INTERNACIONAL

El Baradei, premio Nobel de la Paz
Bofetada a Bush

Coincidiendo con el 60 aniversario del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, muchos han querido ver en esta concesión un reconocimiento del peligro que para el mundo representa la proliferación del armamento nuclear

La “incalculable importancia” de los esfuerzos de la Organización Internacional para la Energía Atómica y de su director, el egipcio Mohammed El Baradei, “por prevenir que la energía nuclear sea utilizada con fines militares y por asegurar que la energía nuclear con fines pacíficos sea aplicada de la forma más segura posible”, son los que han movido al Comité del Parlamento noruego a conceder a ambos, a partes iguales, el premio Nobel de la Paz 2005.

Coincidiendo con el 60 aniversario del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, muchos han querido ver en esta concesión un reconocimiento del peligro que para el mundo representa la proliferación del armamento nuclear, así como la necesidad de que la energía nuclear esté a disposición del mundo para fines pacíficos. “En un momento en que se está logrando muy poco en la lucha contra la proliferación, es cuando es más importante premiar la oposición activa” contra la misma, destacó el Comité al anunciar el premio a la OIEA y El Baradei.

Sin embargo, más allá de las declaraciones de principios sobre la energía nuclear y la proliferación de armas atómicas, es imposible dejar de observar en la decisión del parlamento noruego una firme toma de posición en la actual coyuntura mundial. Conceder el premio Nobel de la Paz a El Baradei equivale, en los hechos, a propinar una sonora bofetada en pleno rostro a Bush y a su nuevo embajador ante la ONU, John Bolton. Justo en el momento en que arrecian las presiones de Washington para desembarazarse de un molesto El Baradei –nada dado a plegarse a las exigencias de los halcones de Bush– y relevarlo al frente de la OIEA por un personaje más fiel a sus intereses y más maleable a sus necesidades.

La decisión del parlamento noruego fortalece su figura y afianza su posición al frente de la organización internacional. En sus ocho años al frente de la OIEA, El Baradei ha tenido que lidiar en numerosas ocasiones con las continuas presiones, amenazas y chantajes estadounidenses para hacer del organismo un apéndice de la política exterior norteamericana. Con Corea del Norte supo entender rápidamente que estaba ante un conflicto geopolítico en el que ni él ni su organización tenían mucho que decir. Con Irak, se convirtió en un tenaz opositor a la guerra, desmintiendo las informaciones de la Casa Blanca sobre las armas de destrucción masiva y reclamando más tiempo para que los inspectores terminaran su trabajo para demostrarlo. Y con Irán se ha mostrado siempre partidario del camino de la negociación con el régimen antes que con la imposición de sanciones. Atrayendo sobre sí, en cada uno de los casos, la ira de los halcones de Washington.

A. Beloki

Conceder el premio Nobel de la Paz a El Baradei equivale, en los hechos, a propinar una sonora bofetada en pleno rostro a Bush y a su nuevo embajador ante la ONU, John Bolton