INTERNACIONAL

Unión Europea
La crisis de la UE
Los contrarios se anulan

Berlín y París brindaron las pasadas navidades felicitándose por el cambio de gobierno en España,  pero durante este año, el continente se ha visto sacudido por convulsiones que han minimizado aquellos deseos.

Berlín y París brindaron las pasadas navidades felicitándose por el cambio de gobierno en España, el desbloqueo de una constitución que culminaba una jaula política de cuya llave se apropiaba Alemania… Pero durante este año, el continente se ha visto sacudido por convulsiones, a veces soterradas, otras públicas y notorias, que han minimizado aquellos deseos.

Hemos visto una Francia asomándose de la mano de Chirac al abismo del precipicio y una Alemania sumida en algo más que un cambio de gobierno. Hemos visto morir a la constitución europea antes de nacer, enterrada precisamente por el no en el referéndum francés. Y, en la trinchera opuesta a los intereses francoalemanes, los atentados del 7-J han dado como fruto político la reducción a la nada de unas reformas encabezadas por Blair, que intentaban aprovechar las dificultades del eje Berlín-París para reconducir la construcción europea al redil que interesa en Washington. Y, como telón de fondo, una emergencia asiática nucleada en torno a China que amenaza con desplazar a Europa hacia los renglones marginales del globo.

Francia: Decadencia crónica

La profunda crisis francesa no aminora la ferocidad de la plutocracia gala, sino que bien al contrario la agudiza

Si algo nos deja con meridiana claridad el 2005 es la imagen de Francia como un país a la deriva, sumido en una crisis de decadencia crónica y agudizada durante este año hasta extremos insospechados.

El no de la sociedad francesa a la constitución europea a la constitución continental apadrinada por el tándem Giscard-Chirac empezó a revelar el calado de una crisis que se descompone en tres frentes. Crisis de clase, en tanto que la fractura empieza por la misma clase dominante, dividida entre el tradicional y hegemónico sector burocrático-estatalista (encarnado a la perfección en Chirac) y el nuevo sector dinámico-liberal representado por Sarkozy. Crisis de proyecto y de alianzas, fruto del callejón sin salida de los sueños chiraquianos por perpetuarse como gran potencia a cambio de entregarse, como en Vichy, a ser devorados por Alemania.  Crisis, finalmente, cercana a la agonía del mismo régimen surgido de la fundación de la Vª República.

Y entonces llegó lo que se ha denominado “el Katrina francés”, la revuelta de los guetos franceses, donde se amontonan hasta cinco millones de personas, en su mayoría inmigrantes magrebíes y subsaharianos que comprueban como, a pesar de ostentar la nacionalidad gala, quedan excluídos del “modelo social europeo”.

Son los sectores más marginados y excluídos, sobre los que repercute con especial brutalidad la crisis económica y social de un país incapaz de competir en el mercado mundial, y con una tasa de paro del 10%.
Y revelan una fractura social que mina todos y cada uno de los “valores republicanos” de los que París se vanagloria.

Pero esa profunda crisis no aminora la ferocidad de la plutocracia gala, sino que bien al contrario la agudiza.  Para las élites franceses es más imprescindible ahora mantener los cotos privados de explotación y dominio político, donde pueden acumular beneficios cautivos.  Para el imperialismo galo es condición sine quanon, si quiere mantener su rango de gran potencia, mantener bajo férreo control los últimos restos de la grandeur imperial. Uno de esos ámbitos es el de sus antiguas colonias africanas, donde unas veces políticamente –manteniendo el respaldo al dictador marroquí- y otras a través de las bombas –convirtiendo Costa de Marfil en su Irak particular, apadrinando el golpe de Estado en Togo…-, París se afana por conservar, a cualquier precio su influencia. Una losa de la que extraen inmensos beneficios monopolios como Elf, y que constituye uno de los factores que explican por qué en el Africa subsahariana encontramos a los países más pobres del planeta. Y el otro es España. Someter a vasallaje a España es el requisito que la plutocracia francesa quiere conservar a toda costa.

Recambio a medias

Tres son los factores que han impulsado el cambio de gobierno en Alemania, aupando a Angela Merkel a la cancillería en sustitución de Schröeder.

En primer lugar, la burguesía monopolista alemana pugna por desembarazarse definitivamente de Schröeder y el gobierno rojiverde, férreos baluartes políticos de un modelo –el «capitalismo renano» o economía social de mercado, denominación «made in Germany» del capitalismo burocrático– que si hasta la caída del Muro fue necesario para mantener a la clase obrera y el pueblo trabajador «inmunizados» frente a la propaganda del expansionismo soviético, en el nuevo milenio se ha convertido en una sobrecarga fatídica para el dinamismo y la flexibilidad que la competencia del nuevo mercado mundial globalizado exige a sus monopolios.

En segundo lugar, Berlín debía afrontar también el dilema abierto por el fracaso de la Constitución. Privada de una dirección política centralizada y unificada, el proyecto de hegemonía europea diseñado por la burguesía monopolista germana al inicio de los años 90, puede desvanecerse y diluirse en la Europa de los 25. La política del “garrote” de Schröeder, y la exclusividad en las relaciones con un Chirac en caída libre, no habían hecho sino levantar cada vez mayores resistencias en el continente.

Y por último, la necesidad de recomponer las relaciones con EEUU, evitando el enfrentamiento suicida con la superpotencia norteamericana.

Pero los resultados electorales han dejado el recambio a medias, obligando a una gran coalición entre la CDU y el SPD.


El viraje en la diplomacia germana de la mano de Merkel es el reflejo de la correlación de fuerzas en la auténtica batalla de poder europea. Y que explica los principales acontecimientos del continente.

Angela Merkel en la cancillería alemana
La batalla por Europa

La hegemonía alemana sobre Europa exige dinamitar los pilares del mapa político europeo, bajo control norteamericano desde la IIª Guerra Mundial

El viraje en la diplomacia germana de la mano de Merkel es el reflejo de la correlación de fuerzas en la auténtica batalla de poder europea. Y que explica los principales acontecimientos del continente.

En particular entre quienes proponen una Europa bajo la hegemonía de un eje franco-alemán cada vez más descompensado hacia Berlín. Y por otro lado los que apuestan por recomponer las alianzas entre la UE y la superpotencia americana.

La aceleración de las reformas económicas a cambio de olvidar la unidad política es el centro del programa norteamericano para Europa, basado en el veto de una Europa centralizada políticamente en torno a Berlín que pueda, a nivel regional, disputarle la primacía sobre el viejo continente, que descansa desde la IIª Guerra Mundial sobre unas redes de poder que terminan en Washington.

De un lado las fuerzas y países proyanquis, con epicentro en Londres, dispuestas a “jugar el juego” de Washington, haciendo de Europa un apéndice político y diplomático de la hegemonía norteamericana pero, por ello mismo, con una cercanía al centro del imperio que le permita disponer tanto de capacidad para influir en sus decisiones como garantías de que sus intereses serán tenidos en cuenta.

De la otra, el proyecto franco-alemán por hegemonizar la Unión Europa bajo el diktat de Berlín. Y para ello debe dinamitar, de una u otra manera, los pilares del mapa político europeo, que permiten a EEUU, a través de múltiples conexiones, influir como una fuerza decisiva en el devenir de Europa.

J. Martínez

Para la burguesía francesa es más imprescindible ahora mantener los cotos privados de explotación y dominio político, donde pueden acumular beneficios cautivos.