EDITORIAL INTERNACIONAL Elecciones
generales en Alemania La necesidad norteamericana de bombardear el eje Berlín-París y la voracidad de los poderes económicos alemanes ha abierto la caja de los truenos |
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| “El hombre enfermo de Europa permanecerá postrado en la cama algo más de tiempo”. Con este pesimista diagnóstico recibía el resultado de las elecciones alemanas el diario del centro financiero de Wall Street. Y no es para menos. La operación política destinada a introducir cambios en el modelo económico, pero también a dar un giro en el proyecto y alianzas internacionales del gigante europeo; y que debería haber arrastrado consigo a los socios comunitarios, ha sido un fracaso. Los resultados electorales han provocado un atasco de difícil resolución, y todo parece encaminarse hacia una reedición de la “gran coalición” entre los dos grandes partidos que ya gobernó Alemania en 1966. Pero las cosas no son como entonces. Alemania hoy está sumida en una crisis económica que requiere medidas urgentes y estas elecciones no han hecho más que agravar la situación, añadiendo al decaimiento económico la desestabilización política y social. Sea quien sea finalmente canciller, lo único seguro es que no será capaz de acometer con la energía suficiente las urgentes medidas que los centros financieros y políticos reclaman. La pírrica victoria de Merkel no ha anegado sólo las aspiraciones de los centros económicos germanos. Blair y Sarkozy en Europa han salido debilitados y frustradas las expectativas norteamericanas para reconducir a la indócil Europa del eje franco-alemán por los derroteros de sus intereses estratégicos. El triunfo de Merkel debía ser la antesala del giro en Francia de la mano de un Sarkozy que aspira a las próximas elecciones, culminando así las expectativas de Washington: sustituir el actual eje París-Berlín –tan proclive a la alianza con Moscú– por un nuevo eje de los tres grandes países, Alemania, Inglaterra y Francia, que recompondría las relaciones euroatlánticas. Los intereses en juego se pueden resumir en lo siguiente: Un cambio en el modelo económico que liquide las estructuras del Estado del bienestar. Cambios en la política de financiación de la UE, cuya primera víctima sería la Política Agrícola Común (PAC). Y un nuevo rumbo en la política exterior hacia el entendimiento con EE UU, liquidando diferencias en cuestiones como la guerra de Irak y abriendo a la UE hacia la plena integración del antiguo bloque del Este, Ucrania y sus vecinos del Cáucaso; con lo que se aislaría aún más a la mermada Rusia de Putin. Cuestión espinosa seguiría siendo sin embargo la adhesión de Turquía, defendida por ingleses y norteamericanos y a la que Merkel y Sarkozy se oponen. La caja de los truenos Tan importantes eran los objetivos que se diseñó una auténtica operación quirúrgica para liquidar a Schröder y debilitar al Eje franco-alemán. Pero el remedio ha sido peor que la enfermedad. La coalición de Lafontaine con los ex “comunistas” del otro lado del Muro juró y mantiene que no apoyará un posible gobierno rojiverde. Con ello se hace imposible que la mayoría social de izquierdas que agrupa a más del 52% del electorado pueda gobernar. Pero la munición destinada a fraccionar el voto de izquierdas no ha dado los frutos deseados. La incapacidad de Merkel, a la que sin duda han contribuido las divisiones internas en su partido, y las desafortunadas declaraciones de algunos de los que se suponía debían colaborar en su triunfo, ha dado como resultado que el 45% de votos que suman demócratacristianos y liberales resulte insuficiente para gobernar. Alentar la unión con los ex “comunistas” y contribuir a su resurrección, en una situación de crisis económica y con un gran número de alemanes encolerizados con las reformas, no ha resultado suficiente y ha abierto la caja de los truenos. Lafontaine y Gysi se pavonean de haber arrebatado votos a la extrema derecha y lo cierto es que han promovido el resurgir de una xenofobia latente en la sociedad alemana que no ha muerto, sino que permanece dormida. Con los ingredientes del despertar xenófobo y la ideología de los antiguos socialfascistas del Este, se ha hecho emerger a la escena política a los sectores más desfavorecidos que hasta ahora quedaban excluidos. Y con ello, la situación tiende a transformarse en ingobernable. Desde la IIª Guerra Mundial, toda la geometría política europea ha pivotado sobre un modelo alemán en el que las dos grandes opciones de derecha e izquierda asumían el programa económico de los centros monopolistas y financieros y defendían los intereses de la hegemonía norteamericana. Pero la caída del Muro agudizó las contradicciones interimperialistas y los antiguos aliados pasaron a ser rivales. La necesidad norteamericana de bombardear el eje Berlín-París y la voracidad de los poderes económicos alemanes, les ha llevado a jugar con fuego. El intento de mermar a una de las patas del modelo ha abierto la caja de los truenos. Se sabe que “cuando Alemania se constipa, Europa entera estornuda”. La crisis económica, política y social por la que atraviesa la locomotora europea pone de manifiesto la triple crisis que remueve los pilares sobre los que se han construido las sociedades europeas: crisis de la izquierda oficial, crisis del modelo bipartidista y crisis del eje franco-alemán, motor de la construcción de la UE. Y lo preocupante no son las brumas que aparecen en el horizonte acerca de si Europa será capaz o no de hacer frente a la competencia con las nuevas regiones emergentes de Asia. Sino que la coyuntura actual está plagada de truenos, y los fontaneros del sistema no tienen la alternativa. |
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