ECONOMÍA El
G-7 y la Ronda de Desarrollo de Doha de la OMC “Es una cuestión de 300.000 millones de dólares (más de 60 billones de pesetas)”. Brown, ministro británico de Economía |
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“La Ronda Doha tiene como misión la eliminación de las barreras comerciales y el acceso de los países en vías de desarrollo y los países más pobres a los mercados globales”. Ser tan ingenuo como para creerse al pie de la letra la declaración final de la reunión del G-7 es como pretender que en los cuentos el Lobo es Caperucita. Los ministros de Economía y los Gobernadores de los Bancos Centrales de los siete países más ricos del mundo que forman el G-7, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Italia, Francia y Japón se han reunido para preparar la reunión de la llamada Ronda de Desarrollo de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en Hong Kong. En la que han tenido como invitados algunas de las principales economías emergentes, Brasil, India, China, Sudáfrica y Rusia. La reunión ha puesto de manifiesto dos cosas. Por un lado, las disputa dentro de los mismos países capitalistas desarrollados por los mercados mundiales. Estados Unidos, que no tiene ningún escrúpulo en exigir a los demás una cosa y luego hacer lo que más le conviene, y el Reino Unido encabezando el recorte de los subsidios agrícolas, sobre todo en la Unión Europea, a cambio de reducir los aranceles industriales en los países en vías de desarrollo; frente a Francia que se resiste a tocar las subvenciones agrícolas de la PAC. Por otro la militancia común de las principales potencias mundiales bajo la bandera de “la liberalización mundial del comercio”, con la que se proponen establecer unas reglas de comercio mundial que permita a sus respectivas multinacionales el libre acceso a los mercados de los productos industriales y de los servicios en los países en desarrollo. Según el ministro de Economía británico Gordon Brown, la cumbre de Hong Kong: “Es una cuestión de 300.000 millones de dólares (más de 60 billones de pesetas), sabemos que, de tener éxito, la inminente ronda comercial podría incrementar los ingresos globales en 300.000 millones de dólares en los próximos 10 años”. Evidentemente estamos hablando de 60 billones de las antiguas pesetas que irían a parar a los países más ricos, como reconoce un informe de la OCDE que calcula que el Producto Interior Bruto de estos países podría crecer hasta “un 3% adicional si se eliminan completamente las barreras comerciales”. Es tanta su voracidad que la sola idea de fracaso, como hace dos años en Cancún, ha movido a los tiburones de la economía mundial a tratar de diseñar una estrategia unificada para doblegar la voluntad de los países del Sur que en Cancún se negaron en bloque a las imposiciones de EEUU y la UE. La agricultura como moneda de cambio Aunque la agricultura sigue presentándose como el asunto principal a tratar en las cumbres de la Ronda Doha, no es verdad ni que eso sea lo que más interesa a las potencias más desarrolladas, ni que con la eliminación de los subsidios agrícolas se vaya a resolver el problema del “acceso de los países más pobres a los mercados mundiales”. La agricultura se utiliza fundamentalmente como moneda de cambio y chantaje de los países más ricos con respecto al resto, para obtener de los países en vías de desarrollo mayores beneficios en los demás sectores, la industria y servicios, incluyendo los servicios financieros y la propiedad intelectual. En el conjunto de intercambios mundiales, el comercio internacional alimentario sólo representa el 7% del total de las transacciones comerciales mundiales. Y en la UE la agricultura sólo representa el 2% del PNB. Con ese 2% del PNB juega la UE para obligar a los países emergentes a abrir sus mercados de productos industriales y de servicios a los fabricantes multinacionales y suministradores de servicios que representan el 71% del PNB de la Unión Europea. Cuando los ministros de Economía de los Estados Unidos y del resto del G-7 piden a los países industrializados que “abandonen el proteccionismo agrícola para que las naciones en vías de desarrollo accedan más fácilmente a los mercados mundiales”, lo que están es ofreciendo una minúscula concesión a cambio de barra libre para ocupar su economía y sus mercados. Por eso no son pocas las organizaciones internacionales que exigen la negociación por separado de cada sector, lo que evitaría tanto que un sector como la agricultura se utilice para chantajear a los países más necesitados, jugando con sus cultivos más elementales; como las consecuencias de ese chantaje también en la economía de los sectores más débiles (pequeñas explotaciones familiares) de los países desarrollados. Intermón Oxfam denuncia en su informe sobre la Ronda Doha como los países más ricos han incumplido las promesas que hicieron hace cuatro años, “piden más y más a los países en vías de desarrollo a cambio de muy poco”. Bajo el signo de la desconfianza por los fracaso reiterados por las promesas incumplidas, Brasil y la India se han ofrecido a conseguir un acuerdo de mínimos en Hong Kong, aceptando rebajar sus aranceles industriales a cambio de que los países ricos de Europa y Estados Unidos fijen un calendario para eliminar los subsidios a la exportación, que benefician sobre todo a EEUU, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y los Países Escandinavos.
