EDITORIAL INTERNACIONAL

La administración Bush ante el conflicto irakí
¿Hasta la victoria final?

The New York Times ha empezado a comparar la situación de Bush con la de Johnson en los sesenta y la de Nixon en los setenta; lo que entonces se conoció como la vietnamización, ahora es la iraquización. Y lo que hace 60 años fue un rotundo fracaso, también planea sobre Irak

La línea Bush ha pasado de tener un colchón estratégico después del 11-S a vivir del día a día, dependiendo ya, como los entrenadores que ven alejarse los objetivos que se habían propuesto al principio de temporada, de los resultados inmediatos.

Los asesores del presidente se dan por contentos si con el discurso del presidente en la Academia Naval de Anápolis han podido, al menos ganar cierto tiempo y margen de confianza, a la espera de que las elecciones iraquíes del día 15 de diciembre alumbren alguna perspectiva de salida a la situación de sangría que vive el país.
En su discurso ante los marines Bush repitió que “no aceptará nada menos que no sea la victoria total”. Pero lo prometido ya no está en sus manos, sino en el desarrollo y los resultados de la triple crisis que cerca al gobierno de los actuales ocupantes de la Casa Blanca. La crisis político-militar en Irak, donde las tropas norteamericanas están cada vez más empantanadas. La crisis de liderazgo interno. Y la crisis económica.

La nueva “Estrategia Nacional para la victoria en Irak”propuesta en su discurso sobre la retirada de tropas estadounidenses (“Abandonaremos de forma creciente las ciudades, reduciremos el número de bases desde las que operamos y llevaremos a cabo menos patrullas y convoyes.” ) suena a increíble en medio de las escaramuzas de la insurgencia y los atentados de los partidarios de Al Qaeda, hasta el punto de que el The New York Times ha empezado a comparar la situación de Bush con la de Johnson en los sesenta y la de Nixon en los setenta; lo que entonces se conoció como la vietnamización, ahora es la iraquización. Y lo que hace 60 años fue un rotundo fracaso, también planea sobre Irak, pocos dan credibilidad a que, si las cosas siguen evolucionando igual, en 2008 toda la seguridad militar pueda estar en manos de las fuerzas iraquíes preparadas por Estados Unidos. Si las elecciones pueden alumbrar alguna perspectiva mejor es aún pronto para saberlo, pero todas las cautelas son pocas.

En el interior, Bush no levanta cabeza en las encuestas. Seis de cada diez norteamericanos creen que el presidente no tiene una estrategia consistente; en su intento por frenar la erosión popular ha tenido que admitir cada vez más errores: la corrupción en el gobierno iraquí, la infiltración en la policía y que la reconstrucción no va a la velocidad prevista. Los vuelos secretos dela CIA y las cárceles secretas en países de la Europa del Este, se ha convertido en un nuevo frente de deterioro de la línea Bush, utilizadas por los sectores de la clase dominante opuestos a seguir por este camino. Como las torturas de Abu Grahib, han sido aireadas por la cadena ABC y el The Washington Post

En el terreno económico todas las iniciativas del gobierno Bush (como la reforma de la Seguridad Social) están paralizadas. La agudización imparable del déficit fiscal y el déficit exterior, junto con el creciente endeudamiento de las familias (crece a un ritmo un 60% más que el PIB), está acelerando la desaparición de importantes sectores de las clase medias. Un estudio del The Economist habla de un “notable índice de malestar”, agrado por las consecuencias que aún perduran de la gestión del huracán Katrina.

El otro factor que puede suponer un balón de oxigeno par la línea Bush, una nueva fase en las relaciones entre Alemania, y por lo tanto entre la UE y EEUU, está todavía en fase de incubación, a pesar de los esfuerzos hechos por Condoleezza Rice en su gira europea, y el gesto hacia sus socios europeos de asumir el respeto a los convenios internacionales contra la tortura por el turbio asunto de los vuelos clandestinos de la CIA y el traslado de prisioneros al margen de la legalidad internacional a las prisiones secretas en países del Este. Asunto que amenaza con provocar, si no la primera crisis del nuevo gobierno en Alemania, si se confirma que el ministro de Exteriores socialdemócrata, Frank Walter Steinmeier, estaba al corriente de los vuelos de la CIA, sí al menos, el primer escándalo.

El Consejo de Administración de la línea Bush está cada vez más preocupado. Su entrenador, Bush depende de los resultados cada vez más.

¡Adelante!, ¡Por aquí!... ¡Hasta la victoria final!