NACIONAL

Cumbre iberoamericana de Salamanca
Nueva andadura... sin nuevo horizonte

la XV Cumbre Iberoamericana celebrada días pasados en Salamanca no puede decirse que haya representado ni un avance significativo ni una ruptura definitiva con la inercia del pasado

Kirchner (Argentina), Fox (México), Toledo (Perú), los Reyes, Zapatero y Lagos (Chile) en Salamanca. La evidente fraternidad iberoamericana sigue sin traducirse en la constitución de un bloque común.

En los últimos treinta años (1975-2005) España ha fortalecido sus vínculos con América Latina con una presencia política mucho mayor, con la presencia de empresas españolas, con intercambios culturales... en todos los planos. Sin dejar de lado la influencia de otros países, España es vista por los latinoamericanos como una relación primordial”. Esta contundente apreciación de José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA (Organización de Estados Americanos) refleja el cambio real que ha tenido lugar efectivamente entre España e Iberoamérica desde la muerte de Franco. Sin embargo, ese cambio real y las nuevas relaciones fundadas están aún muy lejos de recrear y promover los verdaderos vínculos políticos, económicos y culturales que España debe plantearse tener con Iberoamérica.

En este sentido, la XV Cumbre Iberoamericana celebrada días pasados en Salamanca no puede decirse que haya representado ni un avance significativo ni una ruptura definitiva con la inercia del pasado. Presentada por el gobierno Zapatero como “el comienzo de una nueva andadura”, el camino emprendido adolece de la falta de una meta clara, de fijar adónde quiere ir y, consiguientemente, de un proyecto y un programa claro para alcanzarlo.

Las cumbres iberoamericanas –reunión anual de jefes de Estado, gobierno y ministros de exteriores de España, Portugal e Iberoamérica– habían llegado, el año pasado en San José (Costa Rica), al punto más bajo de su historia, por la ausencia de los más destacados mandatarios iberoamericanos, la escasez de proyectos e ideas y el agotamiento de una fórmula vacía que parecía destinada a la extinción. Sobre las cenizas de San José, el gobierno español ha pretendido encender de nuevo la hoguera, y durante todo el año ha trabajado en tres direcciones con el objeto de, por un lado, convertir la cumbre de Salamanca en un éxito y, por otro, mantener viva la llama de la cooperación iberoamericana. Primero, asegurando la presencia en España de los principales dirigentes políticos. Segundo, creando por primera vez en la historia un órgano permanente de las cumbres: la Secretaría General Iberoamericana, a cuya cabeza se ha colocado a un reconocido y prestigioso líder iberoamericano, el uruguayo Enrique Iglesias, que durante 17 años ha sido presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. Y tercero, intentando marcar un nuevo rumbo, dotar de un nuevo contenido las cumbres, alejándolas de las meras declaraciones retóricas que constituían anteriormente el centro de los debates –declaraciones que además no tenían ningún poder vinculante– y que ahora se pretende reducir y, sobre todo, complementar con acuerdos concretos de colaboración. Estos tres objetivos, ciertamente, se han logrado. Han venido los mandatarios, se ha puesto en marcha la SGI y se han aprobado propuestas concretas (ver recuadro aparte) y, pese a los intentos tradicionales de EEUU y de Cuba de monopolizar las cumbres –lo que han estado a punto de conseguir– ésta ha mantenido más o menos fielmente el esquema diseñado por el gobierno español.

El problema esencial es que todo esto –presentado a bombo y platillo por el gobierno como el comienzo de “una nueva andadura”– nace cojo (y en parte ciego) porque sigue sin decir adónde va, adónde quiere ir. E incluso corre el riesgo de convertirse en lo que de ninguna manera debe ser: un mal remedo de “la Francofonía”, el tinglado “neocolonial” de París para mantener vivo el espejismo de que Francia aún es una potencia mundial y que establece una relación unidireccional, donde sólo se decide lo que interesa a los mandatarios galos. Este modelo no sólo es indeseable, sino también imposible en el caso Iberoamericano: países como Brasil, Argentina, México o Colombia difícilmente pueden considerarse “neocolonias”, como Togo o Costa de Marfil, ni estarían dispuestos a aceptar papel subsidiario alguno. Aspirar por tanto a que las cumbres regulen básicamente las relaciones entre España e Iberoamérica (como se hace de hecho en los proyectos aprobados) es un grave error de perspectiva y una limitación enorme de las posibilidades de desarrollo de las relaciones iberoamericanas.

