NACIONAL

Negociaciones sobre el presupuesto europeo
Bruselas contra España

Pintan bastos para España en Bruselas. Las negociaciones para fijar el Presupuesto europeo del período 2007-2013 amenazan con un recorte tan drástico de las ayudas a España que, de llevarse a cabo, nuestro país pasaría a convertirse en el “gran pagano” de la ampliación. De hecho, lo que Bruselas plantea es sencillamente una mera “transferencia” de los fondos que hasta ahora recibía España hacia el Este europeo, sin que los demás pongan un solo euro. Camuflado bajo “efectos estadísticos” o un supuesto aumento espectacular de la riqueza en España, los “grandes” pretenden endosarle a España la práctica totalidad de la factura de la ampliación.

Y la cosa amenaza con ponerse aún peor. Si hace seis meses, bajo presidencia luxemburguesa, ya se anunció una reducción traumática de los fondos de cohesión y de los fondos estructurales para España que, en concreto, suponía pasar de 59.000 millones de euros (correspondientes al período 2000-2006) a sólo 7.800 (para el período 2007-2013), la presentación de un nuevo proyecto, aún más austero que el anterior, por parte de la actual presidencia británica, reduce todavía en otros 1.000 millones de euros la cantidad que España recibiría en ese período. Esta nueva “vuelta de tuerca” británica está siendo ávidamente aprovechada por Zapatero y sus “media” para sumarse al carro francés y tratar de culpar a Blair y a Gran Bretaña de los recortes previstos. Pero la realidad es que todo esto viene de más lejos y no incumbe sólo ni principalmente a las “rebajas” británicas.

Las rebajas de “los seis”

En efecto. A principios de año, y conforme se acercaba el momento de iniciar las negociaciones y de poner cifras concretas a los nuevos presupuestos –los primeros de la nueva Europa ampliada a 25, es decir, con diez nuevos estados dentro– se constituyó una insólita “alianza de los ricos” –el llamado “grupo de los seis”– con el único propósito de “contener el gasto de Bruselas”. Integrado por Francia, Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Austria y Suecia, el grupo exigía fijar el límite de los gastos del Presupuesto comunitario en torno al 1% del PIB europeo, lo que en los hechos suponía que la “ampliación” debía financiarse sin que ellos pusieran un euro más: el dinero debía salir de otra parte.

Las razones que inspiraron la creación de este grupo y su filosofía restrictiva no eran las mismas para todos. En los casos de Francia y Alemania, cuyas cuentas públicas están desbocadas desde hace años, incumplen sistemáticamente los criterios del Plan de Estabilidad y viven profundas crisis económicas y sociales internas, las razones esenciales para “cerrar el grifo” eran puramente económicas e internas. Con un déficit que ahora reconocen que alcanza el 120% del PIB (2,2 billones de euros), Francia está literalmente al borde del crack económico. Y Alemania, regida ya por una coalición sólo admisible para “tiempos de excepción”, se ha visto obligada a incrementar el IVA al 19% para poder cuadrar sus cuentas públicas... dentro de unos años. Los despilfarros de la política de “grandeur” chiraquista o del costosísimo modelo social del “capitalismo renano”, han conducido a una situación de alto riesgo a las finanzas públicas del eje franco-alemán, que ya no dan más de sí. En estas circunstancias, Francia y Alemania han decidido no poner ni un euro más en el Presupuesto europeo: los nuevos gastos deben pagarlos otros.

Las razones de Gran Bretaña indudablemente son otras. Económicamente Gran Bretaña marcha bien y no soporta los agobios presupuestarios de franceses y alemanes. En su caso, su interés es más bien de tipo político y estratégico: su opción es adelgazar, reducir, minimizar Europa, impedir que tome cuerpo político y pueda convertirse en rival estratégico de EEUU.

