MOVIMIENTO OBRERO Un
acuerdo bajo la cultura de subvencionar para liquidar El preacuerdo reproduce el mismo esquema: reducción de la producción y miles de millones destinados a destruir miles de puestos de trabajo |
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| Los sindicatos
mineros han logrado parte de lo que se proponían: Pero el preacuerdo firmado no es un buen acuerdo porque no garantiza el futuro. El acuerdo firmado por los sindicatos mineros con el gobierno es, para el ministro de Industria Montilla, “una garantía para el futuro del sector”; y para el editorial de El País un tratamiento adecuado, “ menos producción, menos empleo y un programa de generosas prejubilaciones e inversiones sustitutivas para mitigar los efectos de la desaparición de la producción carbonera”. Ésa es la realidad: se está liquidando un sector sin ninguna alternativa productiva a cambio. A pesar de lo que dice el gobierno y los dirigentes sindicales del sector, el acuerdo firmado no garantiza ningún futuro, sino que, como dice el editorial del periódico citado, “se confirma la línea seguida por los gobiernos anteriores, lo que se ha firmado es “la reducción paulatina de la producción del carbón; se ha firmado un ajuste de producción y empleo”. La “victoria” de los trabajadores, en tanto que sus representantes logrando parte de sus reivindicaciones, ¿forma parte de la “cultura de la liquidación” o de crear riqueza y empleo? Subvencionar y liquidar La cultura de la subvención ha sido la alternativa de Bruselas para financiar la reconversión de la capacidad productiva de nuestro país. “Subvencionar para liquidar”, subvencionar para liquidar la producción y la destrucción de puestos de trabajo. Esta es la filosofía que está en la base del acuerdo firmado. El Plan de la Minería del Carbón 1998-2005 que ahora se cierra ha cumplido a la perfección este rito. La producción ha bajado estos años de 17 millones de toneladas a 12 anuales y se han perdido 17.153 puestos de trabajo, 6.000 más de los previstos inicialmente en el plan, que preveía la creación de 4.000 puestos nuevos. El preacuerdo firmado para el Plan de la Minería del Carbón 2006-2012 va a reproducir el mismo esquema: reducción de la producción; miles de millones destinados a destruir miles de puestos de trabajo; y promesas, sólo eso, promesas poco fundamentadas de creación de nuevos puestos de trabajo y recolocaciones. Por una alternativa integral La realidad es que se ha firmado una nueva reconversión destructiva, sin ninguna alternativa real y creíble a cambio. Primero porque no hay una política
de Estado clara para garantizar una “reserva estratégica”
suficiente para asegurar el abastecimiento estratégico independiente
de una parte de las centrales eléctricas que suministran la energía
al país. Los países europeos dependiente del petróleo,
mantienen una reserva de carbón que les blinde ante cualquier eventualidad
en el suministro de petróleo. Desde esa perspectiva Alemania está
construyendo nuevas centrales de carbón. Y segundo, porque la promesa de crear 1.700 puestos de trabajo y 520 recolocaciones, está al margen de cualquier compromiso real de industrialización en la zona. Sobre todo al margen de cualquier alternativa de sustituir la producción de carbón por otras formas de producción de energías alternativas. No basta con destinar recursos, 2.880 millones de euros firmados, a “formación, promoción y reactivación de las comarcas mineras”, como ya hemos visto en el plan 1998-2005; si no están vinculados a una estrategia concreta, acabarán siendo parte del clásico “pan para hoy y hambre para mañana”. Y sobre esto es sobre lo que no hay ningún compromiso. ¿Qué tipo de industrias se van a desarrollar en la zona? ¿Qué tipo de formación se va a dar a los futuros trabajadores? El problema sigue siendo si se van a destinar miles de millones a subvencionar la destrucción a cámara lenta de la minería del carbón, o se van a poner esos inmensos recursos al servicio de: a) mantener una reserva estratégica al servicio del país, y b) crear una industria energética alternativa. M. Murcia * Los trabajadores de la mina, como los pescadores, tienen un régimen especial por que reducen tiempo de jubilación, en función de la peligrosidad del puesto que ocupan. Los picadores y barrenistas son los que mayor coeficiente tienen, un 0’50 % respecto al tiempo trabajado; muy lejos del coeficiente de 0’05 que tiene los que trabajan en el exterior. Sólo los barrenistas y picadores se pueden jubilar con poco más de 40 años, si llevan desde los 18 trabajando en los puestos más peligrosos y 25 años cotizados. |
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