REPORTAJE CENTRAL

Guatemala
El genocidio silenciado

En la región de Ixil entre el 70 y el 90% de las aldeas fueron arrasadas. En total están contabilizadas 626 masacres, es decir, exterminios masivos de la población

La Justicia española es competente para juzgar delitos de genocidio y crímenes contra la humanidad fuera de España, aun cuando no haya víctimas españolas. Ésta es la sentencia del Tribunal Constitucional que responde al recurso presentado en 1999 por la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, para que España investigara los crímenes de genocidio cometidos en Guatemala entre 1978 y 1986.

Un triunfo más de la persistente y ejemplar lucha de las organizaciones por los derechos humanos y de familiares de las víctimas por acabar con la impunidad de las sangrientas dictaduras que arrasaron Iberoamérica en las décadas de la Guerra Fría. De entre todos los desmanes cometidos, el genocidio de Guatemala ha sido y sigue siendo el más silenciado. Hacer justicia y que sus responsables se sienten en el banquillo resulta una obligación con la memoria de las víctimas. Y más en un país en el que el más sanguinario de los genocidas, Ríos Montt, goza de la posibilidad de presentarse como candidato a presidente.

Pero las denuncias no pueden acabar en las responsabilidades locales. Las diferentes administraciones norteamericanas fueron en realidad las organizadoras de la represión. Existen pruebas más que suficientes. La lucha contra la impunidad no debe cesar hasta que los verdaderos responsables de los crímenes, jefes de la CIA, del Pentágono y de la diplomacia norteamericana, se sienten en el banquillo.

Las cifras del genocidio son comparables a que en España, se hubiera masacrado a 1.320.000 personas y hubiera más de 6 millones y medio de desplazados.

Memoria del silencio (Tz’inil na’tab’al)

“Los ojos de los enterrados se cerrarán juntos el día de la justicia o no los cerrarán”
Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de literatura guatemalteco.

“Guatemala, memoria del silencio” es el título del documento elaborado por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) formada por mandato de la ONU como conclusión de los acuerdos de paz firmados en 1994. En su informe se estima que el saldo de muertos y desaparecidos llegó a más de 200.000 personas, en su inmensa mayoría civiles, mientras que el número de desplazados ronda el millón y medio.

En los años 90 la población de Guatemala ascendía a 9 millones de habitantes, las cifras son comparables a que en España, se hubiera masacrado a 1.320.000 personas y hubiera más de 6 millones y medio de desplazados. Del total de violaciones de los derechos humanos, el Estado es responsable del 93%, mientras que la guerrilla sólo causó el 4%. No hubo ninguna guerra contrainsurgente, sino un brutal terrorismo de Estado destinado a la aniquilación sistemática de todo tipo de oposición.

El período más violento y sanguinario fue entre 1978 y 1985. El 83% de las víctimas fueron mayas. Se arrasaron aldeas enteras masacrando a ancianos, mujeres y niños utilizando métodos de extremada crueldad. El horror incluyó el asesinato de niños a golpes o tirados vivos a fosas donde se lanzaban más tarde cadáveres de adultos, amputación de miembros, violaciones a las mujeres, empalamientos, quemar vivos, extracción de vísceras a víctimas vivas en presencia de otras, encierros en estado agónico hasta la muerte, abertura de vientres a mujeres embarazadas... En la región de Ixil entre el 70 y el 90% de las aldeas fueron arrasadas. En total están contabilizadas 626 masacres, es decir, exterminios masivos de la población.

La magnitud de la represión de las dictaduras en Guatemala es sin duda la mayor de todas las del continente americano. El período álgido, de 1981 a 1983, coincidió con la llegada a la presidencia norteamericana de Ronald Reagan y la extrema agudización que adquirió el enfrentamiento USA-URSS. En ese período Ríos Montt fue el presidente de Guatemala.

El Infierno

La llamada técnica del contraterror, incluyó la formación de una fuerza especial contrainsurgente, denominada Kaibiles, en cuyo entrenamiento se les hacía matar animales para posteriormente comérselos crudos y beber su sangre. La extrema crueldad de estos métodos eran después puestos en práctica con la población maya. Se arrasaron aldeas enteras. Las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), fueron ideadas para involucrar a la población civil. A los que no se apuntaban voluntariamente se les reclutaba a punta de pistola. Según el informe de la CEH, los miembros de las PAC fueron obligados a participar de los métodos usados por los Kaibiles.

Se criminalizó a los mayas, el sector más oprimido y pobre del pueblo en Guatemala. La guerrilla ocupaba temporalmente aldeas y cuando las abandonaba eran arrasadas por el Ejército o los escuadrones de la muerte. Se secuestró y asesinó a los líderes y guías espirituales mayas. Destruyeron los centros ceremoniales y lugares sagrados, o el idioma y el vestido fueron objeto de represión. Se reprimió el ejercicio de la espiritualidad maya y también el de la religión católica.
Sectas evangélicas ¿o diabólicas?

