NACIONAL La
adulación del rey nazi-macaco: uno de los peajes de ser “afrancesado” La sumisión ante París les obliga a adular a genocidas como Mohamed VI, traicionar a los saharauis… |
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| Resulta nauseabundo
que, mientras el régimen marroquí aplicaba a los inmigrantes
subsaharianos la “resolución final”, abandonándolos
en el desierto sin agua ni alimentos, el ministro de Exteriores español,
Miguel Angel Moratinos, se declarara “agradecido y satisfecho por
la colaboración marroquí”, e incluso se atreviera
a resaltar “la preocupación por los derechos humanos”
de Rabat. Y es que Moratinos no ha tenido problemas en declarar que “se siente orgulloso de ser afrancesado”. Y para demostrarlo no ha escatimado esfuerzos en contentar a París, aunque eso supusiera reducir la voz española en Europa a un duplicado del Quay d´Orsay, traicionar al pueblo saharaui, o ensalzar a los dictadores que Francia coloca en su particular “eje del bien”. Los afrancesados de ayer supusieron una de las mayores catástrofes para la historia de España. Los de hoy parecen empeñados en no resultar menos dañinos. Los afrancesados de ayer… Al analizar la Guerra de la Independencia, Marx, tras evidenciar cómo mientras las élites dominantes se habían entregado al poder extranjero, fue el pueblo la fuerza motriz de resistencia, y emite un dictamen rotundo: “de un lado estaban los afrancesados, y del otro la nación”. Destroza así todas las zarandajas que nos hablan de los afrancesados como una minoría ilustrada que respaldó a Napoleón con el objetivo de regenerar España, para situarlos en su verdadera naturaleza: los vendepatrias más nocivos. Pero abrir el paso a los afrancesados de hoy implica justificar a los de ayer, y por eso algunos se empeñan en presentárnoslos como “ilustrados progresistas”. No es verdad. Se tragaron una constitución bonapartista retrógrada, se unieron a los poderes absolutistas que se doblegaron ante el invasor… Los auténticos progresistas estaban en Cádiz, redactando la constitución más avanzada de Europa inaugurando la historia democrática española. Pero para ser progresista era necesario ser patriota, enfrentarse a la dominación de la nación por parte de un poder extranjero. Los afrancesados eligieron el camino contrario, y eso es lo que define su sustancia. No son producto, como se nos ha repetido tantas veces, de la influencia de las ideas ilustradas, sino de la redes de control que París, desde la entronización de los Borbones, había establecido en España. Las consecuencias de la traición de los afrancesados fueron demasiado caras. La ignominia de afrancesados como Godoy abrió las puertas a la invasión napoleónica, cuyo objetivo era fragmentar España en varios reinos vasallos a París, futuro que sólo evitó la heroica resistencia del pueblo español. Antes, los afrancesados que entregaron Cataluña a Luis XII en 1640 consiguieron que la mitad de su territorio pasara a manos galas. Luego vino la invasión
de los Cien Mil Hijos de San Luis, que permanecieron en España
durante dos años, la apropiación de las principales fuentes
de riqueza españolas, el azuzamiento del carlismo para debilitarnos,
sucesivos golpes de Estado en el XIX apadrinados por Francia para aumentar
su control sobre el país… … y de hoy Pero la secta de los afrancesados persiste, y parece empeñada en superar los desastres del pasado. Para la burguesía gala mantener el dominio y la influencia sobre España es una condición sine qua non para mantener su estatus de gran potencia. Y cuanto más decrépita se vuelve, más desesperada es la necesidad de mantener a España bajo su órbita de influencia. Con este objetivo mueven todos los hilos de que disponen, dentro y fuera de España, y movilizan a las tropas de afrancesados. Han utilizado profusamente la llave sobre el santuario etarra en el sur de Francia como elemento de chantaje y presión política. Ofreciendo detenciones a cambio de favores políticos o suculentos contratos para sus multinacionales, o permitiendo que fuera una plataforma desde la que atentar en España cuando gobiernos como el de Suárez y Aznar no se adecuaban a sus exigencias. Ese interés francés por mantener un elemento de intervención en la vida española es una de las razones de la pervivencia del terrorismo etarra. El capital galo aprovechó la entrada de España en la UE para, como afirmó Mitterrand a los empresarios galos, gritar que “¡España está en venta!”