NACIONAL

Documento del PNV
Piel de cordero

Están tocados, muy tocados. Y lo que pretenden es lanzar cables de entendimiento con el PSE que les permitan recuperar la credibilidad perdida

El cuento de Caperucita Roja, no lo escribieron los hermanos Grimm, sino Charles Perrault en el siglo XVII. No es un Cuento Infantil, está dirigido a los adultos y en la versión original, no acaba con ese final feliz que todos conocemos sino con uno más trágico ya que Caperucita no es salvada por ningún leñador; acaba mal por fiarse de quien no debe. Perrault pretendía alertar a las jóvenes de la Corte de Luis XIV de los peligros que suponían esos “lobos” vestidos con piel de cordero que se dedicaban a cortejarlas en Versalles. En la moraleja final del texto aconsejaba “a las jóvenes elegantes, bien hechas y bonitas, no oír a ciertas gentes. El lobo no es igual, los hay simpáticos que persiguen a las jóvenes doncellas, llegando a sus casas y hasta sus habitaciones. Estos lobos melosos son los más peligrosos”. Los socialistas vascos deberían extraer alguna lección de este cuento de Perrault, de lo contrario pueden acabar mal parados por fiarse de quien no deben.

En medio de la vorágine desatada por el Estatuto catalán, y en un intento de salir de la cuneta “chupando rueda” del tándem Maragall-Carod, el PNV ha presentado un documento, aprobado por unanimidad y titulado: “Ante el final dialogado de la violencia y la normalización política”. Ante él se han suscitado reacciones que pretenden ver un cambio en la actitud del partido vasco. Los dirigentes del PSE afirman acogerlo con “cierta esperanza” y el editorial de EL PAIS lo califica de “cauteloso regreso a las posiciones que tenía ese partido antes del giro soberanista de Lizarra”, no obstante señalando “aunque planteado de forma tan ambigua que pueda ser asumido por las distintas posiciones existentes en su seno”.

La realidad es que lo que caracteriza el texto no es la ambigüedad, sino el intento de recuperar la iniciativa tras el fracaso del Plan Ibarretxe y su retroceso electoral con la pérdida de 150.000 sufragios. En el documento, el PNV se reafirma en el plan, la única diferencia es que ya no lo presenta como la propuesta para negociar con Madrid, sino como el elemento sobre el que debatir en la “búsqueda de un amplio consenso vasco” y también la consulta popular que el entonces pletórico Ibarretxe amenazaba con convocar al margen de la legalidad, se somete a la necesidad previa de un acuerdo entre las fuerzas políticas. Pero ¿es que acaso están en condiciones de hacerlo de otro modo?

De la necesidad virtud

Entre los valedores del cambio de actitud del PNV se utiliza el argumento de que “reconocen el pluralismo de la sociedad vasca”, ¡a buenas horas mangas verdes! Con un tripartito debilitado por las urnas, dividido internamente y fracasado en su proyecto político ¿qué otra cosa pueden hacer? El varapalo cosechado por Ibarretxe y su plan está demasiado reciente. Sin embargo, el objetivo es escabullir la derrota y el jesuitismo que caracteriza a los dirigentes nacionalistas vascos les permite hacer de la necesidad virtud. Eso sí, con la colaboración de los que quieren a toda costa lanzar cables de entendimiento con los nazi fascistas, reconducir al PSE hacia el “diálogo” y aislar al PP del juego político en Euskadi.

Especialmente significativo es que se coloca como conclusión del texto el objetivo de conseguir una adhesión superior a la del Estatuto de Gernika, que fue respaldado por el 90% de los votantes, (aunque sólo participó el 59% y en consecuencia su apoyo fue del 53% del electorado). En éste y otros puntos se observa el intento de hacer ver que se integran algunos de los planteamientos del PSE.

Pero es sólo cuestión de formas. El documento, en realidad, no es capaz de disfrazar los temas esenciales, sólo lanza algunas retóricas como cortina de humo. Sus posiciones de partida siguen siendo las del Plan Ibarretxe. Siguen utilizando el “conflicto”, imprescindible para su supervivencia, atribuyendo la raíz del mismo a la “insatisfacción de una parte muy importante de la ciudadanía con el actual marco autonómico”. En apariencia ETA no tiene justificación. Pero el Estado es responsable de una “actuación antidemocrática” y afirman que “no todo vale en la lucha contra el terrorismo”.

