ANÁLISIS Agitando
el fantasma del 23-F Cuando la oligarquía defiende la unidad sólo alimenta la fragmentación |
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| Otro aniversario
del 23-F se ha celebrado pocas semanas después de que el teniente
general Mena provocara un escádalo insinuando la intervención
del ejército si el estatuto catalán sobre pasaba la constitución.
A esta se han sumado un artículo de un capitán de la legión,
y otro del mismísimo Tejero. La irrupción de los sectores
más reaccionarios que todavía siguen incrustados en aparatos
del Estado como el ejército, han proporcionado la baza perfecta
a las fuerzas de choque de la fragmentación, desde las juventudes
de ERC al PNV, para identificar la defensa de la unidad con los espantajos
golpistas. En la presentación de un libro sobre el 23-F, el peridosta José Oneto, afirmó: “de que los servicios secretos norteamericanos conocían el golpe del 23-F no hay duda”. También explicó la implicación de miembros del CESID, que incluso creó a finales de 1980 “una unidad especial para ayudar a Tejero en los preprativos del golpe de Estado". Los servicios secretos de Estados Unidos, fundamentalmente la CIA (Agencia Central de Inteligencia) y la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa), estuvieron en todo momento informados de todos los detalles de la preparación y el desarrollo del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. El mismo Suárez afirmó, tras dimitir, que "la clase dirigente de este país ya no me soporta". Y no sólo, ni principalmente, en España, los círculos de poder movieron todos los hilos para defenestrar a Suárez. Su política neutralista, negándose a incorporar a España en la OTAN de forma inmediata, se enfrentaba a las necesidades de Washington en su pugna con la URSS. Los responsables de ambos departamentos destacados en Madrid mantuvieron numerosos contactos con los militares implicados en el golpe o con otros que podían facilitarles datos sobre la situación en el Ejército. En el momento del asalto al Congreso, los norteamericanos desplegaron toda su potencia teconológica a bordo de buques o aeronaves para captar las trasmisiones de radio de las unidades militares. Es impensable planear un golpe de Estado en España sin que Washington lo conozca, y participe activamente en él. En los años cincuenta, a raíz del primer convenio bilateral, los militares españoles comenzaron a recibir cursos de formación en escuelas de inteligencia como Fort Bragg, de tal manera que los incipientes servicios secretos españoles quedaron, poco a poco, colonizados por Estados Unidos. En este ambiente trabajaba el jefe de estación de la DIA, la Agencia de Inteligencia de Defensa dependiente del Pentágono, en los meses previos al 23-F, un comandante, apellidado Mc Donald. En el otoño de 1980, en plena preparación del golpe al tiempo que Tejero, Cortina, Milans, Armada, mantenían encuentros discretos en varios pisos de Madrid, Mc Donald almorzaba con sus compañeros de promoción destinados todos ellos en puestos claves del Ejército con el fin de conocer sus opiniones. Junto a las reuniones de Cortina -hombre del CESID que jugó un papel clave en el golpe- con el embajador Terence Todman y el jefe de estación de la CIA, Ronald Estes, los testimonios aportados por militares de los servicios de inteligencia son elocuentes. Las bases de Torrejón, Rota, Morón y Zaragoza fueron puestas en estado de alerta el jueves 19 de febrero y sus pilotos acuartelados. Desde fechas anteriores, buques de la VI Flota en el Mediterráneo fueron situados cerca del litoral español. La tarde-noche del 23-F en la que Milans sacó los tanques a las calles de Valencia, aviones estadounidenses de inteligencia electrónica del 86 Escuadrón de Comunicaciones desplegados en la base de Ramstein (Alemania) sobrevolaron el centro y sur de la Península interceptando las transmisiones vía radio entre las diferentes unidades del Ejército, las Capitanías y los Cuarteles Generales. En las primeras horas de la noche, TerenceTodman, el hombre que probablemente más sabía del golpe, abandonó la embajada norteamericana. Dónde estuvo aquella noche, veinte años después, es un misterio. Los Tejero de turno son sólo una anécdota. Las raíces del 23-F traspasan las fronteras españolas, y se dirigen hacia Washngton, a la decisión del hegemonismo norteamericano, en plena guerra fría, de que España debía integrarse en la OTAN, aunque para ello hubiera que desestabilizar o sacrificar la naciente democracia. Alimentando la fragmentación Es habitual afirmar que los extremos se tocan, y más bien se alimentan. Los llamamientos a la defensa de una unidad reaccionaria no hacen sino alimentar la fragmentación. Pero las palabras de los Mena de turno no son simples salidas de tono, están ancladas en una concepción de la unidad que nada tiene que ver con la que han enarbolado históricamente las clases populares. Y aunque algunos pretendan identifcarlas para confundirnos, se trata de dos posiciones de clase antagónicas. Por un lado está la concepción propia de la clase dominante española, la oligarquía financiera y terrateniente, que si bien está interesada en la unidad de España, puesto que la fragmentación de un mercado en el que ocupa una posición privilegiada sería un duro golpe tanto a sus intereses materiales como de poder político. Al mismo tiempo, la defensa de esa unidad es para ella, la de la reproducción y el perfeccionamiento de las condiciones en las que explota a la clase obrera y al pueblo trabajador, y se convierte por tanto en una unidad impuesta. Donde no cabe la libre decisión de cada una de sus nacionalidades y en la que el desarrollo de las libertades del pueblo de las nacionalidades de España tiene el límite que imponen sus intereses de clase. Una concepción reaccionaria sobre la que se asienta el Estado de la clase dominante de nuestro país. Frente a esta concepción
reaccionaria, uniforme, se opone una idea de España y su unidad
totalmente opuesta, revolucionaria y progresista. Una unidad basada en la pluralidad y en la libre decisión de cada una de sus partes por seguir reforzando los lazos de unión entre ellas, no una unidad impuesta por ningún salvador de "las sagradas esencias de la patria". Una unidad plural en la que ambos aspectos, la unidad y la pluralidad, se necesitan y se apoyan mutuamente para avanzar en un proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad española, en el que el pueblo de sus distintas nacionalidades y regiones conquiste la capacidad de decidir sobre su propio destino común de acuerdo con sus intereses también comunes. J. A. |
¿Quiénes son los golpistas, los que de verdad han asestado golpes de timón que, de fuerza, han reconducido el rumbo político español al margen y en contra de los mecanismos democráticos?
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