PERFIL El
"rey de los pobres" ¿Está en condiciones Mohamed VI de reeditar con éxito el juego de su padre o la explosiva situación bajo sus pies le va a estallar antes? |
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| Las crueles imágenes de la policía marroquí disparando contra las avalanchas de inmigrantes subsaharianos en las vallas de Ceuta y Melilla o conduciendo esposados a un lugar indeterminado del desierto a cientos de personas, sin comida ni bebida para abandonarlas a su suerte, están teniendo sin duda el impacto de un misil en la línea de flotación de la monarquía alauí, y sobre la figura personal del Rey, Mohamed VI, que inició en 1999 su mandato con la égida de un rey reformista, democrático, el “rey de los pobres” que iba a acabar con la corrupción endémica del país, pero que en sólo 6 años ha perdido la totalidad de su crédito y aboca inexorablemente a Marruecos a una crisis explosiva. Digno hijo de su padre, el sátrapa Hassan II, que gobernó con mano de hierro Marruecos durante 38 años, Mohamed VI llegó al trono en 1999, tras la muerte de aquél. Había estudiado en el Colegio Real de Rabat (donde sólo estudian los hijos de las élites del país) y en el que se imparte una educación de tipo occidental: no en balde el colegio es íntegramente financiado por Francia. Tras cursar la carrera de Derecho en Rabat, se doctoró en la Universidad de Niza (Francia). Antes ya había pasado unos meses “trabajando” en la Comisión Europea de la mano de su entonces presidente, el francés Jacques Delors. Con semejante biografía no es difícil deducir la extrema francofilia del personaje, que se alimenta además con sus refinados gustos occidentales, sus largas temporadas de recreo en sus muchas posesiones en Francia y, por supuesto, en el apoyo cerrado que le da París tanto en sus conflictos internos (legitimando “sus reformas”) como en sus conflictos externos (Sahara, España...). Mohamed VI, pese a sus promesas reformistas, no ha hecho en sus seis años de mandato sino incrementar y fortalecer la posición de hegemonía absoluta que su figura encarna en el sistema marroquí: no sólo es el Jefe del Estado y el Jefe de las Fuerzas Armadas, sino el jefe espiritual y religioso del país (el “comendador de los creyentes”), el primer magnate económico y financiero (controla cerca del 60% de la Bolsa de Casablanca) y el verdadero “jefe de gobierno”, ya que no sólo nombra al primer ministro y a los ministros de Interior, Defensa, Justicia y Asuntos Religiosos, sino que de hecho dirige una estructura paralela a éste (el “majzen”, el palacio) que es en definitiva el verdadero núcleo del poder, elegido a dedo por el monarca. Esta creciente concentración de poder se hace cada día más incompatible con el desarrollo económico y el desarrollo político de Marruecos, y no sólo está arruinando todas las promesas de cambio sino que, paso a paso, empuja al país a la misma situación explosiva que heredó de su padre. El conflicto del Sáhara se encona. La situación económica se deteriora. El clima político se enrarece. El islamismo se expande. EEUU pugna por debilitar la posición de Francia en la zona. Y, para acabar el dibujo, Marruecos deviene no ya en el primer exportador mundial de hachís o de inmigrantes, sino también de terroristas. Mientras tanto, Mohamed VI se la juega recurriendo a los trucos sucios de su padre: presionar a España. ¿Está en condiciones Mohamed VI de reeditar con éxito el juego de su padre o la explosiva situación bajo sus pies le va a estallar antes? ¿Aspira a tapar el fracaso catastrófico de sus reformas con un nuevo pellizco a España (Ceuta, Melilla) aprovechando la “presión migratoria” y la “francofilia” también reconocida de Moratinos y el mismo Zapatero? J. Albacete |
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