CULTURA

53º Festival de Cine de San Sebastián

Se hace inevitable comparar la televisión pública española con Telesur, el nuevo canal hispanoamericano impulsado por Venezuela, Argentina, Cuba y Uruguay

La 53 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián ha renovado este año su apuesta por el cine español, injustamente en la picota cuando vive, probablemente, uno de sus mayores períodos de esplendor creativo.

La cita donostiarra se abrió con “Obaba”, la última película de Montxo Armendáriz, incluyó tres películas españolas más a concurso (“7 vírgenes”, “Malas temporadas” y “Sud Express”, todas de nóveles) y se clausuró con la pequeña satisfacción del premio de interpretación masculina concedido a José Luis Ballesta. El jurado, presidido por la actriz Anjelica Huston, otorgó finalmente la Concha de Oro a la mejor película a la checa “Stesti” (“Algo como la felicidad”) y la Concha de Plata al mejor director al chino Zhang Yang, entre el desconcierto y la decepción del público y la crítica, que tenían otros nombres en mente. El espléndido Kim Ki-duk recibió el premio de la crítica internacional de 2004 por su magnífica “Hierro-3”. Manuel Gutiérrez Aragón recibió su merecido Premio Nacional de Cinematografía y la ministra de cultura “aplazó” con nuevas promesas la lectura pública de una carta donde el cine español censuraba abiertamente al gobierno por incumplir sus promesas y olvidarse, una vez más, del cine español, de nuestro cine.

Palmarés
Premios del 53 Festival de San Sebastián
Concha de Oro a la mejor película:
“Stesti (Algo como la felicidad)”, de Bohdan Sláma (Rep. Checa)
Concha de Plata al mejor director:
Zhang Yang (China), por “Sunflower”.
Concha de Plata a la mejor actriz:
Ana Geislerová (Rep. Checa), por “Stesti”
Concha de Plata al mejor actor:
Juan José Ballesta, por “7 vírgenes”
Premio Especial del Jurado:
“Iluminados por el fuego”, de Tristán Bauer (Argentina)

Concha de Plata al mejor actor
Juan José Ballesta o la fuerza del instinto

Con apenas 17 años, pero con el instinto y la garra innata de una auténtica estrella, Juan José Ballesta arrastra una meteórica carrera profesional. Atrás quedan: “Cuarta Planta”, “Mi casa es tu casa”, “El viaje de Carol”...y, sobre todo, “El Bola”. Su fantástica interpretación de un niño maltratado le valió el Goya más precoz del cine español. Ahora, por su actuación en “7 vírgenes”, acaba de ganar el premio de interpretación en San Sebastián. Otro premio mayor. Un homenaje a un niño-actor que imprime huella a sus personajes y deja un rastro de poderío y de verdad a su paso por la pantalla. El premio, ha dicho, le ha quitado de la cabeza la idea de dejar la carrera de actor. Una suerte para el cine español.

Premio de la crítica internacional
Kim Ki-duk

El gran cineasta coreano, con títulos imprescindibles como “La isla” o “Primavera, verano, otoño,... primavera”, recibió en el marco del festival de San Sebastián el premio Fipresci de la crítica internacional a la mejor película de 2004 por su obra “Hierro-3”.


“El cine español suspende al Gobierno”

Tal es el título del borrador de una carta elaborada por representantes de la Plataforma del Cine Español (que engloba a productores, directores, actores, técnicos y asociaciones del sector audiovisual), en la que se descalifica de forma contundente la gestión política del Gobierno de Zapatero, y que iba a ser leída y dada a la luz pública en pleno Festival de San Sebastián.

Finalmente, a petición del gobierno, la carta no se leyó, “a la espera de que próximamente se adopten las medidas de apoyo al cine español que en su día planteó el sector y se recogieron en el programa cultural del PSOE”. En la carta “no hecha pública todavía” la Plataforma denuncia que el gobierno de Zapatero “ha defraudado” las expectativas del sector, “no ha llevado a la práctica” las medidas acordadas, “no tiene voluntad alguna de iniciar el proceso que lleve a considerar al sector audiovisual como sector estratégico”, y encima trata arteramente de “embellecer las estadísticas contando como producciones españolas películas americanas (como “El reino de los cielos”, de Ridley Scott) simplemente por contar con una pequeña parte de presupuesto español”.