El 93% de la población en Guatemala es católica. La reunión de obispos en Medellín en 1968, fecha de inicio de la llamada Teología de la Liberación, marca un punto de inflexión. A partir de entonces, los curas, catequistas, religiosos y misioneros que trabajaban con los excluidos pasan a ser objetivo de la represión. “Hágame patria, máteme un cura” era un grito de guerra de los represores. En 1998, 4 años después de la firma de los acuerdos de paz, el obispo Gerardi, tras presentar un informe sobre los atentados a los derechos humanos, fue asesinado a palos.

En los años 80 comenzaron a introducirse con fuerza las sectas evangélicas. Ríos Montt, el general bajo cuyo mandato se multiplicaron exponencialmente las masacres, es uno de los más fieles y notables evangelistas: fundó una especie de “partido político-secta religiosa”. En un libro recientemente publicado, “Violencia y genocidio en Guatemala” de la norteamericana Victoria Sanford se demuestra la vinculación de las sectas evangélicas con la represión.


La reforma agraria de Jacobo Arbenz provocó las iras de Washington que organizó el golpe e inició la represión y los escuadrones de la muerte.

Fruta Amarga

En su discurso de dimisión Arbenz dijo: “Nuestro crimen ha sido promulgar una reforma agraria que afectó a los intereses de la United Fruit.”

“América para los americanos”, la consigna de la doctrina Monroe, acuñada en 1823, y que hablando en propiedad quería decir “para los norteamericanos”. Se desarrolló con éxito y adquirió una aportación cualitativa cuando el primer Roosevelt, el que se apropió de Cuba en 1898 y poco después de Panamá, la enriqueció con su “política del garrote y la cañonera”; es decir, los países que no aceptaran las condiciones de EEUU probarían la eficacia de la receta. Guatemala probó la medicina en 1954.

Desde 1906, la United Fruit Company disfrutaba de 70.000 hectáreas de las tierras más fértiles. en 1952, el presidente Jacobo Arbenz, un nacionalista burgués, inició un proceso de reforma agraria por el cual parte de las tierras sin cultivar de la United Fruit y los grandes terratenientes locales se distribuyeron entre los campesinos. Su decisión provocó las iras de Washington. La Administración de Eisenhower aísló a Guatemala y acusó a Arbenz de ser comunista. En 1954, la CIA organizó la invasión del país desde Honduras con un ejército de “liberación” a cuyo mando iba el coronel Carlos Castillo Armas, graduado en Fort Leavenworth. Tropas leales al presidente les hicieron frente, pero el Estado Mayor se negóa cumplir la orden presidencial de armar a las milicias populares.

Arbenz, aislado, dimite el 27 de Junio de 1954, y el 1 de Julio la “liberación” triunfó. En su discurso de dimisión Arbenz afirmó: “Nuestro crimen ha sido promulgar una reforma agraria que afectó a los intereses de la United Fruits”. El golpe militar fue presentado tanto por Eisenhower como por Castillo Armas, como el fruto de una revolución popular contra la dictadura comunista.

En la actualidad, la desclasificación de papeles de los archivos secretos norteamericanos ofrece pruebas fehacientes de la operación que aparece con la clave PBSUCCESS.


En 1982 llega a la presidencia el general Ríos Montt, que había dirigido personalmente muchas de las masacres. Durante su presidencia, éstas se multiplican.

La tarántula del Norte

Reagan se reunió con Ríos Montt, y lo describió como un hombre de gran “integridad personal y compromiso con la democracia”

Con la CIA al mando de la operación, la caída de Arbenz trajo una escalada de represión en la que se arrestó y torturó a miles de personas y se confiscaron miles de hectáreas que fueron devueltas a la United Fruits y los grandes terratenientes.

En los años 60, se inició la lucha guerrillera en las montañas. El Pentágono estableció una base de contrainsurgencia donde los Boinas Verdes adiestraban a los oficiales guatemaltecos en todas las técnicas de su experiencia en Vietnam. Se aplicó la técnica del “contraterror” y nacieron los primeros escuadrones de la muerte. Fueron norteamericanos los que adiestraron a la unidad clandestina del Ejército guatemalteco que protagonizó las aberrantes torturas y asesinatos.
El nido de la araña
En 1982 llega a la presidencia el general Ríos Montt, que había dirigido personalmente muchas de las masacres. Durante su presidencia, éstas se multiplican. La mayoría de observadores cifran el número de muertos y desaparecidos durante el gobierno de Ríos Montt en torno a los 100.000.
En diciembre de 1982, el presidente Reagan visitó Centroamérica y se reunió con Ríos Montt, a quien describió como un hombre de gran “integridad personal y compromiso con la democracia” que había recibido “críticas inmerecidas”. El objetivo de Reagan no era otro que el de conseguir que el Congreso norteamericano liberara la ayuda militar para Guatemala que había sido retenida por preocupaciones acerca de los derechos humanos. Un mes después Reagan había conseguido su objetivo.
Pero la responsabilidad de EEUU no se limita a esto: Ríos Montt acudió en los años 50 a la Escuela de Las Américas, centro militar organizado por EEUU para el adiestramiento de líderes latinoamericanos, la escuela de torturadores y genocidas.
El apoyo de la CIA y del ejército estadounidense en la represión obligó a las disculpas del ex presidente Bill Clinton en un viaje a Guatemala realizado en 1999.
Sin embargo, el fin de la impunidad exige mucho más que un reconocimiento formal sin consecuencias. Existen ya documentos desclasificados en los que oficiales de la CIA y funcionarios de la Embajada de EEUU en Guatemala afirman: “Hay que apoyar a Ríos Montt”. Éstos vienen a sumarse a la investigación sobre el derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz.
La justicia ha de llegar hasta el final, hasta la madriguera de la madre de las arañas.


