INTERNACIONAL |
|||
|
Como habíamos repetido
en numerosas ocasiones desde estas mismas páginas, un documental
de la televisión pública italiana, la RAI, ha confirmado
que el ejército norteamericano usó en el asalto a Faluya
bombas de fósforo blanco, una sustancia que al explotar se expande
en un radio de 150 metros quemando el cuerpo y “derritiendo la carne
hasta los huesos” como han descrito soldados norteamericanos presentes
en Faluya y que hablaron para el documental “La masacre escondida”.
En él se muestran también imágenes y fotografías,
tanto de combatientes como de civiles, afectados por el MK77, una versión
modernizada del napalm, sustancia empleada en los bombardeos de Vietnam
y que hace que las llamas se peguen a la piel. Un biólogo de Faluya,
Mohamad Tareq al-Deraji, afirma en sus declaraciones que “una lluvia
de fuego cayó sobre los edificios, la gente alcanzada por estas
sustancias de diversos colores comenzó a arder, encontramos a personas
muertas con extrañas heridas, con los cuerpos quemados y las ropas
intactas”.
Si la pasada semana eran las milicias armadas palestinas las que anunciaban el fin del alto el fuego tras el asesinato por el ejército israelí de dos dirigentes de la Yihad Islámica, ahora es la Knesset, el parlamento israelí, el que acaba de propinar un nuevo golpe a Ariel Sharon tras rechazar el nombramiento de dos de sus partidarios como nuevos ministros del gabinete. “No podemos continuar así. Si el primer ministro no tiene el apoyo de su propio partido, no habrá más remedio que ir a unas elecciones anticipadas”, declaraba a continuación el ministro de Asuntos exteriores israelí. Los halcones del partido de Sharon, encabezados por Netanyahu, muestran su intransigencia cada vez con más dureza tras la retirada de los colonos israelíes de Gaza. Pese a que en el seno de la sociedad israelí una amplia mayoría aprobó la retirada, sin embargo en el Likud la correlación de fuerzas es exactamente la inversa. Por lo que no es descartable o bien una ruptura, o bien un cambio de línea que ponga el partido gobernante en manos de los halcones. En cualquiera de los dos casos, un obstáculo más que añadir a una hoja de ruta –en la que la diplomacia norteamericana tiene puestas todas sus esperanzas de pacificación en la región – que cada día que pasa encuentra nuevas dificultades. |
|
||