EDITORIAL NACIONAL

Mohamed VI abandona a cientos de subsaharianos en pleno desierto, sin agua
Un Mauthausen en el Sáhara

Según las denuncias de Médicos Sin Fronteras y otras ONG, más de 500 personas, hombres mujeres y niños, están perdidas en el desierto a 500 kilómetros de Rabat.

Primero fueron los disparos de los gendarmes marroquíes que acabaron con la vida, al menos, de 8 inmigrantes subsharianos frente a las vallas de Ceuta y Melilla.

Pero desde hace días el gobierno de Marruecos puso en práctica una nueva táctica para deportar a los subsaharianos: trasladar al desierto del Sáhara a los inmigrantes cuyos países, la mayoría, no tienen acuerdos de repatriación, para, sin testigos, abandonarlos a su suerte sin agua ni alimentos. El desierto convertido en un inmenso campo de concentración, un nuevo Mauthausen.

Según las denuncias de Médicos Sin Fronteras y otras ONG, más de 500 personas, hombres mujeres y niños, están perdidas en el desierto a 500 kilómetros de Rabat. Un número indeterminado está encerrado en acuartelamientos militares en los confines del Sáhara: 1.000 en el cuartel de Berdem, otros tantos en los de Bir Gandul y Guelmine. De varios autobuses cargados de inmigrantes esposados, como hemos podido ver en las imágenes de prensa y televisión, no se conoce su paradero. Hay muertos y otros muchos podrían morir mientras se escribe este editorial.

Pero para el ministro de exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, la política genocida del Gobierno marroquí, no es más que “una estrategia de presión para que los países de origen de los inmigrantes, detenidos en situación irregular en Marruecos, acepten su repatriación y se responsabilicen de su destino”.

Estas vergonzosas declaraciones son la gota que colma un vaso lleno de ignominia y sumisiones del ministro, de quienes le respaldan y del presidente Zapatero que le mantiene en el cargo. Felicitó al gobierno de Mohammed VI “por su colaboración en la resolución del problema de los inmigrantes subsaharianos”, con los muertos por disparos aún presentes. Y ha agradecido sin reparos una y otra vez la “colaboración marroquí porque hace todo lo que puede… mientras garantizan el respeto por los derechos humanos de estas personas”.

Dicen quienes comparten y justifican las posiciones de Moratinos, que es la única política posible porque “tenemos un problema delicado en la frontera sur”. ¿Y por eso se convierten en cómplices de genocidio? ¿En colaboracionistas del nuevo Mauthausen del Sáhara? Claro, que lo que no dicen es que ese problema es más el resultado de la política de intervención del “gobierno amigo” del otro lado de los Pirineos, que del propio tirano de Marruecos. Siempre interesado en mantener abiertas las heridas por las que puede interferir, a su conveniencia, en la política interior española.

Sumisos ante París callan que la inmensa mayoría de estos inmigrantes son del África francófona. Francia, como potencia colonial, es la principal responsable de la miseria, del apoyo a los gobiernos tiránicos y corruptos de su zona de influencia y de muchas de las milicias armadas que imponen el terror del que huyen miles de personas. Sólo en Costa de Marfil, hay 500.000 personas desplazadas por la guerra abierta entre las tropas de ocupación francesas, las fuerzas del gobierno y las milicias.

Por eso, igual de indignante es la posición adoptada por la Unión Europea bajo la batuta política de la decadente plutocracia de París, tibia con el genocidio del gobierno marroquí, dejándolo todo a la futura conferencia, sin fecha, convocada por los gobiernos de España y Marruecos, “para vigilar que los países emisores de inmigrantes asuman sus responsabilidades”. ¿Cuántos de los deportados al desierto seguirán vivos para entonces? ¿Cuántos habrán sufrido todo tipo de golpes y torturas? ¿Por qué no se le exige al gobierno de París que intervenga ante el de Marruecos para impedir el nuevo Mauthausen? ¿Por qué no se le exige que deje de apoyar a los dictadorzuelos de sus antiguas colonias, deje de saquear sus recursos y ponga fin a las milicias y las guerras en los países de su área de influencia; principales causas que empujan a miles de almas a intentar buscar una salida desesperada en la inmigración?

No estamos ante un problema de inmigración, sino ante un crimen contra la humanidad. Y ante los crímenes de lesa humanidad, como ante la lucha por la libertad frente al nazifascismo y el terrorismo, sólo caben dos posiciones o se está en el campo de los verdugos o con las víctimas en el campo de los que luchan contra ellos. Y no hay ningún problema fronterizo, por “delicado” que sea, ni “conflicto nacional” que los justifique.

En el campo de los verdugos, no sólo están quienes aprietan el gatillo o quienes ordenan y ejecutan las deportaciones. Los tibios, los que callan, los que comprenden o justifican, los que miran para otro lado, son cómplices, colaboracionistas de este nuevo genocidio. Es preciso reclamar una acción internacional bajo mandato del alto Comisionado de la ONU para los Refugiados para cerrar este nuevo campo de exterminio montado en el desierto, y rescatar a todos los inmigrantes deportados. ¡Ni un inmigrante más debe ser entregado a los verdugos del rey de Marruecos!


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