EDITORIAL NACIONAL

Escandalosas subidas de precios:
Subidas de monopolio

Los trabajadores acabamos el año un 2% ó un 3% más pobres. Por el contrario, las ganancias de la oligarquía financiera, de sus grandes empresas y monopolios, se multiplican y comienzan el año un 20% más ricos

Desde el primero de enero el gasto medio de las familias españolas ha subido, ya de entrada, más de un 5 por ciento. Las escandalosas subidas de los precios en los productos básicos, impuestos por la oligarquía financiera y los grupos monopolistas, pero aprobados por el gobierno de Rodríguez Zapatero, rebajan significativamente el poder adquisitivo de las clases populares, que tendrán muchas más dificultades para mantener un mínimo nivel de bienestar.

Subidas del 8% (más de 30 euros mensuales) en las hipotecas; del 6% en el recibo de la luz; subidas acumuladas del 22% en año y medio en el gas natural; más del 10% en la bombona de butano; del 6% en el transporte y el agua; junto a un incremento del IPC muy superior al crecimiento de los salarios y un crecimiento imparable del empleo precario (el 90% de los contratos firmados este año han sido temporales); reducen el porcentaje de riqueza social disponible de los trabajadores, que acaban el año un 2% o un 3% más pobres. Por el contrario, las ganancias de la oligarquía financiera, de sus grandes empresas y monopolios, se multiplican y comienzan el año un 20% más ricos. Por tercer año consecutivo, las grandes empresas que cotizan en bolsa, agrupadas en el Ibex 35, anuncian beneficios cercanos o superiores al 20%. La banca vuelve a acumular el mayor volumen de beneficios y a superar su propio record, 18.000 millones de euros (3 billones de pesetas) en 2005, con el BSCH de Botín a la cabeza, que se llevará 1 de los 3 billones de pesetas. Las constructoras, con crecimientos porcentuales superiores al 65% ó 70%, siguen amasando fortunas a costa de la especulación inmobiliaria y los presupuestos de las obras públicas. Las eléctricas, petroleras, y empresas de gas natural ganan miles de millones de euros, mientras reclaman que se les compensen las subidas del petróleo con nuevas subidas de precios para ganar aún más.

El descenso de la confianza de las clases populares en el gobierno, y en el futuro, que recogen las encuestas no es accidental, sino el reflejo de esa doble realidad. De constatar que, mientras el gobierno de Zapatero aparece cada vez más implicado en una gestión económica favorable a los intereses de los grandes centros del poder económico, los auténticos centros del poder en última instancia, las clases populares siguen instaladas en el endeudamiento familiar, sometidas a fuertes subidas de precios y condenadas ala precariedad laboral y salarial. Desde Aznar, y ahora con Zapatero, el problema principal no es el paro, no tener donde trabajar, o mejor dicho donde te exploten, sino que más del 60% de la población tiene que trabajar y vivir en condiciones precarias.

Zapatero no sólo no ha roto con el modelo económico heredado de Aznar, como prometía, sino que lo ha profundizado. Su política de “reformas mínimas” (mínimas mejoras, subida del salario mínimo o las mínimas pensiones…) ni compensa, ni puede ocultar, el asalto a las condiciones de vida y los bolsillos del conjunto de la población trabajadora, para beneficio del capital monopolista nacional y extranjero. Es esa vinculación y dependencia del gran capital financiero, de la oligarquía española y de las burguesías monopolistas del “corazón de Europa” sobre todo, lo que le impide abordar las transformaciones imprescindibles para cambiar el modelo, ya que tendría que pasar a desarrollar una política para limitar su poder y sus beneficios desorbitados en beneficio de las clases populares, al fin y al cabo la inmensa mayoría de su base electoral, que así se lo exigía en la noche electoral con el “¡no nos falles!”, y lo sigue exigiendo en las encuestas cuando manifiesta su desconfianza en el futuro, si no hay un cambio de rumbo, también en la política económica.

La llegada de España a las puertas del G-8, el grupo de países más desarrollados, no puede seguir haciéndose a costa de la superexplotación de los trabajadores y de esquilmar hasta el último céntimo de euro de sus bolsillos; mientras la oligarquía y las multinacionales alemanas, francesas o norteamericanas multiplican sus beneficios. Es preciso cambiar el modelo económico de verdad con una política económica nacional y de clase. Nacional, porque mantenga una línea de firmeza frente a las imposiciones de Bruselas, las multinacionales y de los propios clanes oligárquicos, que subordinan los intereses de conjunto del país a los suyos propios. De clase, porque se aborden transformaciones que impliquen a los trabajadores en la gestión del empleo y la riqueza social, y se aborden las reformas necesarias para poner fin a la precariedad y a la política de precios monopolistas sobre la población.