrada dimensión pública que ha adquirido la disputa. Antecedentes múltiples Sólo en las últimas
tres décadas, por no ir más allá en el tiempo, la
oligarquía española ha conocido tres intensos y profundos
procesos de reajuste interno, distintos en la forma pero similares en
cuanto a naturaleza. En todos ellos la resultante final ha sido una mayor
concentración de su poder político y económico, una
renovada capacidad para imponer sus intereses, su control y su dominio
sobre el pueblo trabajador y sobre el conjunto de la sociedad española. Finalmente, el reajuste más reciente, la depuración de la oligarquía de Neguri de su histórico centro de poder financiero, el BBVA, lo fue por medio de un golpe lo suficientemente certero, implacable y letal –la publicación de sus cuentas secretas en paraísos fiscales– como para dejarle sin capacidad de respuesta momentánea mientras los nuevos ocupantes consolidaban sus puestos de mando. En cualquier caso, fuera cual fuera el método empleado y los sectores beneficiados o perjudicados, existen dos constantes que invariablemente se repiten en cada uno de estos procesos. En primer lugar, el papel determinante jugado por el alineamiento de uno u otro sector oligárquico con los grandes centros de poder mundial y sus proyectos, en la actualidad bien con Washington, bien con el eje franco-alemán. En una doble relación en la que, si por un lado la oligarquía busca en los vínculos exteriores la “fuerza y el capital” necesarios para imponerse internamente; por el otro los centros de poder hegemonistas se valen de esta necesidad para aumentar su dominio sobre España y conducirla al lugar que más conviene a su estrategia en el tablero mundial. En segundo lugar, y a consecuencia precisamente de esto, cada reajuste importante en el seno de la clase dominante tiende a provocar tensiones y fracturas en la vida nacional, cuando no abiertos cambios de proyecto o de modelo político. Nuevos y viejos actores Es desde esta perspectiva –que permite enfocar correctamente el centro vital en el que se está jugando el rumbo del país– desde donde adquiere pleno sentido preguntarse por el papel que ocupa cada uno de los actores. La hipótesis de la “conexión francesa” de la OPA de Gas Natural sobre Endesa se ratifica con cada nuevo dato conocido. Así, mientras en algunos medios se especula acerca de si la súbita aparición del 5% de acciones de Endesa en poder de la aseguradora gala AXA puede ser el blindaje financiero que necesita para resistir con éxito el asalto, la realidad es que están destinadas a jugar el papel de “quinta columna” en el seno de la eléctrica. No en vano el presidente del gigante energético franco-belga Suez –aliado estratégico de La Caixa en Gas Natural o Aguas de Barcelona– y el de AXA se sientan juntos en el mismo consejo de administración Por lo que resulta cada vez más difícil no advertir detrás de la operación diseñada por La Caixa la vieja codicia de la burguesía monopolista francesa por hacerse, de algún modo que todavía desconocemos, con el control del mercado eléctrico español. Lo que, a su vez, explicaría la furibunda reacción de los sectores políticos y mediáticos más proyanquis contra la operación. Sin descartar, por otro lado, que con este golpe de efecto –sumado al reciente golpe de mano dado al sustituir a Alfonso Cortina por Antoni Brufau (dicen que verdadero “cerebro gris” de La Caixa) al frente de Repsol–, la alta burguesía catalana esté también reclamando hacer realidad una antigua ambición presente desde los tiempos de Cambó: ser admitida en el seno de la oligarquía española y, con ello, pasar a disfrutar del acceso y el control sobre los mecanismos de poder y los resortes del Estado que hasta ahora le han sido vedados. Por su lado, la numantina defensa que Pizarro –con el cerrado respaldo de los círculos políticos y mediáticos del PP más cercanos a Aznar– está dispuesto a hacer de Endesa enlaza de forma directa con la reacción y los apoyos recibidos por Francisco González, cuando a finales del pasado año desplegó una eficaz estrategia de defensa frente al intento de la constructora Sacyr por hacerse con el control del BBVA. Asalto detrás del cual se encontraba el financiero Abelló –antiguo socio de Mario Conde en su primera etapa al frente de Banesto–, lo que hace suponer que la alargada sombra de Botín no debía andar muy lejos. ¿Puede considerarse como fruto de la casualidad que en apenas 9 meses hayamos asistido al ataque consecutivo sobre tres sólidos centros de poder de la clase dominante española –BBVA, Repsol y Endesa– que comparten la característica común de estar en manos de cuadros de la oligarquía política y personalmente vinculados al ex presidente Aznar y al actual presidente del FMI, Rodrigo Rato? La aparición de ACS, la constructora presidida por Florentino Pérez, haciéndose con el 22% de la tercera eléctrica, añade una pieza más de difícil encaje en el complejo puzzle. Sobre todo porque hablar de ACS es hablar de la familia March, uno de los clanes centrales e históricamente más poderosos de la oligarquía española. En el que volvemos a encontrar vínculos privilegiados con el capital monopolista francés a través de sus relaciones con el gigante de la distribución Carrefour, de la que los March son los segundos accionistas. Y en la que acaban de firmar una nueva mayoría estratégica contra el resto de fundadores minoritarios, sentando a un miembro de la saga familiar en el consejo de administración. Qué buscan los March irrumpiendo de esta forma en el negocio eléctrico en un momento de máxima tensión por la OPA contra Endesa es todavía un misterio. Pero no mayor de por qué Botín les ha vendido a ellos cuando tenía sobre la mesa la suculenta oferta de un ex banquero de Goldman Sachs y Merrill Lynch, actualmente socio y gerente de los fondos de inversión del multimillonario norteamericano George Soros en España. En todo caso, si con la venta de Airtel a Vodafone Botín financió la compra del Abbey Bank británico que le permitió convertirse en el primer banco de la zona euro, ¿qué proyecto tiene ahora para las plusvalías obtenidas con la venta consecutiva de Amena y Unión Fenosa? Demasiadas incógnitas sin resolver todavía como para responder a las cuestiones clave de qué tipo de alianzas se están orquestando, qué cambios introducen en la correlación de fuerzas en el seno de la clase dominante o qué centros de poder imperialista llevan la iniciativa y hacia dónde. Lo único seguro en todo este asunto es que el destino del país y su rumbo político se está decidiendo de verdad en estas oscuras maniobras, y no en las negociaciones y trifulcas de opereta –por importantes que sean para la futura articulación política del Estado– en las que andan enredados (y nos quieren enredar a todos) los Maragall, Carod y Mas de turno. A. Lozano |
La aparición de ACS, la constructora presidida por Florentino Pérez, haciéndose con el 22% de la tercera eléctrica añade una pieza más de difícil encaje en el complejo puzzle. Sobre todo porque hablar de ACS es hablar de la familia March, uno de los clanes centrales e históricamente más poderosos de la oligarquía española
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