NACIONAL Negociaciones
con ETA “Arrinconar el fascismo y el terrorismo etarra hasta su derrota final y completa es la única táctica admisible para quienes están de verdad por la libertad, la unidad y la independencia” |
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| Mientras comienza a darse por hecho que hay ya un diálogo con ETA para negociar el “fin de la violencia”, se esgrimen encuestas que afirman que el pueblo español “apoya” tal diálogo y hasta asociaciones de policías se manifiestan públicamente a su favor, ETA sigue a lo suyo. El pasado 24 de septiembre hacía estallar una furgoneta-bomba en un polígono industrial de Ávila, causando importantes destrozos a varias empresas: a dos kilómetros escasos del lugar de la explosión está la Academia de la Policía. Tres días más tarde, el 27, otra bomba explotaba en una central eléctrica cercana a Zaragoza: horas después Zapatero y Bono tenían previsto reunirse en la capital aragonesa con la cúpula militar. Simultáneamente, ETA, en un comunicado a “Gara”, asumía la autoría de cinco atentados más cometidos durante los meses de junio y julio. La persistencia de ETA en responder con bombas y otras formas de terrorismo callejero, intimidación y extorsión a las continuas incitaciones al diálogo que le viene formulando el gobierno Zapatero tiene hoy dos lecturas muy distintas. Por una parte, la de aquellos que minimizan el alcance de estos hechos subrayando siempre que “no hay víctimas” y “rebajando” la categoría de estas formas de terrorismo a la de un mero “chantaje” con el fin de conservar alguna baza de fuerza a la hora de la negociación. Se trataría, por tanto, no de la persistencia del terrorismo al servicio de los mismos fines que viene persiguiendo desde hace más de treinta años y por los que ha asesinado a cerca de mil personas, herido a más de diez mil y causado daños por valor de cientos de miles de millones, sino de una forma de “violencia terminal” que pretende “exclusivamente” demostrar que ETA está viva, y que ese factor ha de contar a la hora de negociar. El quid de esta interpretación no es sólo la funesta idea que subyace de que esto, de alguna forma, ya no es terrorismo (ni sus autores, por tanto, terroristas), sino la mentira oculta de que, en realidad, ETA al renunciar a sus medios (el “asesinato”, como expresión máxima de la violencia política) está renunciando implícitamente también a sus fines: la secesión de Euskadi y la implantación de un régimen de terror étnico. Vender esta doble renuncia de ETA, a sus medios y a sus fines, como algo hecho, que simplemente se trata ya de convalidar mediante un “diálogo” a dos (entre el Estado y ETA) o a tres (con el PNV), y venderlo además con motivo de la colocación de dos bombas, es o una irresponsabilidad supina, basada en una ignorancia aún más supina, o, lo que es más probable, una estrategia de engaño y disimulo tras la que se oculta el verdadero norte que tiene todo este tinglado del “diálogo con ETA”. Es ciertamente muy posible que los centros promotores de la violencia y el nacionalismo étnico en Europa, que desde hace más de dos décadas vienen troceando inmisericordemente el Viejo Continente conforme a un plan perfectamente preestablecido (y cuyos hilos, por largos y tortuosos que sean, conducen siempre al Ministerio del Interior alemán y al viejo diseño germano de una Europa de los Pueblos dirigida desde Berlín), hayan decidido tácticamente que la “vía catalana” (la eutanasia dulce) es hoy por hoy un camino más efectivo que la “vía vasca” (nazi-fascista, apoyada en el terror de ETA) a la hora de alumbrar una España balcanizada. Pero eso no significa, por el momento, más que un “cambio de prioridades”, no una renuncia definitiva a esa vía. Y desde luego no supone ninguna renuncia a conseguir el objetivo final. Por tanto, la segunda lectura de los atentados de ETA no puede ser otra que la de considerar, más allá de cualquier tacticismo, que ETA, sus medios y sus fines, sus padrinos y sus apoyos, están debilitados pero en acción, y que en consecuencia no se les puede dar la menor tregua, ni proporcionarle el menor balón de oxígeno, ni dar espacio alguno a sus esbirros. Arrinconar el fascismo y el terrorismo etarra hasta su derrota final y completa es la única táctica admisible para quienes están de verdad por la libertad, la unidad y la independencia. M. T. |
ETA continúa respondiendo con bombas a los llamamientos al diálogo.
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