INTERNACIONAL

Azerbaiyán, un pivote geopolítico clave en el Cáucaso
Los comicios falsificados más transparentes

“Nota a los maestros; ubiquen el Caspio en el mapa y márquenlo para los niños, pues en unos veinte años, quizá en diez, es posible que se encuentren desplegados ahí”

Elecciones en Azerbaiyán, un pequeño país de 87.000 kilómetros cuadrados y poco más de 8 millones de habitantes situado en el corazón del inescrutable Cáucaso. Una cuestión menor, un suceso aparentemente irrelevante para el desarrollo de la situación internacional. Y sin embargo tanto Rusia como EEUU y la UE han llenado el país de observadores para escrutar la limpieza de sus comicios. ¿Preocupación por el desarrollo democrático, sensibilidad ante posibles violaciones a los derechos humanos? Nada más alejado de la realidad que considerar a Putin o a Bush desasosegados por estas cuestiones. Sino más bien porque Azerbaiyán se ha convertido en una codiciada pieza del tablero internacional. Incluso más que por sus recursos petrolíferos, por la posición geopolítica que ocupa.

Azebaiyán está instalado en el vértice occidental de un triángulo asentado sobre un verdadero océano de petróleo y gas natural que se extiende por un lado hasta el gigantesco campo de Tengiz en Kazajistán, y por el otro hasta Turkmekistán: la región con capacidad para convertirse en la mayor abastecedora potencial de petróleo en el mundo y cuyo centro geográfico se sitúa en el Mar Caspio. Bakú, capital de Azerbaiyán es el nudo donde se entrecruzan tanto las rutas de los distintos oleoductos como los intereses geoestratégicos de las grandes potencias mundiales.

Cóctel de petróleo y política

De Bakú parte el oleoducto que transportará el petróleo y el gas natural desde el Asia Central y el Caspio hasta Ceyhan, en la costa mediterránea de Turquía. En Bakú se sitúa igualmente el origen del oleoducto que lo transporta hasta Rusia, y de ahí a Europa Occidental. De las múltiples alternativas que se barajan para la exportación de los recursos naturales de Asia Central y el Caspio, todas ellas tienen a Azerbaiyán como nudo neurálgico de conexión y distribución.
La región del mar Caspio, donde Asia Central converge con el Cáucaso, tiene unas reservas de petróleo estimadas en alrededor de 200.000 millones de barriles. Las reservas de Kazajistán podrían llegar hasta los 110.000 millones y sólo Azerbaiyán tiene tantas reservas como todo el Mar del Norte. En cuanto al gas natural, el volumen de reservas son comparables a las de Irán. Desde el punto de vista de los recursos energéticos, la región del Caspio es la tercera región en importancia en el mundo, inmediatamente después del Golfo Pérsico y de Rusia. Con el añadido, además, de que ni están tan explotadas como éstas ni se descarta que se descubran nuevas reservas.

El mar Caspio se ha convertido en un explosivo cóctel de petróleo y política. Paul Starobin, en su ensayo “El nuevo gran juego” –editado por National Journal, una elitista publicación dirigida a los encargados de formular la política económica norteamericana– lo ha definido como el principal actor geopolítico del futuro. En él escribía: “nota a los maestros; ubiquen el Caspio en el mapa y márquenlo para los niños, pues en unos veinte años, quizá en diez, es posible que se encuentren desplegados ahí”. Por su parte, el ex secretario de Energía de Bill Clinton, Bill Richardson, defendía el oleoducto Bakú-Ceyhan porque “no es simplemente otro negocio importante de petróleo o gas natural ni es simplemente un oleoducto más. Se trata de proyectar los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos, es decir, de nuestra visión estratégica del futuro del Caspio”.

Un pivote geopolítico

Pero sin duda quien mejor ha definido la importancia de Azerbaiyán en el tablero mundial ha sido Zgbiniew Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional con Carter y miembro fundador de la Trilateral, al calificar a la pequeña república caucásica como uno de los “pivotes geopolíticos” del planeta. Al formular el concepto de “pivotes geopolíticos”, Brzezinski se refería a Estados cuya importancia no se deriva de su poder, de su tamaño o de sus recursos, sino de su situación geográfica. Pues al estar enclavados en el corazón o tener el acceso estratégico de regiones potencialmente inestables y sensiblemente vitales para la disputa de la hegemonía, su desarrollo en una u otra dirección puede convertirse en el desencadenante de importantes movimientos o variaciones de los jugadores estratégicos, es decir, de los Estados con capacidad y voluntad nacional de ejercer poder o influencia más allá de sus fronteras. Y con ello, pese a su aparente irrelevancia poseen la capacidad de provocar serias alteraciones en el orden geopolítico del “gran tablero mundial”.

Si Azerbaiyán es para los estrategas norteamericanos un pivote geopolítico, no es sólo porque constituye el tapón que permite el control del cuello de botella que contiene todas las riquezas de la cuenca del Caspio y del Asia central. También porque en Azerbaiyán confluyen y se entretejen todas las explosivas contradicciones políticas, étnicas y religiosas que recorren las zonas sur y central de Eurasia, el inestable círculo formado por el Cáucaso, Asia Central y el gran Oriente Medio. Un Azerbaiyán vinculado a Turquía y a EEUU impediría a Rusia el monopolio de acceso a la región. Por otra parte, para EEUU jugar la baza de Azerbaiyán significa tener en las manos un dispositivo potencial de conflicto con Irán impagable: los 20 millones de azeríes (casi un tercio de la población) que viven en la región noroccidental de Irán. Este mismo año, en su segunda visita al país en apenas 10 meses, Rumsfeld confirmaba la financiación norteamericana de dos sofisticadas estaciones de radar en las fronteras con Rusia e Irán.

No es por eso extraño que mientras los observadores desplegados por la UE hayan denunciado múltiples fraudes, palizas y detenciones a los candidatos de la oposición, militares en las puertas de los colegios electorales diciendo a los votantes por quienes deben votar, compra de votos o cambio de urnas, los observadores norteamericanos se mostraran satisfechos por el “carácter democrático y la transparencia de las elecciones”.

A. Lozano

La región con capacidad para convertirse en la mayor abastecedora potencial de petróleo en el mundo tiene su centro geográfico en el Mar Caspio. Bakú, capital de Azerbaiyán es el nudo donde se entrecruzan tanto las rutas de los distintos oleoductos como los intereses geoestratégicos de las grandes potencias mundiales.