NACIONAL Telefónica
compra la británica O2 Si durante décadas ocuparon el furgón de cola del capital monopolista europeo, ahora no sólo han abandonado ese puesto, sino que han pasado a situarse más allá del vagón preferente |
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| 26.000 millones de euros, más de 4 billones de las antiguas pesetas, pagará Telefónica de España por la británica O2, sexta operadora de telefonía móvil en Europa, segunda del Reino Unido, tercera de Alemania, con 1’5 millones de clientes en Irlanda y que, además de contar con un operador de telefonía móvil de servicios de urgencia en el Reino Unido, Airwave, dispone de varias licencias de UMTS de telefonía móvil de tercera generación en Gran Bretaña y Alemania. Siguiendo la estela iniciada por Botín con la compra del Abbey Bank, otro de los gigantes de la oligarquía española desembarca en el mercado europeo. Y, como el SCH, lo hace a lo grande, hurtándole a sus competidores una de las escasas “joyas” del sector de las telecomunicaciones que quedaban en el mercado europeo. La adquisición de O2 supone el final, por el momento, de la enérgica carrera expansiva realizada por la compañía española este año. Con su compra, Telefónica pasará a convertirse en la cuarta compañía de telecomunicaciones del mundo por número de abonados (170 millones) y la segunda por capitalización bursátil, aunque en realidad sumando a su filial de móviles y O2 la colocaría en primer lugar, por delante incluso de la todopoderosa Vodafone. Dando así un paso más para alcanzar el objetivo marcado en su plan estratégico para 2008 de convertirse en la mayor compañía del mundo de telefonía integrada. Giro estratégico Pocos sospechaban que después que en enero de este mismo año, consolidara definitivamente su posición de liderazgo en Iberoamérica al comprar a la norteamericana Bell South la última de sus diez divisiones de móviles en América Latina, Telefónica se disponía a dar un giro estratégico a su política de expansión. Un mes más tarde anunciaba un acuerdo de largo alcance con la compañía de telefonía fija China Netcom Group Corporation (CNC) –la cuarta operadora de telecomunicaciones china, segunda en telefonía fija y banda ancha, con 82 millones de clientes y una cuota de mercado del 28%– de la que ha pasado a disponer el 5% de las acciones. Una operación histórica dado que es la primera vez que una compañía extranjera adquiere una participación directa en una empresa china de telecomunicaciones, ampliable además en el futuro desde el momento que la empresa china disponga, previsiblemente a finales de año, de los permisos para operar con telefonía móvil en su país. En septiembre cerraba la adquisición del 69% de las acciones de Cesky Telecom., operador líder en la República Checa en telecomunicaciones integradas, que cuenta con 3,4 millones de líneas fijas y 4,6 millones de clientes móviles en la segunda mayor y más saneada economía de los países incorporados a la Unión Europea en 2004 y que dispone de un plan estratégico de expansión hacia sus vecinos Alemania, Austria y Eslovaquia que se verá ahora reforzado con la capacidad financiera de Telefónica. Y apenas dos meses después, el sorprendente anuncio de la compra de O2 que, además de unos ingresos anuales de 9.800 millones de euros y un resultado operativo bruto de 2.600 millones de euros, aportará 25 millones de clientes en el corazón de los dos mercados más potentes de Europa, con una alta capacidad de consumo y que transformará totalmente el perfil de Telefónica, que pasa de ser una gran empresa pero especializada en mercados emergentes e Iberoamérica, a uno de los grandes del mercado europeo y, por extensión, mundial. Adelante, adelante Pero la compra de O2 no sólo supone una muestra más del nivel de desarrollo y el dinamismo alcanzado por el capital monopolista español en la última década. Al mismo tiempo pone de relieve otro nuevo factor desconocido hasta ahora en la oligarquía española: un grado de agresividad en la competencia intermonopolista que le permiten disputar mercados hasta ahora inalcanzables para ella y colocar a sus monopolios en primera línea del reparto del mercado mundial. La forma y el momento elegidos por Telefónica para hacerse con la empresa británica así lo demuestran. Justo después de que uno