INTERNACIONAL Ucrania Es el primer paso de cara a las elecciones de marzo para imponer el triunfo del candidato del Kremlin y volver a colocar Ucrania bajo la influencia rusa |
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| Moscú ha dado un golpe de mano suspendiendo el primero de enero, en pleno invierno, los suministros de gas a Ucrania. Y de paso, con su decisión, ha terminado por afectar también el suministro de gas a Europa, desde Austria, Hungría y Polonia, a la misma Alemania y Francia. Moscú, a través de Gazprom, el consorcio estatal del gas y el petróleo, ha decidido acabar con las tarifas preferentes del gas para Ucrania, y exige a las autoridades de Kiev un precio cinco veces mayor que el actual, pasando de 40 dólares por cada 1.000 metros cúbicos de gas a 185 dólares; mientras el gobierno ucraniano se ofrece a pagar 75 dólares y una adaptación a las exigencias rusas en tres años, y acusa a Rusia de “ejercer presión política y chantaje”. Sin ningún género de duda, debajo de esta aparente disputa comercial lo que hay es una nueva fase en la disputa entre Moscú y Washington por tener bajo su área de influencia a Ucrania, acelerada por la proximidad de las próximas elecciones legislativas en marzo de este año. Putin se ha propuesto recuperar el terreno perdido con la “revolución naranja” durante el proceso electoral de 2004, que acabó con la derrota del candidato prorruso y el triunfo de Víctor Yúshenko, a quien el Kremlin ya intentó eliminar, envenenándolo, cuando aún era candidato, utilizando para ello la dependencia energética de Ucrania –desde los tiempos de la URSS- como instrumento de presión. Como ha denunciado el primer ministro ucraniano, Yury Ekhanurov, “Moscú pretende desestabilizar nuestra economía”. Con la decisión de suspender el suministro de gas, Putin confirma que la situación de hace dos años, cuando Moscú parecía ir a la deriva frente a los envites de Bush en la propia Ucrania (“revolución naranja” contra la nomenklatura favorable a Moscú) o en Georgia (con la “revolución de las rosas”), ha empezado a cambiar; y estamos ante el primer paso, de cara a las próximas elecciones de marzo para imponer el triunfo del candidato del Kremlin, con el objetivo de restablecer la situación anterior y volver a colocar Ucrania completamente bajo la esfera de influencia rusa. Reconstruir su patio trasero Ucrania es una pieza codiciada del tablero internacional por su condición de “pivote geopolítico” . Así llama Z. Brzezinski, ex Consejero de Seguridad Nacional en el gobierno de Carter, a los Estados “cuya importancia no se deriva de su poder, de su tamaño o de sus recursos, sino de su situación geoestratégica”. Forma parte de la “zona natural de influencia de Rusia”, de su “patio trasero”; pieza imprescindible para la reconstrucción de una gran potencia imperialista, junto con Bielorrusia forma un “colchón de seguridad” en la frontera sur. Para Estados Unidos, además el control de Ucrania es vital para contener, tanto la posible ascensión de China como potencia mundial, como la formación de un eje Berlín-Moscú, ya que es una zona de paso de gran parte de los recursos energéticos que necesita la industria alemana y Europa Central. En apenas dos años, desde la llegada de Yúshenko a la presidencia, Ucrania se ha colocado bajo el amparo de la Casa Blanca, ha avanzado en su integración en la OTAN y en la integración económica con la Unión Europea. Y esto es lo que Putin se propone corregir. Una batalla de alto riesgo El reforzamiento del poder de Putin en Rusia, y la persistencia de las dificultades de la línea Bush, tanto en Irak como en el interior de Estados Unidos, convierte las elecciones de marzo en Ucrania en una batalla de alto riesgo, en la que el Kremlin ya está moviendo ficha. No sólo entre las distintas fracciones de la clase dominante ucraniana, como se puso de manifiesto el verano pasado, cuando el presidente Víctor Yúshenko destituyó al Consejo de Ministros en pleno y a los máximos responsables del Consejo de Seguridad Nacional, entre acusaciones mutuas de corrupción. Sino utilizando todos los recursos de presión como Estado, la desestabilización económica es sólo uno de ellos, para debilitar la posición de los actuales gobernantes y los proyectos de acercamiento a Washington o Berlín. Putin, moviendo la llave del gas, también manda un mensaje a la UE, y sobre todo a la nueva Canciller alemana, Ángela Merkel, le recuerda la dependencia europea energética –hasta un 30%- del gas ruso y la conveniencia de que, siguiendo a su amigo el ex canciller Schröder, ahora a sueldo de Gazprom, le dejen las manos libres para volver a colocar bajo su influencia a las ex repúblicas soviéticas rebeldes. F. Huertas |
Putin ha puesto como límite al actual presidente de Ucrania, Víctor Yúshenko, al que ya intentó envenenar, las próximas elecciones de marzo.
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