INTERNACIONAL Elecciones
alemanas Los grupos de la izquierda independiente alemana, deberían tomar buena nota de la verdadera naturaleza de la línea y los dirigentes de esta siniestra izquierda |
|||
| “Hay que proteger a los padres de familia alemanes y a las mujeres alemanas para que los fremdarbeiter (trabajadores extranjeros), no les arrebaten los puestos de trabajo”. Oskar Lafontaine La cita no pertenece a un líder nazi, sino al que se presenta como aglutinador del “verdadero” voto de izquierdas, Oskar Lafontaine. El que fuera ministro de Schröder y dimitió afirmando “Mi corazón está en el lado izquierdo”, promete expulsar de Alemania a “quienes no hablen nuestra lengua y no paguen los impuestos según su capacidad”. El díscolo ex dirigente socialdemócrata formó junto con los ex “comunistas” de la RDA el Partido de la Izquierda, al que muchos consideran el triunfador de las elecciones, ya que ha pasado de 2 a 54 diputados. Su agresividad contra los trabajadores inmigrantes, que en Alemania rondan los 7,3 millones, se refleja en el lenguaje. Ha sustituido el término Gastarbeiter (trabajador invitado) por el de Fremdarbeiter, cargado de xenofobia, y que fue usado por los nazis para designar a los trabajadores deportados desde los territorios ocupados, privados del derecho a la ciudadanía. Quizá por ello el propio Udo Voigt, jefe del partido de extrema derecha NPD (Partido Nacional Alemán), festejó las declaraciones de Lafontaine alentando –de broma o no– a los miembros de su partido a votar por el partido de la izquierda. El hecho es que Lafontaine y Gysi (el jefe de los ex comunistas del PDS), se jactan de haberle arrebatado votos a la extrema derecha. ¿Y qué explicación puede darse al intercambio de votos entre la extrema derecha y la que se supone, extrema izquierda? El fenómeno, aunque se exprese en forma diferente, es semejante al ascenso de ultraderechistas europeos como Le Pen. Semejanza en el discurso anti-sistema y anti-neoliberal. En la xenofobia contra los trabajadores inmigrantes (que en Alemania manifiesta un pasado que no está muerto, sino que permanece dormido), en aprovechar la cólera de los 5 millones de parados y sus familias y el descontento por los recortes sociales. Y semejanza también en buena parte de la base de votantes que aglutinan. En las últimas elecciones Le Pen fue el más apoyado entre los desempleados y los electores de 18 a 24 años y sus feudos coinciden con antiguos calderos de voto del Partido Comunista Francés. Si excluimos la atontada superficialidad de la máxima de “los extremos se tocan”, lo que se presenta ante nuestros ojos son los efectos de una mezcla explosiva. Por un lado, el poder político y económico en Europa ha cubierto sus necesidades de mano de obra introduciendo inmigrantes a los que ha convenido mantener aislados y marginados para facilitar su explotación. Una clase obrera sin derechos políticos y aislada del resto, es sin lugar a dudas el sueño de las burguesías monopolistas. Pero el fenómeno del traspaso de votos entre ultraderechistas y ex “comunistas” se debe principalmente a la semilla cultivada durante décadas por los socialfascistas del Este. La difusión de principios como el “odio de clase” o el “odio a Occidente” (supuesto culpable de los padecimientos sufridos por el bloque soviético), son fácilmente reconducibles hacia el odio al trabajador inmigrante que compite con los sectores más desfavorecidos en el mercado de trabajo, y sobre todo, en las ayudas sociales. Durante décadas, la URSS, sus países satélites y los partidos pro-soviéticos, entre los cuales se encontraba el Partido Comunista Francés; educaron en justificar la existencia de un Estado fascista que supuestamente garantizaba el empleo, la sanidad o la educación. La aspiración a la subvención que ha de proporcionar el Estado, aun a cambio de transformarlo en una maquinaria policial y omnipresente en la vida de cada ciudadano, es otro de los ingredientes del veneno que hoy da sus frutos. Por mucho que los fascistas soviéticos y sus súbditos disfrazaran de comunismo y marxismo la ponzoña reaccionaria que difundieron, su carácter vuelve a emerger a la luz en la coincidencia de mensajes con los neonazis y la extrema derecha del presente. 150 grupos antifascistas, del movimiento antiglobalización y cristianos de base, remitieron una carta de felicitación y demandas al Partido de la Izquierda. Entre ellas, figuraba el rechazo a las tendencias racistas o nacionalistas. Pero no se trata de cuestiones formales. La realidad es que tales instintos forman parte de la naturaleza de estos “izquierdistas” que para muchos representan la esperanza frente a la desilusión de la destrucción del Estado social a manos del gobierno roji-verde. Los grupos de la izquierda independiente alemana, deberían tomar buena nota de la verdadera naturaleza de la línea y los dirigentes de esta siniestra izquierda. El
atasco En Alemania del Este, el
partido de la izquierda se convierte en la segunda fuerza política,
a menos de 5 puntos del SPD de Schröder y superando a la CDU de Merkel.
ALEMANIA DEL ESTE - Elecciones al Bundestag
ALEMANIA DEL OESTE - Elecciones al Bundestag
N. I. |
|
||