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Grupo Prisa lanza la TV “Cuatro” En el “modelo Berlusconi” los medios de comunicación se convierten en el medio principal para alcanzar (y conservar) el poder |
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| Desde el Renacimiento, Italia es uno de los laboratorios políticos más importantes de Occidente. Allí se imaginan, crean y experimentan fórmulas políticas que luego trascienden sus fronteras para generalizarse por todo el mundo occidental. Recorrer históricamente esta experiencia sería interminable, pero sí cabe citar algunos ejemplos recientes que confirman suficientemente este aserto. En Italia se gestó, por ejemplo, el fascismo (el “fascio”), obra de Mussolini, y no como se cree de Hitler. Allí el PCI inventó el “eurocomunismo”. Y desde hace algunos años está en ensayo un nuevo modelo de control del poder político por la vía, previa, del control de los medios de comunicación, fundamentalmente de la TV. No es que el poder político, según el modelo tradicional, utilice a su servicio los medios de comunicación públicos o intente mediatizar también los privados. Es al contrario. Los medios de comunicación se convierten en el medio principal para alcanzar (y conservar) el poder político. Es el “modelo” de Berlusconi, que a través de su imperio mediático, Mediaset, que incluye el control de la mayoría de las televisiones y otros medios en Italia, ha logrado alcanzar por dos veces el poder en Italia e imponer así una determinada línea política en una de las más importantes naciones de Europa. El “modelo Berlusconi” –aunque acervamente criticado por casi todos– comienza a hacer furor en media Europa. La construcción de ingentes grupos mediáticos con ambiciones de poder es ya una realidad en la mayoría de los países europeos. En España, el más adelantado de todos los grupos en esa vía es, sin duda, el Grupo Prisa, que comanda el oligarca Jesús de Polanco. Prisa, que comenzó su andadura durante la transición en torno al diario El País es ya hoy (treinta años después) un megamonopolio de los medios que controla no sólo al diario más vendido sino un sinfín de otros periódicos (As, Cinco días, diarios regionales y locales) y revistas; controla la Cadena Ser (con más de cinco millones de oyentes) y varias cadenas más, nacionales y locales, de radio; es dueña de un importante grupo editorial, del que forman parte, entre otras, Santillana y Alfaguara; ocupa un lugar de privilegio en la industria discográfica y cinematográfica del país; y disponía, hasta el pasado 7 de septiembre, de tres “cadenas” de televisión: la red local Localia, el monopolio de la televisión por satélite (Canal Satélite Digital) y Canal plus (canal analógico de pago, que emitía ciertas horas en abierto). Con la autorización del gobierno para lanzar una nueva cadena analógica, La Cuatro, el grupo Prisa da un paso más adelante en su afán de hegemonía absoluta, tratando de alcanzar la posición dominante en el único medio en el que hasta ahora no la tiene: la televisión. Las razones esgrimidas por el Grupo para solicitar la apertura de esta nueva cadena son chocantes: según ellos, se trata de “ampliar el pluralismo informativo”. Pero, ¿realmente se amplía el pluralismo dando más medios a quien ya tiene los más potentes altavoces mediáticos del país? ¿No será más bien que se reduce ese pluralismo cuando se amplían los medios de que dispone el más poderoso? ¿Se ampliaría la libertad de expresión y el pluralismo informativo en Italia dándole otra televisión u otro periódico o una nueva radio a Berlusconi? Pero la coincidencia de “modelo” –entre Prisa y Berlusconi– no se refiere sólo a la cantidad y a la concentración de medios en las mismas manos, sino también, y esencialmente, en la “finalidad” del grupo de medios, que no es otro –en ambos casos– que el control y dominio del poder político. El Grupo Prisa no es efectivamente un grupo de información cualquiera. No sólo marca una determinada línea de opinión sino que, a su vez, mantiene un elevado nivel de influencia, control y dominio sobre uno de los dos grandes partidos del modelo político español: el PSOE. Influye en su línea, juega un papel decisivo en la selección de su núcleo dirigente (su intervención fue clave en la defenestración, por ejemplo, de Borrell o de Nicolás Redondo) y es el activo más poderoso del partido en las batallas electorales (como se vio en las jornadas del 11 al 14 de marzo). El Grupo Prisa, que encabeza en España la política de alineamiento incondicional y sumisión al eje franco-alemán, es clave para que al frente del PSOE haya personas en sintonía con esa línea básica. Prisa es el baluarte esencial y el garante primordial de esa política. Con el lanzamiento del canal Cuatro y la búsqueda de la hegemonía televisiva, Prisa –a pesar de su prúrito de “progresía” y su barniz de “modernez”– se desliza a pasos agigantados por la vía de la “berlusconización”. Un grupo mediático que “quita y pone rey”. J. Albacete |
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