NACIONAL

Alderdi Eguna
Contradicciones en el PNV

“La derrota de la línea nazi-fascista de Arzallus no ha supuesto la desaparición en el seno del partido de un sector muy poderoso que la continúa sustentando, intenta imponerla de nuevo y volver a las andadas”

El “Alderdi Eguna” (Día del Partido) ha sido el último escenario elegido por los dirigentes del PNV para hacer pública y notoria exhibición de las divergencias de línea que continúan recorriendo el partido de arriba abajo, que lo mantienen dividido en dos sectores enfrentados y, a causa de ello, relativamente paralizado.

La derrota de la línea “nazi-fascista” encabezada por Arzallus, y escenificada sucesivamente con el fracaso del Pacto de Lizarra, la retirada del propio Arzallus, el hundimiento del Plan Ibarretxe y los pésimos resultados de las últimas elecciones (que a punto estuvieron de costarle al PNV el gobierno vasco), no han supuesto sin embargo la desaparición en el seno del partido de un sector muy poderoso que la sustenta, intenta imponerla de nuevo y volver a las andadas. No es sólo Arzallus desde la sombra, o Eguíbar como portavoz público, no es sólo la inercia de un partido que durante veinte años ha actuado monolíticamente bajo la tiranía de Arzallus, también el lehendakari Ibarretxe parece inevitablemente atrapado sin remedio por esta línea, de la que es hijo y de la que fue portavoz, y a la que parece volver ahora con fuerza, aunque ello le suponga distanciarse abiertamente de la línea oficial. En su discurso en el “Alderdi Eguna” Ibarretxe volvió a poner todo el énfasis en la defensa de su plan soberanista, de la unidad de los nacionalistas, de la autodeterminación y la independencia.

Un tono muy distinto tuvo la intervención del presidente del PNV, Josu Jon Imaz. Imaz habló de “las tentaciones baldías de coger atajos” (léase Lizarra y compañía), de la necesidad de conseguir “un acuerdo entre todas las fuerzas vascas: nacionalistas, federalistas y no nacionalistas” y exigió con firmeza que “en Euzkadi nadie sufra más violencia, ni amenazas, ni ataques, ni extorsión”. En definitiva, Imaz hizo ante la militancia una apuesta clara y rotunda por dejar atrás la línea nazi-fascista y anclar el partido en la “vía catalana” como el camino que puede asegurar mejor al PNV, primero que siga manteniendo el poder, segundo que siga manteniendo en pie lo esencial de su régimen y tercero, continuar dando pasos hacia la plena soberanía con el mayor apoyo social posible, mejor con el apoyo del gobierno de Madrid y en el marco de Europa. El declive notorio del partido en estos últimos años exige ese cambio de vía. Pero también la estrategia de sus “aliados internacionales’, que, al menos hasta ver adónde conduce la “vía catalana” de desintegración de España, parecen haber optado por ese camino. Otra cosa será si la vía catalana encalla. Entonces la batalla interna puede volver a cambiar de signo.

J. Albacete

Imaz e Ibarretxe discrepan ya abiertamente sobre la línea del PNV.