El genocida Ríos Montt, pese a las protestas, pudo presentarse a Presidente en 2003. Recientemente Rigoberta Menchú ha ganado una querella por agresiones contra un grupo de sus seguidores.

El fin de la impunidad

La responsabilidad directa de EEUU en el genocidio guatemalteco es una de las conclusiones del informe elaborado por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH). En él se apunta que “el anticomunismo y la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN)”, formulada por EEUU en las décadas de la Guerra Fría, fueron “parte sustancial de la estrategia antisoviética desplegada en América Latina”. En el caso guatemalteco, según el informe, “la ayuda norteamericana se concretó en reforzar los aparatos de Inteligencia nacionales y entrenar a la oficialidad en la guerra contrainsurgente, factores claves que incidieron en las violaciones de los derechos humanos durante el enfrentamiento armado.”

Pero el informe de la CEH no es consecuente con la afirmación. Por un lado se apunta a los EEUU en el “refuerzo” y el “entrenamiento” de los aparatos de Inteligencia que jugaron el papel dirigente en la represión, pero por otro, no se establece que es en los despachos de Washington donde hay que buscar a los principales responsables.

El informe concluye que se conformó una intrincada red de aparatos paralelos de represión dirigidos por la estructuras de la Inteligencia militar. La impunidad se instauró como norma, el conjunto de los aparatos de Estado y los sectores económicos dominantes fueron cómplices, cuando no participantes directos en las violaciones de los derechos humanos. El Ejército formó unidades clandestinas dirigidas por la Inteligencia militar a los que se sumaron los escuadrones de la muerte. La Inteligencia militar era la que proporcionaba las listas de “subversivos” a eliminar. En las ciudades, otro sector de la Inteligencia, los detectives de la policía, eran los encargados de infiltrarse entre los movimientos sociales para recoger la información selectiva de los líderes a eliminar, después los grupos paramilitares se hacían cargo de las desapariciones, torturas y asesinatos. El informe de la CEH afirma que en ningún caso se puede hablar de “excesos o errores aislados de subalternos”, la comisión responsabiliza a la jerarquía del Ejército y de los sucesivos Gobiernos.

Pese al valor de la denuncia, limitar las responsabilidades a los poderes locales equivale a cortar la telaraña y aislar a las crías, dejando escapar a la tarántula. Si los aparatos de Inteligencia fueron como se afirma, los que dirigieron la intrincada red de la represión y lo hicieron contando con el “refuerzo” y “entrenamiento” de EEUU; norteamericanos son los verdaderos jefes y responsables. El fin de la impunidad no será tal mientras no se sienten en el banquillo los sucesivos presidentes, jefes del Departamento de Estado y generales del Pentágono que diseñaron cada una de estas acciones.


Máximo Cajal fue objeto de una campaña difamatoria en la que se le acusó de haber apoyado a la guerrilla y ser responsable de la masacre, algunos sectores de la clase política española participaron de ello.

25 años de la Matanza en la Embajada de España

El 31 de Enero de 1980, una treintena de campesinos ocupa la Embajada española en Guatemala; su objetivo, llamar la atención sobre la brutal represión que padecen. Entre los ocupantes se encuentra el padre de la Premio Nobel Rigoberta Menchú.

Eran las 11 h. de la mañana. Horas después la policía guatemalteca entra a sangre y fuego en la embajada, a las 3 h. de la tarde 37 personas han muerto calcinadas y sólo dos logran sobrevivir, el Embajador español, Máximo Cajal y un indígena. Ambos son ingresados en la misma clínica pero el indígena es secuestrado y aparece muerto en una cuneta con un cartel: “El mismo riesgo corre el embajador”. Máximo Cajal, con graves quemaduras en su cuerpo, es trasladado urgentemente a España. Este acontecimiento provocó que el gobierno de Suárez rompiera relaciones diplomáticas con Guatemala.

Máximo Cajal fue objeto de una campaña difamatoria en la que se le acusó de haber apoyado a la guerrilla y ser responsable de la masacre, algunos sectores de la clase política española participaron de ello. Veinte años después escribió un libro que bajo el título “Saber quién puso fuego ahí” (Siddharth Mehta). En él presenta su testimonio y ajusta cuentas con la masacre.

N. I.