NACIONAL Francia
ha azuzado históricamente a Marruecos contra España Detrás de “las desavenencias históricas” entre Marruecos y España casi siempre ha estado Francia, enfrentándonos a unos contra otros |
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| Mientras el
tiránico régimen de Mohamed VI abandonaba a cientos de subsaharianos
en el desierto, el diario marroquí L’Opinion aprovechaba
la crisis para afirmar que “el clima de buen entendimiento [entre
el gobierno de Zapatero y la monarquía alauita] es propicio para
desencadenar el proceso de retrocesión de Ceuta y Melilla. Si ambas
partes accediesen a ello, permitiría saldar las desavenencias que
una y otra parte simulan ignorar, pero que persiste como telón
de fondo a pesar de las apariencias”. Pero nos confundiremos si dejamos aquí nuestras conclusiones. L’Opinion –el principal periódico marroquí en lengua francesa– es el órgano de expresión de los sectores más vinculados a París dentro de las élites marroquíes. De nuevo, encontramos a Francia detrás de las “desavenencias históricas” entre España y Marruecos. ¿Pero acaso podía ser de otra manera? Son los mismos servicios de inteligencia españoles los que ponen de relieve la “influencia” francesa en las dos cuestiones más sensibles para España: el terrorismo etarra –manteniendo la llave del santuario francés– y las relaciones con Marruecos –aplicando la política histórica de azuzar las diferencias y espoleando a Rabat contra Madrid, esperando con ello sacar réditos a ambos lados del estrecho–. Enfrenta y vencerás España y Marruecos son dos de las principales gemas del collar con que adorna su decrépito cuello la burguesía francesa. Y para mantener el control sobre ambas, la intervención de París ha planeado como una sombra sobre los dos países. Cuando la oligarquía española se lanza a finales del XIX a la aventura imperialista en el norte de Africa, París aprovecha las contradicciones entre España y Marruecos para multiplicar su papel decisivo a ambos lados del estrecho. A través de los créditos que el Banco de París concede al Sultán para pagar las indemnizaciones de guerra impuestas por España, encadena a Marruecos hasta someterlo a condiciones propias de un protectorado. Paralelamente, Francia utiliza los resortes de poder adquiridos tras décadas de intervención en nuestro país para que España acepte en la Convención de Madrid y en la Conferencia de Algeciras un papel subordinado a París en el Norte de Africa. Las pequeñas concesiones que París ofrece a la oligarquía española se traducen en la entrega de importantes sectores productivos al capital galo. Todos los posteriores enfrentamientos coloniales entre España y Marruecos tendrán el mismo guión: intervención final gala como el único poder capaz de restablecer el orden, obteniendo sustanciosos réditos económicos y políticos para París tanto en Rabat como en Madrid. La burguesía francesa había encontrado en el enfrentamiento entre Marruecos y España un mina que estaba dispuesta a explotar ininterrumpidamente. La debilidad del Estado español durante los últimos estertores del franquismo volvió a encontrarse con una crisis cuyo origen era Marruecos. Se dice que Hassan II aprovechó el vacío de poder durante la agonía franquista para lanzar la marcha verde. Pero el monarca alauita jamás se habría atrevido a una maniobra tan audaz sin contar con la anuencia norteamericana, que veía en el régimen alauita un pilar para contener la influencia soviética en Africa. Marruecos siempre ha contado con el respaldo de una gran potencia –bien EEUU, la mayoría de las veces Francia- para lanzar sus ofensivas contra España. Giscard d’Estaing –conocido como “messieu España” por su obsesión en intervenir en los asuntos internos españoles– respaldará también a Hassan II. Y más tarde reavivará las ofensivas marroquíes sobre Ceuta y Melilla, como un medio de desestabilizar a un Suárez que no sólo se negaba a aceptar la exigencia norteamericana de entrada inmediata en la OTAN, sino que también pretendía acabar con la tradicional intervención gala sobre nuestro país. La desactivación de la ferocidad de Marruecos contra España fue una carta de presión utilizada por París durante los gobiernos de González, para que España amoldara su política exterior a las exigencias galas y para hacer avanzar los intereses y la influencia de París sobre la península. Eso sí, París mantuvo en sus manos la llave del conflicto con Marruecos para poder activarlo cuando el rumbo de los acontecimientos en España no se ajustara a sus intereses. Marruecos: plataforma de tiro gala