NACIONAL Debate
sobre el estado de las autonomías en el Senado Sólo fortaleciendo la unidad es posible desarrollar la unidad, multiplicar la solidaridad y hacer avanzar el progreso social |
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“De la experiencia histórica del siglo pasado mantenemos una lección política básica: el progreso y la libertad de Cataluña ha ido siempre asociado al progreso de la democracia española”. (Pasqual Maragall) Hay quien, preso de la ceguera o interesado en ocultar el bosque, destaca, del reciente debate sobre el estado de las autonomías en el senado, el rifirafe entre Zapatero y Esperanza Aguirre. Pero resulta que en ese mismo debate Maragall dijo sentirse “más catalán y más español”, Jaume Matas, presidente de Baleares por el PP, defendió más autogobierno siempre que no fuera en menoscabo de la unidad, o el socialista Pérez Touriño, presidente de una comunidad como Galicia, donde algunos pretenden exportar las tensiones identitarias, hizo una enérgica defensa de la unidad y la solidaridad. En un momento donde hay quien nos presenta a España como un conjunto sin alma de piezas débilmente engarzadas, en el fondo conforman un poderoso y unido bloque de granito. Y cuando unos pocos nos empujan hacia la división, el sentimiento de unidad en España es tan potente que acaba por traslucir por donde uno menos espera. Por ejemplo en una previsiblemente anodina reunión de presidentes autonómicos en el Senado. Maragall: “Hoy me siento más catalán y más español Así, sí Sólo unos pocos días después de que la discusión del estatuto catalán provocara un agrio enfrentamiento, la intervención de Maragall emocionó a muchos y despertó los aplausos… ¡de Esperanza Aguirre! Y es que las palabras del president de la Generalitat poco tuvieron que ver con el Maragall de “Cataluña ha agotado su margen de solidaridad con las Españas”, y sí con el que hace unos pocos años recriminaba a Pujol su política nacionalista, y abogaba por “fortalecer a España como patria plural y común”. En primer lugar marcó distancias con el victimismo –tan manida y demagógicamente usado estos días-, para declarar que "el presidente de la Generalitat no viene a esta Cámara a presentar un memorial de agravios o demandas al presidente del Gobierno español”. Y sobre todo, hablando en catalán y en castellano, las dos lenguas propias de Cataluña, negó la extendida visión de que más Cataluña exige menos España, afirmando que “ de la experiencia histórica del siglo pasado mantenemos una lección política básica: el progreso y la libertad de Cataluña ha ido siempre asociado al progreso de la democracia española”. Para a continuación exclamar que "hoy España es fuerte, segura, mucho más equilibrada y solidaria que hace 25 años. Hoy me siento más catalán y más español". Palabras similares a éstas, ligando el progreso de Cataluña con la fortaleza de la España progresista, no se oían desde hace muchos años en boca de un presidente de la Generalitat. Eran propias de Tarradellas –procedente de la izquierda, artífice de la recuperación de las libertades nacionales de Cataluña, y que siempre finalizaba sus discursos enlazando un “ ¡vixca Catalunya!” con un “¡viva España!”- pero fueron declaradas proscritas por el nacionalista, burgués y de derechas Pujol. Por aquí sí. Con este camino, que recupera elementos de la posición histórica de la izquierda, Cataluña avanzará al tiempo que contribuye a una España más próspera y democrática. Mientras que por el camino de la insolidaridad y la división, el futuro de Cataluña será segregarse de España, pero para volver a ser un franco condado. ¿Y cómo puede Maragall afirmar ayer una cosa y hoy su contrario? Tiene que elegir. Pero ahora por lo menos ya sabe cual es el camino correcto, el que siempre ha defendido la izquierda. La pluralidad no está enfrentada a la unidad Si algo quedó claro en las intervenciones de los presidentes autonómicos es que nadie se opone al desarrollo de la pluralidad , pero todos coinciden en que eso no puede ir en contra de lo que nos une y cohesiona. Así se pronunció Jaume Matas, desde la derecha, presentándose como presidente de una comunidad catalanoparlante, respaldando el avance hacia un mayor autogobierno pero exigiendo al mismo tiempo que no se debilitaran los elementos comunes. También se pronunció en ese sentido el extremeño Rodríguez Ibarra –que aún convaleciente de un infarto leyó el discurso su vicepresidente– afirmando que “el sistema autonómico puede ser ampliado y mejorado, pero me opondré al debilitamiento de España a costa de favorecer a las autonomías, porque todos saldremos perdiendo”. Remarcando después que "frente a quien añora una España uniforme yo vengo a defender la libertad de cada uno para sentirse español