ECONOMÍA

El Tercer Mundo y la Deuda Externa
40 años de tortura

En Argentina tras la crisis el gobierno aplicó medidas alejadas del modelo del FMI, la economía Argentina pasó de la recesión permanente durante 5 años a un crecimiento del 7% en el 2.003

El 2 de Enero del 2006 es un día histórico para los argentinos, el país ha cancelado el total de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Presentado como “un cambio de época” Kirchner anunciaba la cancelación de 9,810 millones de dólares usando las reservas del país y con la ayuda de préstamos dados en ventajosas condiciones, entre otros, por Venezuela. De esta forma Argentina se ahorra 1.000 millones de dólares en intereses al no esperar hasta 2008 para cancelarla, pero, principalmente, se quita de encima la causa de la mayor crisis financiera que haya vivido jamás.
La deuda es el mayor lastre de los últimos cuarenta años no sólo para Argentina, sino para el conjunto de países deudores del Tercer Mundo. Sin excepción, ha traído la imposición de recetas económicas y políticas del FMI y el Banco Mundial (ambos organismos de EEUU) que han dirigido sus destinos y conducido a la ruina a millones de personas.

La deuda externa de los países del Tercer Mundo no es más que un instrumento de intervención y chantaje. El FMI y el Banco Mundial (los dos principales prestamistas) no son “supra organismos” internacionales o instituciones para el desarrollo. Ambos son organismos creados y dirigidos por la Casa Blanca, forman parte de la política de Estado de EEUU. Y como tal han actuado durante 40 años.

Como nos enseña el caso de Argentina, las recetas económicas obligadas por el FMI como condición para refinanciar la deuda provocaban, a su vez, una cada vez más lamentable situación económica. Pero para poder mantener el préstamo cada país debe ceñirse a las suicidas medidas económicas del FMI. Estos condicionantes, al mismo tiempo, no han significado más que la plasmación del incremento de la penetración de EEUU sobre los gobiernos y los destinos de cada país deudor. Es decir, una herramienta de dominación hegemonista. Por ejemplo, a partir de 1991 se incrementa aceleradamente la deuda en todos los países Iberoamericanos a través de un paquete de medidas del FMI, una de ellas conocida como el Plan Braidy. Mediante este Plan Argentina canjeó la deuda anterior por bonos del Estado, muchos de estos utilizados para privatizar las empresas públicas durante estos años; en los 90 la totalidad de países del Cono Sur vendieron a precio de saldo a los monopolios las empresas de agua, butano, hidroeléctricas, petróleos, trasportes, telecomunicaciones... tan rentables hoy en día.

Deuda global al Banco Mundial, puede observarse su brutal incremento cada década. (Fuente: Banco Mundial)

 

Los “pecadillos” del FMI no terminan aquí. Han sido responsables de la dirección de la vida política y económica de los gobiernos de los países deudores, incluidos en períodos de dictadura. La Corte Suprema de Argentina ha ordenado abrir una investigación para determinar la colaboración del FMI con la última dictadura militar al otorgar préstamos que sirvieron para financiar crímenes de lesa humanidad. Es de tener en cuenta que en 8 años de dictadura la deuda creció un 450%, el mayor incremento de su historia.

Hacer lo contrario a los dictámenes del FMI

Es una constatación práctica que seguir las recetas del FMI es una política autodestructiva, por el contrario, NO seguirlas es saludable. En Argentina tras la crisis liberada transitoriamente la presión del FMI por la cesación de pagos a los acreedores privados, el gobierno aplicó una nueva relación de ajustes y con medidas alejadas del modelo recetado por el FMI, como resultado la economía Argentina pasó de la recesión permanente durante 5 años a un crecimiento del 7% en el 2.003; que se ha mantenido gracias a NO cumplir las recetas del organismo. Para el 2006 se prevé un crecimiento de 6.2% del PIB uno de los más elevados del Cono Sur.