. Y sectores enteros de la economía nacional –baste recordar la última compra de Amena por France Telecom– pasaron a manos galas. No han dudado en sacudir peligrosamente la vida española si era necesario para reconducir la situación de acuerdo a sus intereses. Baste recordar la actividad a todo trapo del santuario francés de ETA contra Suárez, o más recientemente Perejil o el 11-M. Y, tal y como hicieron en el siglo XIX, cuando respaldaron a los carlistas, han azuzado las contradicciones nacionales para que una España disgregada y débil pierda cualquier capacidad de resistencia ante su dominio. Han intervenido para que España no pueda disponer de una voz independiente en Europa, sino que esta se limite a repetir lo que interesa al “corazón de Europa”. Este es el legado de los afrancesados de hoy. El peaje de ser afrancesado Los afrancesados deben pagar un peaje demasiado alto en su carrera de sumisión al imperio. Deben colocarse del lado de los dictadores que prestan servicios a París. Así, Mohamed VI –sátrapa que impone una dictadura genocida al pueblo marroquí– se convierte en un impulsor de la democratización del país. Aunque para ello deban callar ante los asesinatos de inmigrantes o las detenciones y torturas de periodistas independientes como Ali Lmrabet. Deben dar la espalda a los desheredados que arriesgan su vida por cruzar la valla en Melilla, mientras “agradecen el esfuerzo” de los carceleros que disparan contra ellos por la espalda o los arrojan a un desierto convertido en un Mauthausen moderno. Deben traicionar la causa del pueblo saharaui, respaldada por una mayoría más que absoluta del pueblo español, abandonando el apoyo a la autodeterminación saharaui para defender, como hace Moratinos, “una solución dialogada con Marruecos y Francia”. Deben criticar la invasión de Irak, porque la hace EEUU, para callar ante la invasión de Costa de Marfil, porque la hace Francia. Demasiados peajes. Y es que París siempre pide más. Cuando le has vendido el alma al diablo, estás ya obligado a una interminable sucesión de traiciones. ¿Cómo es posible? Si Pasionaria escuchara a algún dirigente de la izquierda aplaudir, como si fuera un gesto de rebeldía, que alguien se declare afrancesado, lo correría a gorrazos. La dirigente comunista tenía claro lo que España significaba para la burguesía francesa: “ni la burguesía francesa ni el capitalismo inglés deseaban el triunfo de la España popular por múltiples razones, entre otras, por su constante enemiga hacia España, a la que necesitaban pobre, atrasada, para imponerle tratados ominosos y pactos leoninos”. ¿Cuántos tratados ominosos no nos ha impuesto la burguesía gala en los últimos años para que desmantelemos sectores enteros de nuestra producción, quedándose ellos luego con la cuota de mercado? ¿Cuántos pactos leoninos no nos han obligado a firmar, entre ellos una constitución europea diseñada, en palabras de Giscard, “para rebajar las ventajas alcanzadas por España en Niza”? Pero todo esto está ahora confundido, y alguien como Moratinos puede declararse afrancesado sin que deba sufrir la vergüenza de que todos los dedos lo señalen como traidor. O Maragall puede declarar la pretensión de integrar a Cataluña en la Unión de Estados Francófonos sin que quede señalado de por vida como un vendepatrias. ¿Es que declararse pro-francés es mejor que declararse pro-yanqui? ¿Es que el dominio galo es más llevadero que el norteamericano? ¿Pero qué tipo de lobotomía nos quieren imponer? Si un ministro hubiera apoyado los vuelos de la muerte de Pinochet se hubiera visto obligado a dimitir, pero Moratinos agacha la cabeza ante el genocidio de Mohamed VI… y no le pasa nada. ¡Ya está bien de tragar con la ignominia! Joan Arnau |
Para Moratinos, Mohamed VI es el “hijo de perra de París”. Y esa es la razón que adule a un reyezuelo fascista. “París obliga”.
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