El tema crucial no es configurar un marco estable para regular las relaciones entre España e Iberoamérica, para tratar los problemas y conflictos de esa relación, de igual o parecida forma que se podrían discutir las relaciones entre Iberoamérica y China, o Iberoamérica y la Unión Europea, o Iberoamérica y EEUU. La cuestión crucial es cómo llevar a cabo la integración global de la Península Ibérica e Iberoamérica en un bloque unitario, político, económico y cultural. Sin este horizonte, la andadura iniciada ... no lleva a ninguna parte.


Tres proyectos concretos

La Cumbre de Salamanca ha dejado en manos de la recién constituida Secretaría General Iberoamericana el desarrollo y ejecución de tres proyectos concretos de colaboración iberoamericana:
Primero: organizar una cumbre sobre inmigración con un triple objetivo: ordenar los flujos migratorios, sobre todo entre Iberoamérica y España, mediante un sistema de “cupos” negociado entre Estados; aportar seguridad a la gente que se desplaza; y abaratar los envíos de remesas (3.000 millones de euros en 2004, pero sometidos a unas comisiones leoninas de hasta el 20%) al objeto de que el dinero que envían los inmigrantes a sus países de origen contribuya más eficazmente al desarrollo de éstos.
Segundo: poner en marcha programas de canje de deuda por educación, lo que supone condonar deuda a cambio de que ese dinero no devuelto sea invertido por el país deudor en proyectos educativos. Por el momento, ya existen planes de aplicación con Nicaragua, Honduras y Ecuador y muy pronto lo habrá también con Argentina. Al tiempo se ha propuesto un ambicioso Plan de Alfabetización (un 12% de la población todavía es analfabeta en Iberoamérica).
Tercero: crear un sistema de acción rápida contra las catástrofes naturales que, año tras año, arrasan Iberoamérica y que provocan –como los últimos huracanes Stan y Wilma– miles de víctimas e ingentes daños materiales.


Injerencia “made in USA”

Siempre celoso de sus “dominios”, el imperialismo americano mira con lupa todo aquello que afecte o pueda afectar al destino de Iberoamérica. De ahí que, nada más llegar a la prensa la noticia sobre los acuerdos alcanzados por los ministros de Exteriores acerca de Cuba –condena del “bloqueo” norteamericano a la isla– y la solicitud de extradición a Venezuela de Posada Carriles –agente de la CIA que voló un avión cubano matando 73 personas y que Estados Unidos pretende “juzgar” en Florida–, la Embajada americana en Madrid manifestó su “inquietud” por el rumbo “antiamericano” y “procastrista” que tomaba la Cumbre.
La intolerable injerencia de la Embajada lamentablemente dio sus frutos. El Ministro de Exteriores español corrió a “tranquilizar” al embajador americano, se ofrecieron toda clase de explicaciones sobre que lo aprobado no iba contra Estados Unidos y al final, incluso, se aceptó que Posada Carriles pueda no ser extraditado sino juzgado en Florida –como quiere EEUU–, lo que representó una notable bajada de pantalones del Gobierno español, que no sólo debió mantener firme su postura sino recordar al embajador americano que no está aquí para practicar la injerencia en asuntos que España debe decidir con plena soberanía.


Un empuje a la integración

Venezuela anunció en la Cumbre de Salamanca que a finales de año se integrará como miembro de pleno derecho en Mercosur, el “mercado común” formado en 1991 por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Venezuela, que ya pertenece al otro gran acuerdo económico de Sudamérica –la Comunidad Andina–, tendrá pues una “pata” en cada uno de los dos bloques y actuará de alguna manera como puente de enlace y unión entre ellos, dando un empujón notable a la integración económica y comercial de toba América del Sur y a la creación de un bloque de poder en Iberoamérica.


J. Albacete