EDITORIAL NACIONAL Polémico
Estatut de Cataluña: Lo que hay en juego, y ésa es la batalla, es la defensa de la libertad y de la unidad, frente a los proyectos que unen la disolución o fragmentación de nuestro país, separando las nacionalidades del resto de España, con el desarrollo de regímenes nacionalistas cada vez más sectarios y excluyentes. |
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| Dice Nicolás Redondo Terreros, en la entrevista que publicamos en páginas interiores, que “ahora el problema no son los nacionalistas, sino que el problema está en nosotros”, refiriéndose, sobre todo, al PSOE y, por extensión, al conjunto de la izquierda. Y lleva razón. Una parte sustancial del futuro, no sólo inmediato sino por décadas, del país nos lo jugamos este año en cómo se desarrolle la batalla que hay planteada en torno al Proyecto de Estatuto para Cataluña presentado en el Congreso. Pero ante todo, hay que dejar claro que ésta no es una batalla por el Estatuto, como quieren hacernos creer los nacionalismos excluyentes e insolidarios y Maragall y el sector del Partido Socialista empantanado en la deriva nacionalista. Nadie, ni siquiera la derecha, cuestiona el desarrollo de la España plural y la ampliación del autogobierno de las nacionalidades y regiones de España. Lo que hay en juego, y ésa es la batalla, es la defensa de la libertad y de la unidad, frente a los proyectos que unen la disolución o fragmentación de nuestro país, separando las nacionalidades del resto de España, con el desarrollo de regímenes nacionalistas cada vez más sectarios y excluyentes, con tintes totalitarios contra los que no comulgan con los presupuestos identitarios del régimen, como el impuesto en Euskadi en los últimos 20 años bajo la línea nazifascsita de los Arzallus, Eguibar o Ibarrtexe, en estrecha colaboración con el terrorismo etarra. Y que ahora se fomenta en Cataluña no sólo bajo las falanges radicales del independentismo catalán, especializadas en asaltar los actos de los intelectuales impulsores del Manifest y un nuevo partido no nacionalista, sino también con la imposición lingüística o la reinstauración de la censura por el Comité Audiovisual catalán, CAT, bajo el tripartito. Proyectos que no sólo, ni principalmente, se alientan por sectores de las burguesías y las élites políticas de las nacionalidades, sino desde el proyecto global de la llamada “Europa de los pueblos”, impulsado por el hegemonismo alemán que necesita disolver los Estados-nación europeos para integrar las diferentes comunidades resultantes en las estructuras europeas donde tiene asegurada la hegemonía. La unidad de todos los sectores
populares, de las fuerzas políticas, desde el PSOE e IU al PP,
y de los sectores sociales es una de las claves de esta batalla. Pero
el desarrollo final de la misma depende fundamentalmente, y ahí
tiene toda la razón Redondo, de la izquierda. De la izquierda patriótica
y democrática dentro del PSOE que tiene la responsabilidad histórica,
ante las propias bases de socialistas y votantes, y ante el conjunto del
pueblo español, de impedir el avance de una deriva que empieza
en el mismo Zapatero y el núcleo dirigente actual del PSOE, de
acuerdo con los principios socialistas y la propia historia del socialismo
español y la intelectualidad progresista de nuestro país.
Y de la izquierda y los sectores progresistas en general, estén
organizados (como los afiliados de Izquierda Unida, comprometidos también
a rebelarse contra sus propios Madrazos internos que colaboran con el
nacionalismo excluyente) o no. Con especial responsabilidad también
del mundo profesional, del arte, la cultura y la ciencia, como hicieron
contra la guerra o el terrorismo. |
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