INTERNACIONAL China En el objetivo más cualitativo, la contención de la emergencia china, es donde la línea Bush cosecha sus mayores fracasos |
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| China ha revisado sus cuentas del pasado año, y la conclusión es que su PIB es un 17% mayor del esperado. Al corregirlo, la economía china resultó abarcar 285.000 millones de dólares más de lo calculado anteriormente. De repente, China ha encontrado dentro de sus fronteras una economía del tamaño de la de Australia. De confirmarse estos cálculos, y persistir el actual ritmo de crecimiento, en el 2006 China sobrepasará al Reino Unido, Francia e Italia para convertirse en la cuarta del mundo, tras EEUU, Japón y Alemania. Los cálculos de cuando Pekín superará a Berlín se establecen ahora para el 2010. Y aunque entre el PIB chino (casi dos billones de dólares) y el norteamericano (11,7), existe todavía una enorme distancia, hay quien se atreve a predecir que en el 2035 se colocarán a la par. Son datos que evidencian hasta qué punto el imparable ascenso de China al rango de potencia mundial se ha acelerado durante el último año. En el planeta se está produciendo un cambio tectónico de desplazamiento del poder geopolítico hacia Asia. Pero este desplazamiento cobra una mayor relevancia al nuclearse en torno a una potencia emergente, China, independiente de los EE UU. Gigantesco avance económico e independencia política, esta conjunción es la que convierte a China en la principal amenaza estratégica para Washington. Desde hace años, el hegemonismo norteamericano es consciente que debe –en palabras del Jefe de la Junta del Estado Mayor del Pentágono– “concentrar todo el poder militar y diplomático para evitar el desarrollo de China”. Controlar la emergencia de China, desactivar el peligro que representa, en el curso de unos pocos años, para el sistema global de dominación norteamericano se ha convertido en la urgencia principal y la primera de las prioridades para el hegemonismo yanqui. A este objetivo se dirigen todos sus movimientos en el tablero mundial. Los nuevos sistemas de alianzas, los nuevos criterios, las nuevas jerarquías, las nuevas doctrinas estratégicas de seguridad nacional, el papel de los organismos y los tratados internacionales, los movimientos militares desplegados en cada conflicto,....todo apunta en la misma dirección. Desplegar un amplio cerco militar estratégico en torno a China buscando que el inevitable reflejo en el terreno político y militar de su creciente poderío económico, no se convierta en una expansión de su influencia capaz de poner en peligro la hegemonía norteamericana. Y es en este objetivo, precisamente el más cualitativo y decisivo de todos, en el que la línea Bush, pese a algunos pequeños avances militares, está cosechando sus mayores fracasos. Ante presiones o ataques directos, Pekín ha respondido con firmeza, revaluando el yuan sólo en la medida que les interesaba –manteniendo la enorme competitividad de los productos chinos, que avanzan copando cada vez más sectores del mercado mundial-, o imponiendo su primacía en la disputa con Japón. China no solo crece y crece, sino que además responde a cada uno de los intentos norteamericanos por aislarla ampliando su radio de alianzas. El fuerte ascenso registrado por la economía china, una media del 9,5% anual en las dos últimas décadas, ha introducido nuevos factores en el equilibrio mundial. Y Pekín ha aprovechado este protagonismo creciente para hacer uso de su diplomacia de la economía y avanzar posiciones en la esfera política internacional. Los líderes chinos están multiplicando los viajes fuera de sus fronteras y la firma de acuerdos con diversos países que se han visto seducidos por la inmensidad del mercado chino. Pekín está ganando influencia desde el Sureste asiático a África o Latinoamérica, al tiempo que se asegura el suministro de materias primas, uno de sus talones de Aquiles. Francesc Ten |
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