NACIONAL Para
el tripartito, quien no comulgue con el régimen no es catalán Acusar de anticatalán a quien no comulgue con el régimen es incubar el huevo de la serpiente del fascismo. |
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| Carod Rovira ha denunciado una “oleada de catalanofobia” a raíz del alud de críticas recibidas por el Estatuto catalán. No es la primera vez que escuchamos cosas parecidas. Eguibar afirmó que “todos los vascos deben estar de acuerdo con el plan Ibarretxe… si es que son vascos”. Y una de los lugares más comunes de la propaganda franquista era negar la condición de españoles a todos los comunistas, socialistas, anarquistas, que denunciaban al régimen fascista. Para Carod, denunciar, siquiera criticar la propuesta de estatuto aprobada por el tripartito y CiU es ¡estar en contra de Cataluña! ¿Pero qué barbaridad reaccionaria es esa? No es que las numerosa encuestas hayan dado como resultado un nivel de entusiasmo popular que va del 3,9% al 6,3%. Es que, para aumentar el dislate, Carod afirma que “el hecho de que Cataluña es una nación no se discute en Cataluña”, cuanto sólo el 28% de los catalanes lo comparte. Lo verdaderamente preocupante es el pensamiento totalitario que sostiene las afirmaciones de Carod. Nada más publicar el manifest donde se denunciaba la política del tripartito, los Boadella, Félix de Azúa o Arcadi Espada empezaron a ser tildados de “anticatalanes”. Para Carod, el buen catalán baila sardanas, habla sólo en catalán, denuncia a quien rotula su tienda en castellano, y por supuesto comparte todos los lugares comunes del pensamiento nacionalista. Quien denuncia al régimen nacionalista, simplemente no es catalán, aunque haya nacido en Palafrugell. Pero ésta no es una bravuconada aislada de Carod. Hace unos días, Manuela de Madre, dirigente del PSC, arremetía contra quienes estaban ¡blasfemando contra el estatuto! La disidencia elevada a la categoría de pecado. ¡Cómo pesa la educación judeocristiana! Mientras Maragall se declaraba asombrado de que no se reconociera que ¡existe una concepción catalana del mundo! ¿Pero cómo dice? ¿Que el presidente de La Caixa y el obrero de Hospitalet comparten una misma “concepción catalana del mundo”? Todas estas barbaridades reaccionarias circulan como moneda común en Cataluña, incluso por parte de la izquierda. Ya no hay clases sociales, ahora sólo existe “el pueblo catalán”, “la nación catalana”, que al parecer une a burgueses y proletarios, a propietarios de banco y a hipotecados de por vida… Quien criticaba al nazismo en Alemania era para el régimen hitleriano un “no alemán”. Arzallus e Ibarretxe consideran que quien no comulgue con el nazifascismo no es vasco, y así lo han hecho saber muchas veces. Ahora Carod, Mas, pero también Maragall, están deslizando Cataluña hacia una peligrosa pendiente, inoculando un pensamiento que es el huevo de la serpiente. Dirán que Cataluña no es Euskadi, que las situaciones son muy distintas. Y tienen razón. Pero el PP de Figueres ha debido abandonar su sede porque ha sido agredida numerosas veces. Profesores como Francisco Caja ya han sufrido agresiones de grupos de camisas pardas en la universidad. Y los promotores del manifest “Por un partido político no nacionalista” ya han sufrido las primeras amenazas de muerte, publicadas en un periódico como el Avui, que es órgano de expresión de una parte de la burguesía catalana. Por cierto, el aspirante a pistolero nazi no ha recibido ninguna sanción, y otro artículo en el mismo periódico acusaba a las víctimas de haber provocado la agresión, bajo el argumento de que “cruzaron una línea muy peligrosa que, como era de esperar, obtuvo respuestas igualmente temerarias, pero es muy importante que nadie olvide quién encendió la hoguera”. Y en todas las ocasiones, las agresiones o amenazas iban acompañadas de gritos de “anticatalanes” y “españoles” dirigidos a las víctimas. Todas ellas habían cometido el pecado de no ajustarse a la imagen del “buen catalán”, que por supuesto debe ser adicto al régimen. Se habían rebelado y lo habían expresado públicamente. Cuando los brotes fascistas no se cortan, o se justifican, o se consienten, el peligro no hará sino crecer. Joan Arnau |
Igual que Franco consideraba antiespañoles a quienes condenaban el fascismo, Carod tilda de anticatalanes a quienes critican el estatut.
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