CONTRAPORTADA Oleadas
de inmigrantes asaltan la valla fronteriza de Melilla Se hace inevitable comparar la televisión pública española con Telesur, el nuevo canal hispanoamericano impulsado por Venezuela, Argentina, Cuba y Uruguay |
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Los más de 12.000 intentos de asalto individuales o en pequeños grupos en lo que va de 2005 a la valla de Melilla, se han convertido en los últimos días en una marea imparable, auténticas oleadas de 100, 200..., 500 inmigrantes que dejan centenares de ellos en territorio español. Los varios miles de jóvenes subsaharianos, mujeres y niños, que han puesto cerco a los 12 kilómetros de valla, desde el campamento del monte Gurugú al bosque de Rostrogordo, se han lanzado al asalto desde Beni-Enzar por el sur, hasta los Pinares de Rostrogordo por el norte, pertrechados con escaleras y guantes, jóvenes con una fortaleza impresionante, menores o mujeres con sus bebés amarrados al cuerpo o embarazadas, en un intento desesperado de aprovechar los tramos en los que aún no se ha levantado la valla de seis metros. Las 270 escaleras de ramas recogidas en una sola noche demuestran la magnitud de la batalla de los inmigrantes por dejar atrás la frontera de la miseria extrema. Desde comienzos de los 90
miles de inmigrantes han convertido España en el destino de un
viaje que les permita abandonar la última frontera de África
y ganar la primera de Europa que se presenta ante ellos como “El
Dorado” que les permita una vida mínimamente digna. No se detendrán ni siquiera sabiendo que tienen un sueño que puede acabar como los cientos de inmigrantes como ellos que se hundieron con sus pateras, o muertos en los acantilados de Melilla, o los cuatro que ya han perdido la vida en los asaltos a la valla. Llegan desde Malí, Nigeria, Níger, Camerún, Senegal, Gabón, Congo, Costa de Marfil, Guinea, Burkina Fasso o la República Centroafricana, y la lucha por tener al menos la oportunidad de una vida mejor les ha unido por encima de patrias, lenguas y religiones. “Hemos llamado a los malienses, los senegaleses, guineanos y todas las nacionalidades para ser el mayor número posible de gente. Nuestra única salida es organizarnos e intentar entrar todos a la vez. Estamos preparados para dirigirnos hacia Melilla, la única manera de cansarles y lograr que entre mucha gente”. Hombres, mujeres y niños siguen llegando y preparando los asaltos, tratando de ganarle la carrera a los seis metros de valla, que es una carrera contra la miseria, porque cuando no se tiene nada que perder, la esperanza de un futuro mejor puede más que el miedo a los alambres de espinos, las pelotas de goma, incluso la muerte. Frutos para todos “Una muchedumbre
que como ya advirtiera García Lorca en su Grito Hacia Roma, ha
de gritar loca de fuego, ha de gritar loca de nieve (...) con voz tan
desgarrada hasta que las ciudades tiemblen como niñas. Porque ellos
también reclaman el pan nuestro de cada día. Y exigen que
se cumpla la voluntad de la Tierra, que da sus frutos para todos”. “La valla está
cansada. Ya lo sé. Pero ha venido aquí para saltarla y no
me iré sin hacerlo”. “No tenemos nada
que perder y por mucho que suban la valla no nos iremos”. “En
el CETI, Centro de Acogida, tenemos cama y comemos mucho y bien”. “Sabía
que mi bebé corría peligro, pero esta avalancha suponía
una oportunidad para llegar a Melilla”. “Decidimos volver
a intentarlo porque no teníamos nada que perder. Sabía que
estaba sangrando, me dolían brazos y piernas por los golpes que
me habían dado, pero yo tenía que continuar”. La valla de Melilla Como dicen los inmigrantes subsaharianos que han puesto cerco a la valla, por mucho que la suban no va a impedir que con escaleras más largas, por los acantilados o en pateras los inmigrantes sigan cruzando las fronteras. Zapatero y su gobierno se equivocan gravemente haciéndose cómplices de la política de inmigración de la Unión Europea impuesta por sus amigos franco-alemanes. Agrandar aún más la valla que construyó el gobierno de Aznar sólo sirve, para multiplicar los sufrimientos de quienes aspiran a tener la oportunidad de una vida mejor, con el riesgo seguro de aumentar los heridos y golpeados, incluso muertos. Pero aprovechar esta situación para comparar la valla fronteriza de Melilla con el Muro de Berlín y el que Sharon construye en Palestina, como hace el norteamericano The Wall Street Journal, con tal de atacar a Zapatero, es una desvergüenza criminal. El Muro de Berlín no fue ninguna frontera histórica, sino la división de un país por la mitad, consecuencia de la guerra imperialista desencadenada por el nazismo, mantenido después por los intereses imperialistas de Estados Unidos y el socialimperialismo soviético. El muro que construye Sharon con el consentimiento de EEUU, vuelve a dividir a un pueblo, los palestinos, y consagrar la usurpación de sus tierras por el Estado israelí. Al gobierno de Zapatero hay que exigirle que abandone su política de endurecer la represión en la frontera de Melilla, haciendo de guardián de la Europa franco-alemana, derribe la valla y promueva una política que combine las medidas contra las mafias que trafican con los inmigrantes, las políticas-sociales en los países de origen, con los cambios necesarios en la ley de Extranjería para integrar a los inmigrantes en igualdad de derechos y deberes que los trabajadores españoles. Y a los imperialistas que imponen muros nazis en Palestina, como hicieron en Berlín, los mismos que invaden países y masacran Irak, hay que denunciarlos. M. Murcia |
Frutos para todos “Una
muchedumbre que como ya advirtiera García Lorca en su Grito Hacia
Roma, ha de gritar loca de fuego, ha de gritar loca de nieve (...) con
voz tan desgarrada hasta que las ciudades tiemblen como niñas.
Porque ellos también reclaman el pan nuestro de cada día.
Y exigen que se cumpla la voluntad de la Tierra, que da sus frutos para
todos.”
“La valla está cansada. Ya lo sé. Pero ha venido aquí para saltarla y no me iré sin hacerlo”. (Brahim Mega, de Malí)
“No tenemos
nada que perder y por mucho que suban la valla no nos iremos”. (C. Kompe, República
“Sabía que mi bebé corría peligro, pero esta avalancha suponía una oportunidad para llegar a Melilla”. (Una de las 10 mujeres que lograron cruzar la valla con sus bebés amarrados al cuerpo)
“Decidimos volver a intentarlo porque no teníamos nada que perder. Sabía que estaba sangrando, me dolían brazos y piernas por los golpes que me habían dado, pero yo tenía que continuar”. (Joseph, de Camerúm)
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