En definiva, que todo apunta a que el gobierno Zapatero –como todos sus antecesores– parece, a la hora de la verdad, incapaz de enfrentarse a las grandes productoras y distribuidoras norteamericanas, que controlan el mercado español, y en nombre –una vez más– del “sacrosanto” mercado (invocado explícitamente por la ministra de cultura) parece proclive –como todos sus antecesores– a olvidar sus promesas y olvidarse del cine español.
Entre tanto, la industria y los hombres del cine español se debaten entre dos posturas, que necesitan una clarificación. Por un lado, están los partidarios del “modelo francés”, es decir, la creación de una industria no sólo subvencionada sino protegida y regulada por el Estado: es decir, convertir al Estado en patrón y protector del cine. Este “modelo” está logrando en Francia altísimas cuotas de pantalla, pero también es obvio que el cine francés ha perdido calidad, frescura, presencia en el exterior, y una parte sustancial del dinero se pierde en financiar proyectos infumables. Por otro lado están quienes quieren que el Estado simplemente garantice la equidad, la igualdad real de oportunidades, la libre distribución, que se subvencione aquello que realmente necesita apoyo (publicidad de los filmes, distribución...), pero que no se llegue a un modelo estatista que termine asfixiando la fantástica libertad creativa que hace del cine español uno de los de mayor calidad del mundo. El debate está abierto.


De Verdad recomienda:
Incursión a Obaba

“Crear un pequeño mundo que hable del grande”: ese fue el propósito que guió a Bernardo Atxaga a imaginar el escenario de Obaba, un trasunto literario de ese pequeño pueblo vasco entre las montañas y los bosques donde anida perdida la memoria de su infancia, y cuya fabulación recreó en “Obabakoak”, el libro de relatos con el que ganó en 1989 el Premio Nacional de Literatura.

Aquel mito literario se ha convertido ahora también en mito cinematográfico por obra y gracia de un director cuya sintonía con las motivaciones de Atxaga no podía ser mayor: también el cine de Montxo Armendáriz (“Tasio”, “Secretos del corazón”, “Silencio roto”) viene insistiendo desde sus orígenes en esa búsqueda de la memoria perdida, que al actualizarse nos recrea el presente y le pasa factura por lo perdido.

Infiel en cuanto a la estructura narrativa pero fiel en su espíritu, Armendáriz logra plenamente reconstruir con imágenes el mundo verbal de Atxaga, valiéndose de los artificios del cine. Lourdes, una estudiante de Ciencias de la Imagen y la Comunicación, viaja una noche a Obaba con una pequeña cámara de vídeo para intentar captar la realidad desconocida de un pequeño pueblo atrapado entre las montañas, el bosque y la niebla. Lourdes quiere capturar el presente de unas vidas singulares que, sin embargo, viven ancladas en el pasado, un pasado del que no pueden –y tampoco quieren– escapar. Interrogando vecinos, siguiendo el hilo de historias apenas intuidas, de la mano a veces del joven y desenvuelto Miguel (Juan Diego Botto), Lourdes se va viendo atrapada poco a poco por los retazos de vidas pasadas y vívidos recuerdos que pueblan la memoria de los vecinos –cada vez menos– de Obaba. Con estos fragmentos, Lourdes intenta reconstruir el puzzle completo que le permita dar sentido a toda esta historia colectiva, pero no lo logra. Siempre hay algo que falla, que falta, algo que se escapa y no alcanza a comprender. Siempre hay algo misterioso e incomprensible, como el misterioso comportamiento de los extraños lagartos que pueblan el lugar. Un misterio que ni Lourdes ni su cámara consiguen desvelar, pero que la ata y la subyuga hasta que, al final, acaba yéndose a vivir a Obaba, “un lugar como otro cualquiera para vivir”.

Armendáriz articula la película en torno a una fotografía antigua de la escuela que se ha ido poblando de los vacíos y las sombras de los que ya no están. Como la maestra (Pilar López de Ayala), que pasea su irremediable soledad por el pueblo, esperando infructuosamente la carta de un amante que nunca llega y que, incapaz al fin de detener el flujo de sus deseos, los cumple pasando por encima de la censura y los prejuicios sociales. O como “el loco”, que sueña con irse a vivir a una isla paradisíaca y queda atrapado, encerrado en la celda de su propia mente, donde aún resuena la voz de su hermana a quien quizá mató en la infancia. O la del ingeniero alemán que no logra (ni quiere) integrarse en una cultura ajena e intenta, con un truco efectivo, que su hijo, nacido en Obaba, quede atrapado por ella.

Película coral, de vidas atrapadas, dominadas por la soledad, el vacío, la envidia, la locura y la incomunicación, ancladas en tradiciones vetustas y, sin embargo, para Atxaga, y ahora también para Armendáriz, voces que nos llaman y nos atrapan, que se meten dentro de nosotros (como los lagartos) y se apoderan de nuestra voluntad.

¿Elogio del mito, de la aldea, de lo irracional? Quizá esta ambigüedad que flota, sobre el relato y sobre la película, sea el punto flaco de todo esta historia, sobre todo teniendo en cuenta que se está fabulando una realidad (que aunque ensoñada no deja de ser la realidad vasca) donde en nombre de su peculiar mitología y explotando irracionalmente su singularidad se han cometido y se siguen cometiendo atrocidades sin fin.

J. Albacete


Enlaces relacionados: http://www.sansebastianfestival.com