INTERNACIONAL Punto
y final a “¡Qué grande es el cine!” "¡Qué grande es el cine!" ha ampliado nuestro campo visual, nuestra memoria visual, nos ha confrontado con infinidad de cinematografías y nos ha permitido cobrar una nueva dimensión a nuestra mirada. |
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| Tras diez años ininterrumpidos de emisión, La 2 de Televisión Española ha decidido dar por clausurada la que ha sido, en esta década, la mejor ventana cinematográfica de las televisiones españolas y una auténtica escuela de buen cine, de cine de verdad. La sala de proyecciones de “¡Qué grande es el cine!” ha llevado a millones de hogares buena parte de las más destacadas obras maestras de la historia del cine mundial, incluyendo cinematografías desconocidas o muy poco frecuentadas y películas magistrales olvidadas o inaccesibles, que nos han permitido ver y disfutar de la verdadera médula de eso que –viendo este programa– bien puede seguir calificándose como “séptimo arte”. Y junto a la proyección de más de 500 films, “¡Qué grande es el cine!” ha aportado también algo bastante ausente de la cultura de masas de este país: auténtica cultura cinematográfica, es decir, cultura crítica, no mera erudición, formas de mirar, de entender, de explicar, de apropiarse de la verdadera sustancia de las imágenes. Algunas memorables tertulias de “¡Qué grande es el cine!” y algunos de los rostros que por allí han desfilado serán ya parte inamovible de la cultura y la memoria cinematográficas de miles y miles de españoles. En los últimos tiempos
se había hablado mucho de que estábamos “ante una
fórmula agotada”, que el programa había perdido “la
frescura originaria”, que los rostros que aparecían en él
“se repetían hasta la náusea” o eran inadecuados,
que las mismas películas estaban perdiendo “nivel”;
y más allá de ello, se habían puesto en circulación
especies denigratorias del tipo de “que ya estaba bien que al programa
sólo fueran los amiguetes de Garci”, de que “en el
programa los mismos repetían siempre la misma cantinela”
sin permitir que se oyeran otras voces, e incluso que el malogrado gusto
de Garci estaba impidiendo que se proyectaran películas “de
hoy”, más interesantes que las que se estaban proyectando.
Según algunos, la clausura del programa –aunque “pactada”–
ha sido una imposición de los actuales gestores de TVE, nada “afines”
a la “ideología” de Garci. Por un lado, más allá de sus defectos o repeticiones, el programa no cabe duda que ha jugado un papel muy importante en la difusión de una cultura cinematográfica universal en España y en la educación de una cierta mirada hacia el cine distinta y distante de la mera consideración de éste como “industria del entretenimiento”. Ha ampliado nuestro campo visual, nuestra memoria visual, nos ha confrontado con infinidad de cinematografías y nos ha permitido cobrar una nueva dimensión a nuestra mirada. Por todo ello: Gracias, Garci. Por otro lado, y frente a las descalificaciones y críticas desaforadas, frente al sectarismo atroz que destilan algunos medios hacia Garci, su cine y su labor televisiva, desde los medios de una presunta “izquierda”, sólo cabe recordarles que “el enemigo es otro”. No es Garci quien amenaza el cine español. ¿O sí? J. Albacete |
José Luis Garci
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