En cuanto a los otros (Suecia, Austria, Holanda) su negativa a aportar más obedece simplemente a que ya son los mayores contribuyentes netos. Y no están dispuestos a pagar más. Las presiones de este todopoderoso grupo hicieron que ya el Presupuesto comunitario presentado hace seis meses por la Presidencia luxemburguesa supusiera un drástico recorte de las previones de gasto, desde el 1,25% del PIB comunitario que pedían la Comisión y el Parlamento europeo (en la línea de lo que había sido hasta ahora el gasto comunitario, más la cantidad adicional que implicaba la ampliación) a un escueto 1,06%. Así dicho no parece una reducción muy importante, pero en realidad estamos hablando de un ahorro de algo más de 200.000 millones de euros en 7 años, o lo que es lo mismo: 30.000 millones de euros anuales. Y a eso hay que añadir el nuevo tijeretazo de Blair, que reduce ese 1,06 al 1,03% del PIB e implica un ahorro de otros 22.000 millones de euros.
Con semejante reducción de los fondos comunitarios, ¿quién va a pagar los gastos inexorables de la ampliación? Si los países ricos no van a pagar un euro más –y esto parece ser algo ya asumido por Bruselas– , el dinero para los nuevos países comunitarios sólo puede salir de quitárselo a los que hasta ahora lo recibían, es decir, de los fondos estructurales y de cohesión que recibían los países más pobres. Y entre ellos, y en primer lugar, está España, que según los planes de Bruselas perderá los próximos 7 años 50.000 millones de euros. La mitad de lo que se pretende transferir en ese período a los nuevos socios comunitarios.

El negocio del siglo

Con esta retirada de fondos a España, los “grandes” de la UE habrán hecho con nuestro país un negocio redondo, el negocio del siglo.
Ciertamente el dinero comunitario ha permitido prosperar y desarrollarse a España y dotarse de ciertas infraestructuras de las que carecía. Pero esto no es nada comparado con lo que han sacado de ello, sobre todo, Francia y Alemania. Se calcula que más del 40% de los fondos recibidos por España en los últimos 20 años han ido directamente a la compra de bienes y servicios alemanes y franceses, lo que bien mirado podría considerarse una forma encubierta de subvencionar a las industrias alemanas y francesas. Además, en este período, Francia y Alemania han lograddo una posición dominante en muchos segmentos cualitativos del mercado interior español. Gracias a ello, sólo Alemania tiene un superavit comercial con España por encima de los 14.000 millones de euros, mucho más que los 8 ó 9.000 millones de euros que España ha venido recibiendo anualmente de la UE los últimos años.

En pocas palabras, las ayudas de la UE a España han servido para crear un poderoso mercado en gran medida cautivo, donde los monopolios franceses y alemanes ocupan una posición de privilegio y obtienen beneficios multimillonarios. Alcanzado ese punto, prácticamente ya irreversible, y dado su interés en potenciar ahora nuevos mercados cautivos también en el Este europeo, se retiran las ayudas a España... ¡y santas pascuas!

En definitiva, tampoco se trataba de que España pudiera llegar a convertirse en otra potencia media europea. ¡Eso, ni soñarlo!
Difícil papeleta le queda, pues, a Zapatero en las negociaciones que se avecinan. Toda su polítia exterior (y buena parte de la interior) se ha basado hasta ahora en su famoso “retorno al corazón de Europa”. ¿Cómo se compagina esa fidelidad incondicional al corazón de Europa (es decir, a Francia y Alemania) con el hachazo presupuestario que están preparando contra España? ¿Ese es el premio a su inquebrantable fe europeísta?  El gobierno español no puede bajo ningún concepto asumir este nuevo trágala europeo, y no le puede temblar el pulso a la hora de vetar un presupuesto que es un ataque directo a los intereses del pueblo español y al futuro de nuestro país.

Y la lengua, y ETA...

Los ataques de Bruselas a España en los últimos tiempos no se acaban en los previstos recortes presupuestarios que pretenden dejarnos prácticamente sin fondos de cohesión ni estructurales. Hace unos días, y con motivo de un reajuste del número de traductores de la UE, Bruselas pretendía rebajar el nivel del español al del eslovaco o el maltés, con el peregrino argumento de que el español es la lengua materna ¡de sólo 30 millones de españoles! ¡La UE utilizando una tesis de Carod-Rovira para atacar el español! Y para completar el tercio, la UE se amparó en el famoso “es un asunto interno” para no rechazar y condenar la última añagaza de ETA de utilizar al Parlamento y a la Comisión Europea en su “estrategia de paz”. Sencillamente, intolerable.

J. Albacete

Almunia, comisario europeo de Economía, y Gordon, ministro inglés de Economía: malas caras ante una negociación europea que pinta muy mal para España.