INTERNACIONAL - SANIDAD Unión
Europea: La gran industria química boicotea el REACH,
programa de control de los elementos químicos tóxicos “Mientras los monopolios químicos acumulan beneficios, nosotros acumulamos veneno” |
|||
| Chaplin escenificó
magistralmente en “Monsieur Verdoux”, basada en una idea de
Orson Welles, cómo el orden burgués persigue a los asesinos
artesanales mientras que ampara a quienes, como las grandes potencias
imperialistas, matan de forma industrial. Toda la gran industria química se ha movilizado para enterrar antes de nacer la normativa comunitaria REACH, que pretendía acabar con la inexistencia de controles, obligando a comprobar los peligros para la salud de los productos que se lanzaran al mercado. De nada sirve que todos los estamentos científicos coincidan en relacionar el aumento de los casos de cáncer, junto a otras patologías, con la descontrolada contaminación química que inyectan en nuestras venas. Los grandes monopolios químicos basan sus ingentes beneficios en el envenenamiento masivo. Envenamiento comprobado La impunidad de que disfrutan los grandes monopolios químicos ha inoculado en nuestra sangre un peligroso coktail de sustancias tóxicas. Un estudio promovido por la comisaria europea Wallstrom estudió 157 muestras de sangre, encontrando en ellas 77 tipos de moléculas que incluyen conocidos cancerígenos o pesticidas como el DDT, prohibido en la UE desde los años setenta. Y es que, por difícil de creer que parezca, el 99% de los 400.000 millones de toneladas de sustancias químicas producidas en el mundo se comercializan con una información prácticamente nula sobre su seguridad. Posibilitando que, al consumir productos muy comunes que consideramos inocuos, estemos inoculando en nuestro cuerpo sustancias tóxicas que se van acumulando. Todos los comités científicos han advertido del peligro: el Comité Europeo de Médicos muestra su “preocupación por el desconocimiento del impacto sobre la salud de numerosas sustancias químicas”; un grupo de destacados científicos, incluyendo dos premios Nobel, han suscrito un manifiesto donde se asegura que “la polución química representa una seria amenaza para la salud”; mientras que la OMS relaciona “el alarmante aumento de enfermedades crónicas, especialmente el cáncer, con la contaminación química”. No estamos hablando de suposiciones, sino de una realidad que se cobra vidas año tras año. La Comisión Europea reconoce que el retraso en la adopción de medidas de control sobre la industria química provoca más de cuatro mil casos anuales de cáncer en la UE. Pero un estudio encargado por la Comisión Europea sobre la salud laboral calcula que las sustancias químicas causan alrededor de 32.500 muertes por cáncer al año. CCOO denunciaba ya en 1996 que las tres cuartas partes de las muertes producidas en relación con el puesto de trabajo son debidas a la exposición a sustancias químicas, presentes en numerosos alimentos u objetos de uso común y que pueden causar malformaciones congénitas, infertilidad, inducir enfermedades respiratorias, enfermedades degenerativas del sistema nervioso, inmunodeficiencia, infecciones, etc. Gracias a los grandes monopolios químicos, vivir en la UE se convertido en una ruleta rusa donde el peligro de morir envenenado es cada vez mayor. Con la Bayer hemos topado Si en la España del XVII Don Quijote exclamaba “¡con la iglesia hemos topado, amigo Sancho!”, como la expresión de tropezar con uno de los poderes intocables de la España feudal, ahora los tiempos han cambiado y el papel del obispo o del inquisidor lo ocupan presidentes de bancos y monopolios. El intento de implantar un mínimo control sobre la toxicidad de los productos ha topado con el ingente poder de los grandes consorcios químicos. La industria química es la tercera industria de transformación de Europa, y la primera del mundo en su sector, copando el 31% de la producción mundial, con un excedente comercial de 41.000 millones de euros. Es, además, un sector estratégico puesto que del desarrollo de nuevos productos químicos marca el desarrollo del conjunto de sectores económicos, desde la automoción, la construcción, el textil, las telecomunicaciones, la informática, la electrónica, hasta la alimentación (fertilizantes que multiplican el rendimiento de las cosechas, fitosanitarios que las protegen de plagas, o los aditivos de la industria alimentaria). Para los principales monopolios agro-químicos la cadena alimentaria supone un creciente mercado, y añaden o mantienen en ella tantas sustancias nocivas como les sea necesario (grasas, sales, modificaciones genéticas, antibióticos, insecticidas,...) para aumentar su rentabilidad. Los grandes monopolios tiran de los hilos Estamos hablando de auténticos gigantes –los 10 primeros monopolios químicos controlan el 85% del mercado mundial– que ejercen, como Bayer, una influencia decisiva sobre la vida económica y política europea. Para ellos su único credo es el beneficio. Por eso, ante una norma como REACH, que podría reducir las enfermedades provocadas por la exposición a sustancias químicas, y cuyo coste representa menos del 0,05% de los beneficios de los monopolios químicos, han ofrecido como respuesta una ofensiva brutal para derribarlo, poniendo en tensión los numerosos resortes de poder de que disponen. Movilizando a “sus
gobiernos”: en palabras del secretario de Comercio Donald Evans
a un ejecutivo de Dupont, «EEUU trabaja activamente para sabotear
REACH»; mientras Schrö der, Chirac y Blair enviaban a Bruselas
una carta conjunta donde exigían la retirada de REACH. Pero es una presión desde dentro, gracias a las íntimas relaciones de los monopolios con la clase política. Sólo la Bayer dispone en Alemania de 400 ex altos cargos que ahora son parlamentarios nacionales o regionales, y que la multinacional reúne cada mes para tenerlos controlados y concertar estrategias. Algo similar ocurre con los parlamentarios de Bruselas. Ellos ejercen un férreo
control, también sobre la comunidad científica, monopolizando
las investigaciones (financiando cátedras e institutos científicos),
instituciones (como la OMS) y publicaciones científicas o medios
de comunicación para crear un clima de opinión favorable
a sus intereses, y silenciar cualquier voz crítica, alejando la
posibilidad de que el auge de ciertas enfermedades pueda ser detenido.
Joan Arnau |
Toda la gran industria química se ha movilizado para enterrar antes de nacer la normativa comunitaria REACH, que pretendía acabar con la inexistencia de controles, obligando a comprobar los peligros para la salud de los productos que se lanzaran al mercado.
|
||