INTERNACIONAL China Lanzamiento
de un vuelo espacial tripulado chino El impacto que el desarrollo del programa espacial chino puede tener sobre su industria militar multiplica las alarmas en Washington |
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| Pocos ciudadanos chinos debieron prestar atención a las advertencias de Donald Rumsfeld, realizadas públicamente ante los alumnos de la Escuela Central de Cuadros del PCCh, acerca de su “inquietud” sobre el alcance de las capacidades militares de Pekín La razón es bien simple: la mayoría de ellos estaban todavía con la resaca de las multitudinarias celebraciones de júbilo provocadas por el éxito, apenas 48 horas antes, del segundo vuelo tripulado del Shenzhou VI. Pilotada por dos astronautas, la nave orbitó alrededor de la tierra durante 5 días, un éxito de la tecnología aeroespacial china que, justo dos años después de su primer vuelo tripulado, ha dado un salto cualitativo multiplicando sus capacidades y entrando ya abiertamente a competir en la carrera espacial. En tan sólo 10 años, desde que se inició el programa espacial, el avance de las facultades industriales y tecnológicas de China en este terreno no pueden calificarse más que de espectaculares. Como lo son también los objetivos de su programa espacial. El envío de un ser humano al espacio era el primero de ellos. Y cuatro lanzamientos consecutivos desde 1999 han sido suficientes para conseguirlo. El Shenzhou V puso en órbita en octubre de 2003 únicamente a un astronauta y durante un solo día. Con el actual lanzamiento, la presencia de dos astronautas en la nave y la duración de cinco días del vuelo han sentado las condiciones para abordar el segundo objetivo: que los astronautas lleven a cabo actividades fuera de la nave. Una vez conseguido éste, los científicos chinos consideran que estarán ya preparados para el tercero y más cualitativo: el acoplamiento de dos naves en el espacio y el inicio de la creación de una estación espacial propia, distinta a la que están ensamblando americanos y rusos con participación europea y japonesa, y en la que China no fue invitada a participar. Objetivo que esperan alcanzar antes de 2010. Pero la eficacia y envergadura del programa espacial chino ha alcanzado ya tales dimensiones, que incluso sus diseñadores han desbordado los ambiciosos límites iniciales y se plantean para el 2007 un viaje no tripulado a la luna, como prólogo para, en la década siguiente, enviar una tripulación a recoger muestras de nuestro satélite. Tras haber dejado atrás a Europa y Japón, en un plazo máximo de 15 años China pretende convertirse en el tercer pivote de las potencias espaciales, al nivel de EEUU y Rusia. Tecnología de futuro “Este crecimiento en la potencia y la proyección chinas conduce con mucha razón a otras naciones a preguntarse sobre las intenciones de China”, manifestaba Rumsfeld en su reciente visita a Pekín. Su alerta ante los éxitos mostrados por la alta tecnología china en la carrera espacial son el reflejo de la creciente inquietud que levantan en el Pentágono. Por dos poderosas razones. A lo largo del siglo XXI, la tecnología espacial lleva camino de convertirse en una de las herramientas estratégicas mas importantes del futuro gracias a sus prestaciones globales. No sólo por estar transformándose aceleradamente en un sector industrial y comercial maduro, de un elevado potencial económico gracias al rápido incremento del sector de las telecomunicaciones, que tiene en el avance de la tecnología espacial una de sus principales fuentes de desarrollo. Sino porque es en torno al progreso de la investigación espacial donde se aportan los soportes tecnológicos y financieros que permiten posteriormente a la industria elaborar productos de alta tecnología para uso civil. Es la investigación espacial –gracias a los enormes recursos públicos de que dispone– la que en realidad asume la fase previa, precompetitiva, de grandes áreas de investigación y desarrollo (I+D), promocionando, investigando y dejando a punto las aplicaciones potenciales emergentes para la industria, las telecomunicaciones, la agricultura, la investigación farmacéutica o médica,... Y si en la última década el negocio del espacio ha sufrido una relativa parálisis, ralentizando la rápida transformación de los resultados científicos en aplicaciones prácticas, ello es debido a los formidables costos que todavía hoy supone el acceso al espacio. Un terreno, el del drástico abaratamiento de los costes, en el que la economía china ha demostrado ser experta y terriblemente competitiva. Lo que puede permitirle, también en este campo, adquirir una insospechada velocidad de crecimiento. El fulgurante desarrollo de su programa espacial así parece indicarlo. Monopolio de la alta tecnología militar Pero si el acceso de China a la alta tecnología que se deriva de la investigación espacial preocupa a una economía norteamericana atenazada por los déficits y por la progresiva pérdida de competitividad, el impacto que el desarrollo del programa espacial chino puede tener sobre su industria militar multiplica las alarmas. La experiencia histórica tras la IIª Guerra Mundial demuestra que, junto con la fabricación del armamento nuclear –bombas atómicas y de hidrógeno cuya tecnología posee China desde los años 70–, la investigación espacial constituye el “caldo de cultivo” idóneo para que en torno a ella se geste, desarrolle y fortalezca un poderoso complejo militar-industrial. Así ocurrió en los años 50 en EEUU, y, una década después, en los 60, en la URSS. Los ingentes recursos públicos –inalcanzables para cualquier otra rama de la producción– que absorbe un programa de este tipo; la industria y la tecnología de las que precisa son tan cercanas a las necesidades militares y su grado de aislamiento y concentración de recursos científicos tan abrumador, que en torno suyo tiende a agruparse –en un proceso donde se combinan las decisiones políticas con la necesidad objetiva de optimización de recursos y abaratamiento de costes– la gran industria armamentística. No es por ello en absoluto casual que el programa espacial chino esté bajo la dirección y la supervisión directa del Comité Central del PCCH, el Consejo de Estado y la Comisión Militar Central. Los éxitos chinos en la carrera espacial inevitablemente tienden –como ocurrió en EEUU o en la URSS– a prolongarse en la creación de una alta tecnología armamentística y militar. Amenazando en su desarrollo futuro a lo que constituye el objetivo central de la línea Bush: conseguir una supremacía militar inalcanzable para el resto de potencias mundiales gracias a su práctico monopolio sobre la alta tecnología armamentística. La amenaza de la ruptura de este monopolio –único terreno en el que EUU dispone todavía de una abrumadora superioridad– es lo que realmente inquieta a Washington de la carrera espacial china. A. Beloki |
Los éxitos chinos en la carrera espacial inevitablemente tienden –como ocurrió en EEUU o en la URSS– a prolongarse en la creación de una alta tecnología armamentística y militar
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