EL RUIDO Y LA FURIA Un
número desorbitado que esconde ríos de sangre Debajo de los 3.878 millones de beneficio del BSCH se escuchan los gritos de interminables ríos de sangre |
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| 3.878 millones de euros, más de medio billón de las antiguas pesetas, son los beneficios que un pletórico Emilio Botín exhibía en una de las pulcras oficinas de la City londinense, sede del Abbey Bank, última joya de la corona del banquero cántabro. ¡Son números desorbitados! Claman algunos, ante la inmoral acumulación de riqueza y ganancias en unas manos cada vez más privadas. Pero se equivocan. 3.878 no es sólo un número, es un río de sangre, es la marca del vampiro moderno, que no necesita esconderse y es bendecido por todas las iglesias. Lorca ya nos advirtió que “debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna”. Sí, en esos 3.878 millones se oyen infinitas multiplicaciones, un sin fin de divisiones, una interminable sucesión de sumas. En los inmaculados suplementos de negocios nos las presentan como limpias y asépticas ecuaciones, pero nosotros vemos nacer de cada una de ellas un rastro de sangre. Sí, nosotros sabemos que “todos los días se matan en Nueva York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes”, y que “los patos y las palomas, y los cerdos y los corderos, ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones”. 3.878 es el registro criminal de la explotación. ¿Cómo se ha levantado esa cifra sino a costa de todos y cada uno de nosotros? ¿Cuántas horas de nuestra vida y nuestro trabajo nos han vampirizado, en un robo legal bendecido por la ley, para que ellos puedan exhibir sus fabulosos beneficios? Podemos hablar de los 100 billones de pesetas que adeudamos a los bancos, pero que en realidad nos deben ellos a nosotros, porque no son más una parte de nuestro trabajo que se han apropiado. Podemos fijarnos en los fabulosos beneficios extraídos por BSCH o BBVA, Repsol o Endesa en Hispanoamérica, construidos sobre las espaldas de los obreros mexicanos, argentinos, brasileños… y que vuelan hacia las cuentas de la oligarquía española condenando a esos pueblos a la miseria. Ni uno sólo de los euros que, uno encima de otro, llegan hasta los 3.878 millones está limpio de sangre. Todos han sido arrebatados por la fuerza. Todos tienen, como las manos de Lady Macbeth, ese profundo carmesí que no es más que la marca imperecedera del crimen que les ha proporcionado su poder. A la pulcra oficina londinense donde Botín presentaba orgulloso su cuenta de beneficios, llegaban “los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes”. Ellos no escuchaban nada, pero nosotros si somos capaces de oír los gritos de todos los ríos de sangre que se agitan dentro de sus 3.878 millones. Los Botín, los Rockefeller, los Dupont, los Rotchild, los Thyssen se han fabricado insonorizadas oficinas para no escuchar los gritos de los desheredados. Pero los escucharán, los tendrán que escuchar martilleando su oído, invadiendo sus fortalezas, derribando los cimientos de ese infame mundo que hace capaz cifras que desbordan sangre, como los 3.878 millones que Botín exhibía impúdicamente en la City londinens. Jon Arza |
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