Contra las imposiciones de los países ricos del Norte en la cumbre de Hong Kong Diferentes organizaciones sociales, sindicales y ONGs españolas han publicado un manifiesto denunciando la utilización de la OMC por una minoría de países desarrollados en beneficio de sus respectivas empresas multinacionales y centros financieros. “En nombre de la liberalización comercial, provocan el desplome de los precios agrarios internacionales, privatizan y se apoderan de las fuentes de energía y los servicios públicos... El impacto sobre las poblaciones campesinas, ganaderas y trabajadores rurales sin tierra es terrible, les impide tener una vida digna y obliga a millones de personas a emigrar del campo a la ciudad y a los países desarrollados donde se convierten en “esclavos” de su economía... Ningún país es estable sin una política tendente a fortalecer su propia estructura económica y social interna... Ningún pueblo alcanza su bienestar si se le roba sus riquezas, si su economía depende del exterior... Las reglas impuestas por la OMC no solucionan la pobreza y la exclusión que padece el 70% d la Humanidad... Pedimos: - La paralización de las negociaciones comerciales de la OMC hasta tanto no se efectúen unas evaluaciones sociales, laborales, ambientales, económicas y de género de los acuerdos ya adoptados desde 1995. - Que la agricultura y la alimentación salgan definitivamente de la OMC, y que su tratamiento sea debatido en el marco de la FAO como organismo específicamente destinado a estos temas por las Naciones Unidas... - La eliminación del dumping en las exportaciones agrarias... y rechazamos la actual PAC de la UE... y abogamos por un mejor reparto social y económico de las ayudas destinadas a las pequeñas y medianas explotaciones agrícolas en Europa y frenar el despoblamiento del campo. - Que las inversiones extranjeras en cualquier país estén sometidas a la legislación nacional y sirvan para impulsar, en primer lugar, la inversión y la industria locales... - Exigir el compromiso a los países de la OMC para que se vean obligados a comprometer de manera simultánea un número mínimo de servicios, fundamentalmente de infraestructuras (agua, electricidad, gas, transporte, telecomunicaciones...)... promoviendo convenios con entidades públicas del país para garantizar el acceso de la población a los servicios esenciales...” Firman el manifiesto, entre otros: Coordinadora de Organizaciones Agrarias y Ganaderas (COAG), Sindicato de Obreros del Campo, Ecologistas en Acción, Cáritas Española, Sociedad Española de Agricultura Ecológica, Veterinarios sin Fronteras, Confederación Estatal de Consumidores y Usuarios, CERAI, Amigos de la Tierra... F. Huertas |
Los ministros de Economía del G-7. La sola idea de fracaso, como hace dos años en Cancún, les ha movido a diseñar una estrategia unificada para doblegar la voluntad de los países del Sur.
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