SELECCIÓN DE PRENSA


El declive del poder estadounidense

Es sorprendente constatar cómo ha cambiado el panorama global. Estados Unidos, sea cual sea su grado de popularidad, ha sido capaz de fijar la agenda internacional, controlar el rumbo de la política exterior global y utilizar sus numerosos métodos y recursos de poder para imponer su voluntad al resto del mundo a lo largo de los últimos cinco años (...)

Pero todo esto ha cambiado y lo ha hecho tan sólo seis meses después de la victoria electoral de George W. Bush hace un año. Factores de orden interno han pesado sin duda en gran medida en el menguante poder de Bush: la deficiente gestión del huracán Katrina, el rechazo de sus planes de privatización de la seguridad social y los escándalos políticos a altos niveles en el seno de su propio partido. Resulta irónico que mientras los fracasos de Bush en casa resultan discretos en comparación con la magnitud de los sufridos en el exterior, los reveses y contratiempos internos han desempeñado un papel mucho más importante a la hora de hacer saltar la capa de teflón con que Bush se protegió tras los acontecimientos del 11-S. El presidente ha dejado de ser inmune a críticas o ataques tras un periodo de cuatro años a lo largo del cual escasos críticos, incluida la prensa estadounidense, se han atrevido a cuestionar o a desafiarle a él o a sus políticas. Estados Unidos, al fin y al cabo, estaba en guerra.

Pero el caso es que el fracaso en el ámbito interno abrió la puerta a las críticas a la política exterior, e Irak se ha convertido en su principal talón de Aquiles. Mientras la victoria disculpa todos los errores, el fracaso abre la puerta a la crítica, la reconsideración y la atribución de responsabilidades. Los expertos en política exterior y la mayoría de los observadores fuera de Estados Unidos han comprendido seguramente el deterioro de la posición estadounidense en Irak hace un año o más en tanto que la opinión pública norteamericana no ha empezado a comprender la magnitud del fracaso hasta fecha reciente. El goteo incesante de víctimas entre las filas de los soldados estadounidenses en Irak y las revelaciones sobre los informes falsos de los servicios de inteligencia sobre las armas de destrucción masiva han herido y afectado al presidente. El apoyo al presidente en los sondeos de opinión se sitúa actualmente en niveles que rondan el 30% y constituye un factor que debilita al propio tiempo las iniciativas políticas de Bush en el extranjero. El proyecto neocon de permanente y continuada expansión del poder y hegemonía mundial estadounidense se ha desmoronado (...)

En consecuencia, Estados Unidos ya no cuenta con el respeto –incluso el temor– de la mayor parte del mundo. Evidentemente, el poderío militar estadounidense no tiene rival. Pero, a menos que se desate una guerra real y efectiva en el campo de batalla, las fuerzas armadas norteamericanas apenas pueden remediar los efectos de los reveses propios del terreno diplomático. Naturalmente la economía norteamericana es muy potente, pero la fórmula estadounidense para articular un orden económico global ya no ejerce la influencia de que gozó.

Las aspiraciones de Washington a instaurar un fuerte y sólido mundo unipolar han dejado de ser realistas. Es cierto que Estados Unidos sigue sin rival de carácter global, pero ya no puede actuar de forma independiente, y menos a medida que el poder e incluso el respeto de que gozaba Bush se han ido desvaneciendo (...)

GRAHAM E. FULLER (ex vicepresidente del CNI de la CIA)
La Vanguardia. 7-12-200


¿Hasta la victoria final?

Aunque nadie lo reconozca, en los círculos políticos de Washington existe un acuerdo sustancial en torno a la estrategia que ayer definió el presidente. Muchos congresistas demócratas coinciden con sus principales elementos. Los generales que trabajan con Bush han elaborado un calendario para la retirada de tropas y relevantes demócratas lo apoyan: ese plan prevé la reducción de los efectivos norteamericanos de 160.000 a 100.000 durante el año 2006. Pero esa estrategia implica el logro de una serie de éxitos en los próximos meses que se acerca a lo milagroso: la aparición de decenas de miles de militares iraquíes capacitados; el logro de un acuerdo político entre shiís, sunís y kurdos; la formación de un Gobierno democrático que funcione; la aceleración de la reconstrucción; una significativa caída de la insurgencia y la reducción en un 40% de las tropas norteamericanas. Pero ¿qué pasará si los líderes iraquíes rechazan el compromiso y quieren dividir el país en distintas partes? ¿Y si las tropas iraquís no logran controlar a la insurgencia en las zonas de las que se hagan cargo? Bush sigue subestimando la magnitud del desafío.

The Washington Post. 1-12-2005