A rebufo

El lendakari Ibarretxe en una entrevista reciente precisó la “coyuntura histórica” que pretenden aprovechar. Ante el comentario del periodista acerca de que el Estatut catalán le ha hecho pasar a un segundo plano, declaró sentirse cómodo y afirmó triunfante: “Nosotros abrimos la reforma del Estado”.

En su momento, desde estas páginas afirmamos que el Plan Ibarretxe era el ariete tras el que podían avanzar los planes de desarticulación y fragmentación de España. Su plan fracasó, pero fue la avanzadilla de un proceso que casi todos consideran imparable de reforma del Estado, y en el que lo que está en juego es hasta dónde va a avanzar, en la presente etapa, la desarticulación de España. Tras afirmar que “El futuro de España tendrá que decidirse en Euskadi y Cataluña”, lanzó una auténtica amenaza: “O se acepta que el Estado español es un Estado plurinacional, que debe ser producto de las decisiones que tomen esas naciones, o de lo contrario no habrá Estado español, por mucho que se quiera configurar, de una manera uniforme, sobre una sola nación.” Es decir, o se traga con la desarticulación del Estado, o no lo habrá.

Sin embargo Ibarretxe no está en condiciones de lanzar tales amenazas. Y mucho menos de pretender que su plan pase adelante. Más bien existen condiciones para todo lo contrario. Su órdago fracasó y ahora intenta ir a rebufo del Estatut. Pero tampoco Maragall y Carod parecen ser candidatos a ganar la carrera. A día de hoy, los principales círculos económicos y políticos del país ya se han pronunciado en su contra y es un hecho aceptado y reconocido la necesidad de que el texto catalán sufra modificaciones profundas en beneficio de su constitucionalidad. La “vía catalana” no será pues la tabla de salvación para el PNV.

Melosos peligrosos

Están tocados, muy tocados. Y lo que pretenden es lanzar cables de entendimiento con el PSE que les permitan recuperar la credibilidad perdida. En estas circunstancias lo que se requiere de aquellos que aglutinan el voto progresista de los no nacionalistas es mantenerse firmes e impulsar la rebelión democrática vasca que tanto daño ha propinado a los Ibarretxe, Arzallus y compañía. Ahora que salen de la cuneta dispuestos a seguir la rueda de los catalanes es el momento de golpear con firmeza.

En 1886, cuatro años antes de que Sabino Arana, hijo de un carlista propietario de Astilleros fundara el PNV, Facundo Perezagua, un sindicalista de los mineros de la Arboleda, fundó el partido socialista en Bilbao. La burguesía vasca más reaccionaria, encontró en las tesis xenófobas de Arana la mejor respuesta a la organización obrera. El sentido de propiedad sobre el País Vasco, que desde siempre ha manifestado el PNV, tuvo desde su origen un marcado carácter de clase: excluir, para explotar al maketo, socialista y ateo. Hoy, la exclusión se agrava con la amenaza de las pistolas, tan bien aprovechada y alentada por dirigentes nazi fascistas como Ibarretxe. Mientras la línea que éstos representan marque los destinos del PNV no debe haber tregua. Así, el debate de los entendidos sobre el movimiento pendular del PNV (de las posiciones “independentistas” a las “autonomistas”) debería abrir paso a redoblar la denuncia del carácter nazi fascista del régimen instaurado en 25 años de gobierno vasco y de su exclusiva responsabilidad en la falta de libertades que ahoga a los no nacionalistas.

Si Imaz representa un camino opuesto a Ibarretxe ¡que lo demuestre!. Pero Imaz leyó un documento que los cabezas visibles del nazi fascismo vasco aplaudieron y lo hizo en euskera, castellano y francés. “Los lobos melosos son los más peligrosos”, decía Perrault. ¿Cuántas jóvenes van a dejarse engañar?

Amparo Peris

Ibarretxe ha dicho: “O se acepta que el Estado español es un Estado plurinacional, que debe ser producto de las decisiones que tomen esas naciones, o de lo contrario no habrá Estado español”

Ahora que intentan retomar la iniciativa, lo que se requiere de aquellos que aglutinan el voto progresista de los no nacionalistas es mantenerse firmes e impulsar la rebelión democrática vasca que tanto daño ha propinado a los Ibarretxe, Arzallus y compañía.