NACIONAL

Los jueces absuelven al presidente de Telefónica
La importancia de llamarse Alierta

Dos millones de euros no son para el juez “un beneficio de notoria importancia”. Es “ese otro mundo”, el de los propietarios de grandes bancos y monopolios al que se refería Botín, tan distinto del nuestro

Antes pasará un camello por el ojo de una aguja que veremos a un oligarca condenado en los juzgados. Esta cita bíblica, adaptada a los tiempos que corren, se nos ha aparecido ya demasiadas veces.
Cesar Alierta, presidente de Telefónica, acaba de ser absuelto de un delito de “utilización de información privilegiada”, que le permitió ganar 1,86 millones de euros traficando con acciones de Tabacalera, compañía que presidía. Recordamos también el fugaz paso de Emilio Botín de los juzgados, en el caso de las hipermillonarias jubilaciones de ex altos cargos del BSCH, y que se saldo, como no, con su declaración de inocencia.

Esta vez el delito de Alierta ha prescrito. Es curioso que los delitos que prescriban siempre sean los relacionados con actividades sólo accesibles para los poderosos. Un individuo cualquiera puede ser condenado por un robo que cometió en el pasado remoto, pero los problemas de los oligarcas siempre prescriben. Y es que la justicia no parece ser totalmente ciega. Por debajo de la venda que le tapa los ojos debe tener un pequeño campo de visión, suficiente para distinguir el origen de clase de los acusados, y actuar en consecuencia.

Al fin y al cabo, tomando prestadas unas palabras de Lenin, las clases se diferencian por el modo y proporción en que perciben la parte de la riqueza social, por las relaciones en que se encuentran respecto a los medios de producción, relaciones que las leyes refrendan y formulan en gran parte. ¡Vaya si se diferencian las clases por su porcentaje de apropiación de la riqueza! ¡Vaya si las leyes refrendan las relaciones –de propiedad privadísima- de la burguesía con los medios de producción! Porque se trata del “modo y proporción en perciben la parte de la riqueza social”, que todo contribuimos a producir pero que en un abrumador porcentaje se apropian sólo unos pocos.

Y desde ahí se entiende la aparentemente escandalosa conclusión del juez cuando considera que los casi dos millones de euros que se embolsó Alierta en dos días “no son un beneficio de notoria importancia”, ya que “aunque estas cifras resultan mareantes para el ciudadano medio, necesariamente tienen que ponerse en relación”.
Efectivamente, comparados con los 26.110 millones de euros que ha desembolsado Telefónica para comprar la británica O2, los dos “milloncejos” que se embolsó su actual presidente no tienen “una notoria importancia.

Hay que poner las cosas en relación. Eso es lo que intentó explicarle Botín al juez. Para justificar las jubilaciones de 43,7 y 108 millones de euros otorgadas a Amusátegui y Corcóstegui –respectivamente ex co-presidente y ex consejero delegado del BSCH-, el banquero cántabro le espetó a su señoría que “estoy hablando de otro mundo, y usted no lo puede comprender”.

Efectivamente es otro mundo, el de los propietarios, muy diferente al nuestro, el de quienes sólo tenemos nuestro trabajo para sobrevivir. En “su mundo”, dos, cuarenta o cien millones de euros son cifras razonables, apenas un ínfimo porcentaje de sus beneficios. Las cifras son “mareantes para el ciudadano medio”, pero se componen de pequeñas unidades, de esas horas de vida y trabajo, de todos y cada uno de nosotros, que ellos se apropian.  Pero esa no es una “apropiación indebida”. La explotación es legal. De hecho toda la legalidad se encarga de protegerla.. Al fin y al cabo, la ley no hace sino refrendar “el modo y proporción en que perciben la riqueza social”. No es por tanto extraño que la justicia sea comprensiva con Botín o Alierta. Ellos forman parte del clan de propietarios. Todo muy legal.

Francesc Ten

La justicia no parece ser totalmente ciega. Por debajo de la venda que le tapa los ojos debe tener un pequeño campo de visión, suficiente para distinguir el origen de clase de los acusados, y actuar en consecuencia.