de sus rivales, France Telecom. hubiera hecho un desembolso, importante pero menor en comparación, tras la compra de Amena. Y en el momento preciso en el que su otro gran rival, Deustche Telecom. –participada mayoritariamente por el Estado alemán– se encontraba paralizado por la confusión política reinante en Alemania tras los resultados electorales. Una jugada, desde la óptica de los intereses del capital monopolista español, impecable. Telefónica no sólo aumenta de tamaño y pone un sólido pie en los cualitativos mercados de sus rivales monopolistas europeos, sino que al mismo tiempo se blinda ante posibles operaciones inamistosas. A partir de ahora, si alguien ha pensado lanzar una OPA sobre ella, deberá poner sobre la mesa no menos de 30 billones de pesetas. Y no sólo eso, la situación hacia la que apunta los movimientos del operador español es que ha pasado a convertirse, de “pieza codiciada” por otros a seria amenaza para sus competidores. Donde hasta hace sólo unos pocos años había una apetitosa compra potencial para los gigantes europeos de las telecomunicaciones, ahora encuentran a un titán rival de su mismo o mayor tamaño. Y además con una voracidad también comparable, si no mayor, a la suya. Un escenario históricamente insólito para la oligarquía española y sus empresas monopolistas. Si durante décadas ocuparon el furgón de cola del capital monopolista europeo, ahora no sólo han abandonado ese puesto, sino que han pasado a situarse más allá del vagón preferente: actuando como verdaderas locomotoras monopolistas en el mercado europeo en determinados sectores cualitativos como el de las telecomunicaciones o el bancario. Una dimensión desconocida y que, de forma inevitable, buscará tener su reflejo político en la inestable, fluida, compleja y variable correlación de fuerzas actualmente existente entre las burguesías monopolistas europeas. ¿Desembarco "a la americana"? El giro dado por Telefónica en su crecimiento internacional no es un hecho aislado, sino que, de conjunto, está en plena sintonía con el realizado por el grueso del capital monopolista español en el último lustro. Una vez alcanzada una posición de liderazgo en sectores cualitativos del mercado iberoamericano (banca, telecomunicaciones, petróleo, gas, electricidad, aguas,...), que representa ya para la oligarquía española al menos un tercio de sus beneficios anuales, la lógica de la expansión monopolista que empuja a buscar nuevos mercados cuando los anteriores ya están “maduros” (es decir, explotados concienzudamente) ha hecho que vuelvan sus ojos hacia Europa. Pero esta vez con un potencial
del que carecían anteriormente. Tal vez el caso más sintomático lo constituyan los grupos de servicios forjados en España en torno a las grandes constructoras. Su presencia en Iberoamérica estuvo basada fundamentalmente en la firma de contratos y la obtención de concesiones de obras públicas. Pero en los últimos años han empezado a desarrollar esta estrategia con una fuerte expansión hacia los mercados europeos. Y en este caso no sólo a través de contratos, sino también mediante la compra de empresas. Desde las más grandes del sector como Ferrovial que controla la británica de servicios Amey, la constructora Budimex en Polonia y la mayor compañía independiente de servicios aeroportuarios, la suiza Swissport, hasta la más pequeña de ellas, OHL que ha comprado dos empresas en la República Checa, ZS Brno y ZSPV; ninguno de los grupos españoles de construcción y servicios es ajeno a este nuevo fenómeno. En Francia, el sector inmobiliario ha conocido la voracidad de las constructoras españolas con la compra de Gecina por Metrovacesa para crear el segundo mayor grupo inmobiliario de Europa, la adquisición por Fadesa de Financiere Rive Gauche y de la Societé Fonciere Lyonnnaise por la Inmobiliaria Colonial del grupo de La Caixa. El Estado francés se vio recientemente obligado a retrasar la privatización de algunas de las más importantes redes de autopistas francesas por la razón de que todas las ofertas presentadas por ellas eran de grupos españoles, mientras el gobierno galo buscaba desesperadamente algún grupo de capital francés dispuesto a entrar en la puja. A. Beloki Enlaces relacionados: http://noticias.ya.com |
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