como mejor lo considere (..) lo único que no puede ser España es lo que quede después de un proceso continuado de reforma de los estatutos. España no puede ser un residuo". Mientras que el castellano-manchego Barreda, siguiendo la estela de Bono, proclamó que “nunca hasta ahora los españoles habíamos estado tan libremente juntos, y que nadie se empecine en separarnos, sobran separatistas y separadores”. De una vez por todas debe quedar claro que no es cierto que la unidad de España esté enfrentada a su pluralidad..Ambas son inseparables. Ya sabemos que la imposición por la fuerza trabaja por enfrentarnos, que sólo defendiendo el carácter plural de España es posible fortalecer la libre unidad de sus nacionalidades y regiones. Y a su vez, que ha sido la unidad democrática la que nos ha permitido preservar la diversidad frente a los intentos de acabar con ella. Sólo desde la unidad es posible la solidaridad El presidente gallego, el socialista Pérez Touriño, recordó una frase pronunciada en 1932 por Castelao, en la tramitación del estatuto de Nuria: “las aspiraciones de Cataluña tienen el límite de la Constitución de la República y el de los intereses de todas las demás comunidades”. Recogía así a un referente del galleguismo progresista para oponerse a los elementos insolidarios del actual estatuto catalán. Lo remarcó el presidente aragonés, Marcelino Iglesias, afirmando que “los derechos históricos son importantes, pero no pueden servir de excusa para exigir privilegios”. Mientras que Chaves –presidente andaluz pero también del PSOE– reafirmó que la cohesión territorial y los mecanismos de solidaridad son “imprescindibles e innegociables”. A veces hay que recordar lo evidente. La solidaridad, divisa irrenunciable de la izquierda, sólo es posible desde la unidad, desde anteponer los intereses comunes a los privilegios de las castas taifales. La unidad es imprescindible para el progreso ¿Cómo que defender la unidad del pueblo español es reaccionario? ¿Pero qué disparate es ese? La unidad es el único camino para avanzar en un futuro de bienestar, progreso y libertad para el conjunto del país y de cada uno de sus territorios y ciudadanos. Por eso la izquierda siempre la ha defendido. Y quienes han querido dominarnos la han atacado. Tiene razón Ibarra cuando afirma “no estar dispuesto a apoyar el sálvese quien pueda, no estoy dispuesto a jugar a un juego que pueda poner en riesgo lo común, lo que hasta ahora nos ha fortalecido”. Y también Jaume Matas cuando expresa que “el problema de España no son las autonomías sino el Estado. Determinados proyectos nacionalistas son, en definitiva, un intento de consagrar la situación de un Estado menguante por otro Estado emergente”. La contradicción no está en desarrollar el autogobierno, sino en que eso se haga debilitando la cohesión nacional, desarticulando el Estado español. Porque eso nos hará más débiles. Y quienes saldremos perdiendo seremos los trabajadores. Dividido el pueblo español tendremos menos capacidad para luchar por nuestros intereses, frente a unos monopolios y grandes potencias de gigantescas proporciones. Los países imperialistas siempre han intentado dividirnos para dominarnos mejor –ese es el sentido último de la mal llamada “Europa de los Pueblos”-. Lo que nos interesa es una España capaz de ser independiente de los grandes centros de poder, y eso implica fortalecer la unidad. Zapatero no está a la altura Zapatero es el principal responsable de la oleada de insolidaridad y disgregación. Ojalá tuviera el presidente del gobierno la misma firmeza de un Bono, cuando proclama que “no cabe trocear la riqueza nacional para luego repartirla, los amagos contra la unidad de España no tendrán premio, en todo caso tendrán peaje”. O cumpliera realmente el papel que Ibarra le asigna: “Si cada uno piensa en su trozo, alguien tiene que pensar en el todo y ese es su papel y su responsabilidad, señor presidente del Gobierno”. El aspecto más grave no son las ofensivas de Carod Rovira y Mas, o las vacilaciones de Maragall, sino que Zapatero es una mantequilla donde no encuentran oposición los cuchillos insolidarios o disgregadores. Cuando la gente le repetía a Zapatero el “¡no nos falles!” en la noche electoral también se referían a esto. Por eso la conciliación con las ofensivas disgregadoras corre paralelo al descenso de la valoración de Zapatero. La mayoría social de izquierdas reclama a Zapatero firmeza en la defensa de la unidad, frente a quienes fomentan la división para hacer avanzar los proyectos más reaccionarios. J. Arnau |
Cuando unos pocos nos empujan hacia la división, el sentimiento de unidad en España es tan potente que acaba por traslucir por donde uno menos espera
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