EDITORIAL NACIONAL

Washington, París, Berlín,... del desorden al caos
¿Y estos son los que mandan en el mundo?

Pretenden ser quienes gobiernen el mundo, pero son incapaces de gobernar ni sus propios países. Y cuanto más adelante están obligados a ir, más gente se les vuelve en su contra.

Bush por los suelos,... y continúa descendiendo. El hombre que se embarcó –o al que embarcaron– en una guerra en Irak para llevar la democracia a Oriente Medio no sólo ha desatado un ingobernable caos en la región, sino que ni sus propios estrategas aciertan a encontrar la manera de salir del inacabable empantanamiento en que se han metido.

Quienes llegaron a la Casa Blanca con la promesa de limpiar el viciado aire de Washington perseguidos ahora por la justicia. Un presidente recién elegido por una mayoría sustancial al que, apenas 12 meses después, sus ciudadanos consideran un inepto tras su insoportable y repulsiva gestión de los efectos del Katrina.

Por su parte, Chirac, el hombre al que los resultados del referéndum francés parecían haber encerrado para siempre en el Eliseo, se enfrenta ahora a los efectos de su particular Katrina. El huracán de violencia y odio de clase desatado por los jóvenes franceses de los banlieus parisinos –y posteriormente extendido al resto de grandes ciudades francesas– ha dejado al desnudo a todos aquellos que cantaban las excelencias del “modelo social europeo” –del que Francia sería el modelo más acabado– frente al “capitalismo salvaje y depredador” anglosajón. Ahora resulta que también el burgués y cosmopolita París está rodeado por un cinturón de racismo, marginación y miseria. Que también Francia está repleta de “negros de Nueva Orleáns” al que la civilizada burguesía francesa condena a vivir escondidos en un submundo de pobreza y exclusión.

¿Y qué decir de Alemania? El país con la población, dicen, más disciplinada del mundo al que la voracidad de su burguesía monopolista ha conducido a una situación ingobernable. Quisieron quitarse de en medio a Schröeder porque el desmantelamiento del Estado del bienestar no avanzaba al ritmo que ellos necesitaban y exigían. Y para ello no dudaron en alentar a la izquierda heredera del socialfascismo o en urdir una coalición coyuntural de intereses contranatura con Washington, vivamente interesado en debilitar su alianza con París. Y como resultado han instalado un caos político de tal magnitud que, a día de hoy, todavía no se sabe muy bien ni quién va a gobernar, ni cómo ni exactamente cuando.

¿Y estos son los que quieren gobernar el mundo? La parálisis, el caos y la confusión que reinan hoy en Washington, París, Berlín constituyen el símbolo perfecto de las dificultades y desafíos a los que se enfrentan tres de las burguesías imperialistas más fuertes del mundo cuando, en su desmedida ambición, tratan de imponer sus proyectos. Pretenden ser quienes gobiernen el mundo, pero son incapaces de gobernar ni sus propios países. Y cuanto más adelante están obligados a ir, más gente se les vuelve en su contra. Washington, París y Berlín,... ellos –a distinto nivel– tienen la fuerza, toda la fuerza. Pero sólo la fuerza.