contra España Muchas son las voces que culparon a “la política neoafricanista” de Aznar del empeoramiento de las relaciones con Marruecos. Pero la razón hay que buscarla en la política atlantista de Aznar que, apoyado en la alianza con la línea Bush, desafiaba abiertamente el histórico vasallaje español hacia París. La burguesía francesa no podía permitir perder la gema española, y puso en marcha una maquinaria donde Marruecos se convertiría en una plataforma privilegiada para disparar contra España. La entronización de Mohamed VI aumentó, si cabe, la influencia francesa en Rabat, donde el hombre fuerte del país R. Azoulay es también conocido como “el hombre de las multinacionales francesas”. Los gobiernos de Chirac se convertirán, como ellos mismos han confesado en “el principal abogado defensor de Marruecos”. Lo que no han dicho es que esa causa se instruía contra España. Primero durante las negociaciones entre Marruecos y la Comisión Europea para alcanzar un acuerdo de pesca, donde Chirac fue el elemento determinante para que el acuerdo resultara favorable a Marruecos y desastroso para España. Más tarde maniobrando en la ONU para boicotear el referéndum de autodeterminación sobre el Sáhara. Unas maniobras contra España que se desnudaron con motivo del episodio en torno al islote de Perejil. ¿Es pensable que Rabat se atreviera de motu propio a sostener un enconado conflicto con España sin tener el apoyo de otra potencia? La presencia de soldados marroquíes en Perejil rompía el estatu quo territorial, evidenciaba que la integridad territorial y la unidad nacional española no son inviolables, se pueden romper en los hechos. Y suponía una advertencia para la política antifrancesa de Aznar. En un momento de máxima tensión para España, París no sólo vetó una resolución de condena en el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE, sino que, de forma inaudita, Chirac llegó a “aconsejar” a Aznar que retirara los barcos españoles de la zona, e incluso entregara Alhucemas y el Peñón de Vélez de la Gomera. Pero, sin duda, el mayor golpe lo constituye el 11-M. Varias son ya las pistas que conducen desde los atentados a los servicios secretos marroquíes. La inteligencia de la monarquía alauita tenía fichados y localizados a todos los terroristas, e incluso ha ocultado pruebas a la justicia española. La infiltración de los círculos integristas hace casi impensable que un atentado de la magnitud del 11-M se preparara en Marruecos sin que la omnipresente policía política del régimen lo detectara. Y si lo sabían los servicios secretos marroquíes, lo sabía la casa matriz, la inteligencia francesa. Los réditos políticos del 11-M (un giro en las alianzas internacionales española, volviendo al redil franco-alemán) colocan de hecho a París como uno de los principales beneficiados. Francia es el obstáculo Muchos son los que insisten en que los intereses españoles exigen alcanzar buenas relaciones con Marruecos, pero casi todas esas voces callan que para alcanzar ese objetivo es necesario acabar con la nefasta influencia francesa. París es el principal obstáculo que se interpone entre Marruecos y España. Lo que se ha visto como “las desavenencias históricas de dos vecinos mal avenidos”, han sido casi siempre maniobras galas para enfrentarnos a unos contra otros. Hay que cortar la intervención de la burguesía francesa a ambos lados del estrecho. Y eso no puede hacerse con un ministro de Exteriores como Moratinos, para quien “la modernidad en Africa del Norte exige que Francia y España se pongan de acuerdo en su política hacia el Magreb”. La relación entre España y Marruecos tiene que basarse en la defensa de los intereses comunes frente a la injerencia francesa, una auténtica losa para ambos países, apuntalando el totalitario régimen alauita o interviniendo desde hace 200 años para mantener a España bajo su influencia. La manera de tender puentes entre los dos pueblos es fortalecer la unidad con los sectores más progresistas de Marruecos, que unen la lucha por la democracia con la denuncia de la actuación francesa –recordar la ola de solidaridad con el periodista Ali Lmrabet-, integrar a los miles de trabajadores marroquíes que viven en España en la lucha general de la clase obrera española, o caminar juntos en el combate al terrorismo. Joan Arnau |
Son los mismos servicios de inteligencia españoles los que ponen de relieve la “influencia” francesa en las dos cuestiones más sensibles para España: el terrorismo etarra y las relaciones con Marruecos.
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