NACIONAL

Aprobada la Ley Orgánica de la Educación
¿Es ésta la educación que necesitamos?

Es necesario un plan de choque que coloque, de verdad, no sólo en el papel, la educación más excelsa al alcance de todos. Y la LOE de Zapatero está muy lejos de cumplir esta exigencia

A veces te colocan la trampa de tener que tomar partido sin haber elegido los contendientes, y es imposible hacerlo sin renunciar a lo que quieres para apoyar “al menos malo”. Algo parecido ocurre con la tramitación de la Ley Orgánica de Educación (LOE), la alternativa que presenta el gobierno de Zapatero frente a la Ley de Calidad de Aznar. La disyuntiva parece clara cuando uno comprueba como los sectores más reaccionarios –desde las jerarquías eclesiásticas hasta la patronal de la educación privada- arremeten con inusitada dureza contra la LOE.

¿Pero seguro que la propuesta de Zapatero responde a las exigencias que llevaron a todos los sectores, desde alumnos a profesores, desde los institutos a las universidades, a movilizarse masivamente contra la reaccionaria política educativa del gobierno de Aznar?

Será prácticamente imposible que una persona progresista coincida con el tipo de educación que propugnen la Conferencia Episcopal y los propietarios de los grandes centros privados. Pero esa regla de tres no puede aplicarse, como algunos están haciendo, para que aceptemos acríticamente lo que ellos denuncian. Zapatero hizo suyas las reivindicaciones de estudiantes y profesores cuando se movilizaron contra la Ley de Calidad del PP. Y, por tanto, debe contrastarse su propuesta con las principales exigencias enarboladas entonces.

La política educativa del gobierno de Aznar supuso un tijeretazo al presupuesto educativo, especialmente en becas, perjudicando a los sectores populares y privilegiando a la red privada. Pues bien, este año el gasto público para educación continúa en el 4,3%, del PIB muy lejos del 7,32% de Suecia, el 6,12% que dedica Bélgica, e incluso el 5,15% que Hungría destina a la enseñanza. Zapatero promete alcanzar, sólo en la universidad, los 220.000 becados, pero aún así estaríamos lejos de los 283.000 que existían en 1995. Mientras que el número de becados en el resto de Europa ronda el 40% de los estudiantes, en España ese porcentaje apenas alcanza al 16%.

No es pues una buena base la que Zapatero ofrece para solucionar la falta de recursos, materiales y humanos, que padece la educación pública, y que influye decisivamente en su calidad. Pero no es suficiente, aunque sí necesario, con aumentar los presupuestos públicos. Toda la comunidad educativa denunció el acendrado clasismo de la Ley de Calidad, cristalizado en los llamados itinerarios, que separaban desde los 14 años a los alumnos en grupos que determinaban su horizonte educativo.

Pero hay itinerarios escritos e itinerarios que impone la realidad. Y estos últimos son más poderosos. Los datos nos hablan de que en las clases populares el fracaso escolar triplica el que se da en los sectores más acomodados. Hasta un 40% de los hijos de trabajadores abandonan sus estudios antes de tiempo. Es el resultado de un sistema educativo que ha impuesto un filtro de clase que se ha encargado de devorar el mito de la enseñanza como motor de progreso social individual. Hoy el hijo de un obrero ya está casi condenado de antemano.

No es casual que en los barrios obreros y populares el estado de abandono de la enseñanza pública se deteriore. Incluso está establecido por ley que “el centro educativo deberá adaptarse a la realidad social de su entorno”. Es decir que en los barrios más pobres hay que bajar el nivel, si sólo van a ser mano de obra barata para qué enseñarles más. Algunas editoriales fabrican libros distintos para la educación privada que para la pública.

Y este clasismo se dispara con los alumnos inmigrantes, tratados por el Estado como futura mano de obra barata que sólo debe pasar por la educación el tiempo mínimo necesario antes de ponerse a producir.
A esto hay que unir la degradación de los contenidos de la enseñanza durante los últimos quince años, que está produciendo verdaderos analfabetos funcionales en nuestros colegios e institutos. Generaciones enteras a las que se les está arrancando las herramientas más básicas que le pueden permitir la formación de una personalidad crítica e independiente.

Es necesario un plan de choque que coloque, de verdad, no sólo en el papel, la educación más excelsa al alcance de todos. Y la LOE de Zapatero está muy lejos de cumplir esta exigencia.  No es suficiente con algunos retoques, la gravedad de la situación, en un campo tan importante como es la educación, exige medidas drásticas.

Jon Arza


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¿Seguro que la propuesta de Zapatero responde a las exigencias que llevaron a todos los sectores, desde alumnos a profesores, desde los institutos a las universidades, a movilizarse masivamente contra la reaccionaria política educativa del gobierno de Aznar?