| La reivindicación
de Ibarretxe de su plan en el mensaje de fin de año, dos días
después de que el PSE de Patxi López respaldara sus presupuestos
en el Parlamento vasco, es la mejor prueba de que el oxígeno que
recibe de la dirección de los socialistas sólo puede traer
una revitalización del nacionalismo étnico y excluyente
y alimentar lo peor del régimen nazifascista implantado en Euskadi.
Ahora adquiere aún más importancia la entrevista con Nicolás
Redondo Terreros, que se define como “vasco, español y de
izquierdas”, que publicamos en el número de diciembre de
Chispas, de la que extraemos la parte que hace referencia al País
Vasco.
De Verdad.- ¿Cómo
valora el apoyo de Patxi López a los presupuestos de Ibarretxe?
¿Estamos ante la confirmación de un cambio de estrategia
en el Partido Socialista de Euskadi?
Nicolás Redondo Terreros.- Hay dos elementos básicos
en la aprobación de los estatutos; uno estrictamente moral. Y otro
de carácter político. El moral se sustancia en una pregunta:
¿No es suficiente la justificación de las víctimas
del terrorismo para alejarse de ese presupuesto? Para mis compañeros
parece que no. Yo creo que si. Desde un punto de vista ético, esa
partida invalida los presupuestos.
Pero me interesa más en estos momentos el ámbito político.
A mi juicio, se confirma que el PSE ha desistido de llevar al PNV a la
oposición. El PSE puede pretender gobernar pero pretende hacerlo,
en cualquier caso, con los nacionalistas. Y si no fuera así, la
situación es todavía peor porque lo que pretenderían,
y algunos lo pretenden, –no creo que todo el partido– sería
gobernar con Batasuna para quitar al PNV. Pero la estrategia de llevar
al PNV, al nacionalismo, a la oposición después de tantos
años, esa ha terminado. El PNV es parte del problema. Lo que vemos,
lo más dramático, lo que nos golpea en la conciencia y en
el alma son los asesinatos de ETA. Pero el Partido Nacionalista es el
gran problema de nuestro país. El otro es un problema penal, éste
es un problema político; y , por lo tanto, el objetivo es llevar
al nacionalismo vasco a la oposición. Ése, que era el objetivo
de una estrategia de alternativa ya no es el objetivo de mi partido. Esto
es evidente. Un partido que termina aprobando los presupuestos del Gobierno
desiste de ser alternativa. Podrá decir a la gente lo que quiera,
pero la gente sabe que no tiene alternativa o peor todavía, que
no quiere tener alternativa. Y es peor no querer que no tener y, en este
caso, es que no quieren.
DV.- Resulta llamativo
en un momento en el que el PNV parece estar más debilitado que
nunca.
N.R.T.- Es verdad, el Plan
Ibarretxe sufrió un duro golpe electoral pero siguen mandando.
En un momento de mayor debilidad hemos hecho esto por miedo a la libertad.
Sigue predominando, en una gran parte de la izquierda española
y por tanto también el PSE, la reflexión de que todo iría
peor sin el nacionalismo. Y a la nueva generación de dirigentes
les pasa lo mismo, están prisioneros de la transición. Yo
decía “que el PNV se puede convertir en autonomista”
cuando todavía no teníamos todo el problema nacionalista
en frente. Ahora no creo que el problema sean los nacionalistas, como
creía hace tres años, ahora creo que el problema no está
en ellos sino en nosotros.
Todos los nacionalistas son igualmente radicales, lo que sucede es que
unos son más aventureros que otros. Mi teoría es que solo
la derrota de los nacionalistas haría que tuvieran una voluntad
más pragmática. El nacionalismo se ha ido envalentonando
de una forma brutal. Ha pasado de un nacionalismo ideológico en
los años de la transición a un nacionalismo funcionarial,
en el que no hay ya ningún ni contenido ni, por tanto, límite
ideológico. Van hasta el final como una apisonadora sin frenos,
“una administración en marcha” (que dicen ellos) que
va hasta el final. Solo la derrota hará que aparezcan menos aventureros,
aunque sean igualmente radicales.
DV.- ¿Cree
que, empezando por sus propias bases, hay una exigencia de cambio de rumbo
en el PSOE?
N.R.T.- En algunos socialistas, hay ya un problema de diagnóstico,
pero veo en otros una claudicación radical, una genuflexión
servil ante el nacionalismo. Y lo veo porque no hay proyecto ideológico.
Yo creo que sí hay esa exigencia de cambio de rumbo. La gente de
izquierda no se siente a gusto...Es decir, va bien la economía,
hay proyectos que decimos que son progresistas... Sin embargo hay descontento
porque la gente de izquierdas no quiere ver a su partido liado con las
políticas y las ambiciones de los identitarios. Es emocionante
el discurso que hace Prieto ante la escultura de Pablo Iglesias en Méjico
después de haber perdido la Guerra Civil: “tal vez me equivoqué
en no decir lo que tenía que decir cuando lo tenía que decir
y lo tengo que decir ahora fuera de España y vuelvo a repetir España,
España, España es mi país sin límites”.
La izquierda cuando pierde los contenidos esenciales del proyecto ideológico
busca con ansiedad la sustitución de esa carencia y termina recurriendo
al nacionalismo, o buscando el poder por el poder.
S. Casal
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Nicolás
Redondo Terreros: "mi objetivo era derrotar políticamente
al nacionalismo".
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