Lo que se paga a cambio de la deuda es el encadenamiento a una política económica contraria a los intereses de desarrollo nacional. El FMI obliga a la aplicación de políticas de ajuste que, por recesivas, hacen ostentosamente impagable la deuda e incumplibles las metas que año tras año se pactan y renuevan. Atrapados en este círculo diabólico dirigido desde los intereses de la Casa Blanca, cada año los países del Tercer Mundo hacen un enorme esfuerzo en pagar los “intereses de la deuda” que no la deuda, la que deben refinanciar nuevamente, eso sí a cambio de la privatización de las empresas estatales, buenas condiciones para los monopolios extranjeros... etc.
En tal sentido, afirma el arrepentido director del FMI Joseph Stiglitz: “La Argentina nunca se propuso entrar en default. Fue una política económica que empujó el FMI la que produjo ese resultado. Todos sabían lo que estaba haciendo el FMI y deberían haber sabido que esas políticas llevarían al desastre. ...”

El año pasado el FMI y el Banco Mundial “condonaron” una parte de la deuda a países claramente insolventes. En la imagen puede observarse la comparación entre las anulaciones y la deuda global.


Recetas tóxicas del FMI para Iberoamérica

Por cada dólar que EEUU da en concepto de ayuda recibe tres como cobro de intereses de la deuda externa del Tercer Mundo

El FMI ha creado en Iberoamérica lo que los expertos llaman un modelo de ajuste recesivo, mantenimiento de reservas internacionales por encima de las necesidades, elevados intereses de la deuda, dependencia absoluta de las exportaciones y sacrificio del mercado interno. Gracias a las recetas del FMI y el Banco Mundial como consecuencia los últimos 20 años en los países de Iberoamérica cae el crecimiento y el empleo, se incrementa la frecuencia de las crisis financieras, se amplia y profundiza el abismo social.

La ONU estima que los tipos de interés aplicados a la deuda externa fueron cuatro veces más altos, por lo tanto se calcula que los países deudores han pagado entre tres y cuatro veces lo que hubieran pagado si no hubiesen cambiado las condiciones pactadas al inicio del préstamo. De conjunto, los países deudores en 1970 debían 68.000 millones de dólares. Diez años después llegaba a los 577.000 millones de dólares, aún “pagables” si se hubiesen mantenido los términos en los que fue contratada. Diez años más tarde (1980-90) los países del Tercer Mundo pagaron sólo en intereses 1 billón 300.000 millones de dólares sin embargo en 1999 la deuda externa era de 2,6 billones de dólares (Ver Figura).

Entre las recetas de tortura y chantaje del FMI es interesante ilustrar los “programas de ajuste” (estamos hablando de políticas que se aplican actualmente). Mediante los “programas de ajuste” los países deben orientarse a equilibrar el sector externo con políticas contractivas que han hundido las economías en la recesión y el desempleo. Siguiendo la pista cada año, lo que ocurría es que tan pronto la producción se reactivaba reaparecía el déficit de la balanza de pagos y la necesidad de corregirlo de nuevo con políticas recesivas. Contra el FMI, Argentina cerca de su hundimiento elevó el tipo de cambio por encima de los dictámenes del mercado y lo mantuvo adquiriendo la totalidad de los excedentes de divisas de esta forma redujo a la tercera parte las obligaciones de la deuda externa. A diferencia de lo que predecía el FMI se produjo el “milagro” del ajuste con reactivación. La economía pasó de un déficit a un cuantioso superávit que lleva ya tres años.

Por lo tanto, desde el punto de vista puramente económico el FMI no ha moderado el superávit y el déficit "para que sirvan a la activación económica", sino todo lo contrario. Las severas políticas contractivas para conformar superávit en cuenta que asegure el cumplimiento de las obligaciones de la deuda son liquidadoras. Además, como no todos los países pueden lograr superávit, el resultado es un proceso generalizado de devaluaciones y reducciones del salario real. Es decir, los deudores están obligados a pagar tasas superiores a su crecimiento económico y cada año están obligados a contratar nuevos préstamos para cubrir las morosidades por intereses del pasado. Como consecuencia ¡el saldo de la deuda crece con más rapidez que el producto nacional!

Arantxa Bueno