INTERNACIONAL Siria Washington ya se prepara para, en la reunión del Consejo de Seguridad donde se haga público el informe completo, pedir cuentas al presidente sirio |
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El pasado 20 de octubre, el secretario general de la ONU recibía el demoledor informe del juez alemán Detlev Mehlis sobre el atentado de Beirut, en febrero de 2005, que costó la vida al ex primer ministro libanés Rafik Hariri. Según el informe, el asesinato se habría ordenado en septiembre de 2004 en una reunión en la que participaron el hermano y el cuñado del presidente sirio, Bacher El Assad, así como otros altos cargos del ejército y las fuerzas de seguridad de Líbano y Siria. Asimismo, el presidente libanés, el prosirio Emile Lahoud, habría recibido una llamada telefónica de uno de los autores del atentado justo dos minutos antes de que éste se produjera. Aunque el informe oficial no facilita estos nombres –que sin embargo sí han circulado profusamente por toda la prensa de Oriente Medio– debido a que aún debe verificar las declaraciones de algunos de los testigos, Washington ya se prepara para, coincidiendo con la próxima reunión del Consejo de Seguridad donde se haga público el informe completo, pedir cuentas al presidente sirio. Y no sólo –ni siquiera principalmente– por su complicidad en el asesinato de Rafik Hariri. Sino, sobre todo, por la permisividad de Damasco que, según EEUU, permite el tránsito por su frontera con Irak de los terroristas suicidas de Al Qaeda. Pese a que el Pentágono es consciente de que los “yihaddistas” extranjeros en Irak apenas representan un 10% del total de los insurgentes, la prensa norteamericana empieza a comparar la posición de Siria con la de Camboya en la guerra de Vietnam. Es decir, el lugar donde se refugiaban y se proveían de armamento las fuerzas del Vietcong. A lo largo del verano han sido frecuentes los intercambios de disparos entre las fuerzas fronterizas sirias y las tropas norteamericanas, mientras desde los círculos más extremistas de los halcones se anima a lanzar campañas de bombardeos selectivos en los territorios de la franja siria fronteriza con Irak. Sin embargo, la caída del régimen de Damasco no es necesariamente la mejor alternativa actual para Washington. Sobre todo por la inexistencia de una alternativa viable al régimen de El Assad. Por lo que parece ganar fuerza la idea de una salida “a la libia”. Es decir, salvar la cabeza del régimen pero a cambio de que abandone toda su influencia en Líbano, Palestina e Irak. Está por ver todavía la respuesta de Damasco. A. B. |
La caída del régimen de Damasco no es necesariamente la mejor alternativa actual para Washington. Sobre todo por la inexistencia de una alternativa viable al régimen de El Assad
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