SOCIEDAD - ENSEÑANZA

Un incremento del 7,3% en Educación y un 25% en las partidas de I+D
¿Realidades o ficciones?

Muy bien que haya becas pero el problema principal es la calidad de la educación que reciben los jóvenes en la educación pública

Zapatero se ha comprometido a duplicar el gasto en educación, en sus palabras será la “estrella” de los Presupuestos de 2006, se crearán 300.000 nuevas plazas de educación infantil (3-6 años) y 40.000 becas más. En la educación secundaria se ha comprometido a establecer un debate social para lograr un consenso en la reforma de la LOU. Y, finalmente, en la universidad congelará por ahora el recorte a las humanidades y los cambios iniciados antes del verano. Pero este paquete de medidas e intenciones ¿traen realmente el cambio que necesita la educación en nuestro país?

Nadie podría estar en contra de que se aumenten los presupuestos y se creen nuevas becas; el problema es que, visto de conjunto, las reformas adolecen de dos problemas importantes. Uno, que no van al corazón de los problemas fundamentales de la educación en nuestro país (fracaso escolar del 26%, la más baja calidad de la enseñanza de Europa en lectura, ciencia y matemática o el alto nivel de desempleo entre profesionales). Sin acertar a dar el golpe en el sitio necesario, las medidas propuestas, por ejemplo, no contemplan dar un giro a la calidad de la educación terminando con la promoción automática de la Logse. Muy bien que haya becas pero el problema principal es la calidad de la educación que reciben los jóvenes que no tienen más alternativa que la educación pública.

Con la reforma, el Griego y el Latín desaparecen de la ESO, la filosofía apenas se verá. Un grave perjuicio para los estudiantes denunciado por un manifiesto de 2.000 intelectuales españoles. El inicio de curso sorprendió en barracones a 35.000 jóvenes en Cataluña, comunidad donde se calcula que un 30% de las aulas tienen desbordado el número de alumnos por curso. Más allá de la pobreza de infraestructuras en la educación pública, los sindicatos de profesores se han hartado de decir que es imposible una educación de calidad con cursos que mezclan a los estudiantes independientemente de su nivel, con los bajos criterios de exigencia de disciplina y la falta de expertos que apoyen a los docentes en los problemas reales de la práctica educativa.

Zapatero ha dicho que el reto principal del sistema educativo español es aumentar el número de jóvenes que “finalizan los estudios de Bachillerato o de Formación Profesional”. Pero el fracaso escolar tiene su raíz en la ausencia de exigencia en el modelo educativo actual y la falta de recursos docentes y pedagógicos en los centros públicos. ¿Cómo plantea acabar con el fracaso escolar, que en los sectores populares llega al 40% por el abandono al que están sometidos?
En segundo lugar, las medidas no tienen la contundencia suficiente. El problema de la calidad de la educación en nuestro país es muy grave, pero los cambios previstos desde el gobierno parecen ignorar que España, por ejemplo a nivel universitario, es el único país de Europa en el que tener una carrera no implica ninguna ventaja laboral o profesional.

¿Cómo es posible tirar a la basura la inversión social que supone la formación profesional de miles de estudiantes universitarios?
No es un problema “interno”, como plantea Zapatero, de tener en cuenta la polémica suscitada en el seno de la comunidad universitaria a raíz de la LOU “para restablecer la calma”. La cuestión es qué proyecto de país, qué formación investigadora y científica, o si hace falta una reforma laboral acorde a todo ello. ¿Tiene el gobierno en este frente realmente algún objetivo?

Arantxa Bueno