HISPANOS

Triunfo de Evo Morales en Bolivia

«Ahora es el momento. Ahora es cuando»

“El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados unos tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento...”

Gabriel García Márquez

Ahora es cuando ante los pueblos iberoamericanos se nos presenta la oportunidad y los recursos para asentar, frente a “esa fuerza más” del monstruo como lo llamó José Martí, los fundamentos, las vigas maestras, los pilares nuevos sobre los que levantar la futura gran patria del mundo hispano

“He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”.

(Ernesto Ché Guevara)

Cada siglo lleva en sí el germen de los sucesos que van a desenvolverse en el que sigue”, escribió el prócer argentino Bernardo Monteagudo a principios del siglo XIX en sus escritos acerca de la necesidad de crear una federación general entre los nuevos Estados Hispano-Americanos. Los hechos han confirmado su aguda reflexión.

El primer tercio del siglo XIX trajo el desmembramiento del mundo hispano, su división en múltiples unidades fragmentarias. Dinamitar los lazos entre la península ibérica e Iberoamérica, por un lado, y por el otro fragmentar, dividir y enfrentar entre sí a las diversas naciones hispanoamericanas, fue la espada de doble filo usada por el imperialismo –primero el inglés y el francés, luego el norteamericano– para dominar y gobernar al mundo hispano. A lo largo de los siglos XIX y XX todos hemos arrostrado sus consecuencias. Primero México, después el Caribe, Filipinas, América Central. Inmediatamente la región Andina, el Cono Sur, el África portuguesa,... Tampoco España y Portugal han escapado a este destino de opresión y dominio. A mayor fragmentación, mejores condiciones para que el imperialismo nos impusiera su esclavizadora órbita.

Desde que el imperio es Imperio y sabe que uno de sus enemigos estratégicos potencialmente más peligroso lo constituye el mundo hispano. Y por eso desde el Departamento de Estado hasta la CIA o el Pentágono han puesto siempre un especial cuidado, no sólo en abortar por todos los medios –legales e ilegales, pacíficos y violentos, abiertos y clandestinos– cualquier intento individual de escapar a su yugo, sino también en echar abajo cualquier puente que pudiese volver a restablecer algún género de unidad efectiva entre las partes.  Sin embargo, el mundo hispano inicia el tercer milenio con una sucesión de acontecimientos extraordinarios. Si hasta hace unos pocos años Cuba resistía en solitario –con esa tenacidad y valentía, con esa dignidad y orgullo que constituye una raíz común al modo de ser de los pueblos del mundo hispano– los furiosos embates del imperialismo, hoy la situación ha dado un giro espectacular. Venezuela, Brasil, Bolivia, pero también Argentina o Uruguay, se han sumado, de un modo u otro, de manera más o menos consecuente, al impetuoso caudal de la lucha antiimperialista. Buscando, al mismo tiempo que ser dueños de sus recursos y su destino, forjar en la unidad iberoamericana la mejor herramienta para hacer frente a las acometidas del imperialismo yanqui. Y al igual que ocurre en la naturaleza, también en el orden social y político cada período extraordinario anuncia una época inmediata de fenómenos nuevos y de combinaciones prodigiosas.

“Uno a uno nos devoran, pero con todos juntos no pueden” dijo Fidel Castro en la Cumbre Iberoamericana de La Habana de 1999. Seis años después, el entusiasmo de los pueblos oprimidos de Iberoamérica, la fuerza de sus pasiones, los recursos de su coraje empiezan a hacer realidad la descomunal potencia creadora de esa profética sentencia.

“El tercer milenio será de los pueblos, no del imperio. Ha llegado un tiempo nuevo, el tiempo de los pueblos latinoamericanos” ha dicho Evo Morales la misma noche de su arrolladora victoria electoral en Bolivia. No podemos estar más de acuerdo. Ahora es el momento...

Ahora es cuando...

Ahora es cuando ante los pueblos iberoamericanos se nos presenta la oportunidad y los recursos para asentar, frente a “esa fuerza más” del monstruo como lo llamó José Martí, los fundamentos, las vigas maestras, los pilares nuevos sobre los que levantar la futura gran patria del mundo hispano. La idea de crear la “patria grande”, de construir la gran nación de los pueblos iberoamericanos –que además de lengua e historia, raíces y estirpe comunes, compartimos también unos mismos intereses– bulle en el mundo hispano y debe crecer, agigantarse y expandirse en el mundo.

Si ellos tienen sus padres de la patria, sus padres fundadores, nosotros tenemos los nuestros. Si los suyos son gente refinada, elegante, distinguida, que huele bien; los nuestros son héroes sudorosos, polvorientos, que huelen mal.

Si los suyos provienen de una selecta y elitista casta de grandes propietarios y esclavistas y por ello eran cultos e instruidos. Padres fríos y patrones racionales como sólo puede serlo el fruto del cruce entre el capitalismo más depredador y el protestantismo más exaltado, “hombres de ojos sajones y alma bárbara” que les llamó el gran Rubén Darío, gente calculadora e insensible que busca sólo el brillo del metal; los nuestros son héroes mestizos, volcánicos, pegados a la tierra y sin un pensamiento estructurado.

Si los suyos acabaron sus vidas en paz y tranquilidad, en sus haciendas y rodeados de su gente; la mayoría de los nuestros, “tras provocar treinta y dos levantamientos armados y perderlos todos”, como el coronel Aureliano Buendía, murieron violentamente, en el campo de batalla o asesinados por sus enemigos. Sin embargo son nuestros padres de la patria; son nuestros Villa y Zapata, nuestros Martí y Sandino, nuestras Agustina de Aragón y Pasionaria, nuestros Allende y Ché Guevara... Y van a acabar con ellos.

A. Beloki

Desde que el imperio es Imperio y sabe que uno de sus enemigos estratégicos potencialmente más peligroso lo constituye el mundo hispano.