EDITORIAL NACIONAL

El precio de la negociación

“El auténtico problema sería que se esté negociando la desaparición de ETA a cambio de concesiones políticas a los proyectos, que pretenden avanzar en la disolución del país”

Cada vez que Zapatero declara que estamos al “inicio del principio del fin de la violencia” de ETA, despierta tanta expectación y esperanza como alarma y preocupación.

Expectación y esperanza porque no hay nada que una más al conjunto del pueblo de las nacionalidades y regiones de España que el deseo de ver el final del terrorismo de ETA y la entrega de las armas por la banda terrorista. Alarma y preocupación, en primer lugar, entre las víctimas del terrorismo ante el temor, como ha dicho Maite Pagazaurtundúa, presidenta de la Fundación de Victimas del Terrorismo, a ser utilizadas “como moneda de cambio”, frente a lo que exigen, corroborado en el IIIš Congreso de Victimas del Terrorismo celebrado en Valencia: Memoria, Dignidad y Justicia.

Alarma y preocupación entre quienes sospechan que se esté negociando con la banda terrorista mientras ésta, aunque lleve más de dos años sin matar, continúa extorsionando, amenazando periodistas o poniendo bombas para marcar su fuerza y el terreno de la negociación. El propio Zapatero alienta la sospecha de estas negociaciones, lo que, entre otras cosas, sería un flagrante incumplimiento de las condiciones aprobadas en el Congreso: la exigencia previa de que la banda renuncie al terrorismo, estén dispuestos al desarme y al arrepentimiento, antes de iniciarlas.

Nadie duda que si ETA, como decía la autorización del Congreso, abandonara la violencia, como hizo en su momento ETA político-militar, basada en el arrepentimiento y la reparación a las víctimas, habría que abrir ese proceso de negociación para la rendición de los pistoleros. Pero sobre todo, alarma y preocupación, porque el problema no está ahí, en la negociación de las condiciones técnicas de la rendición y los presos. Ni siquiera en que, desaparecida la banda, vuelva una Batasuna reciclada a la legalidad democrática. El problema, sí, está en el precio; ¿pero de qué precio hablamos?, ¿a quién se le paga?, ¿qué es lo que realmente está en juego?

El problema, aclarémoslo de una vez por todas, no es “que el gobierno esté dispuesto a realizar concesiones políticas a los terroristas”, sino que se esté negociando la desaparición de ETA a cambio de realizar concesiones políticas a los proyectos, tanto internos como externos, que pretenden avanzar en la disolución del país y la desarticulación territorial.

Ibarretxe y Otegui coinciden en que el objetivo de la “mesa política” que proponen, es lo que uno llama “el reconocimiento del derecho de decisión de la sociedad vasca” y el otro “acordar las fórmulas para que los vascos decidan su futuro”. Lo que traducido al lenguaje de la calle significa, en primer lugar, la continuidad del proyecto que firmaron en Lizarra y del régimen nazifascista que han construido durante más de 20 años, que han servido para justificar y motivar los crímenes, la persecución étnica, política e ideológica de los no nacionalistas y la educación en el odio a lo español. Y, en segundo lugar, aprovechar las concesiones arrancadas por la “vía catalana” (nación, blindaje de competencias, imposición lingüística,...) para sentar las bases de asaltos futuros.

Pero el problema fundamental no está en ellos sino en hasta dónde están dispuestos a llegar Zapatero, su gobierno y la actual cúpula del PSOE. En unos momentos en que Alemania vuelve a tomar las riendas de Europa (si es que alguna vez las había dejado) y su reactivación como polo hegemonista emergente vuelve a estar en primer plano, un país debilitado, un Estado anoréxico y unas comunidades enfrentadas con el resto de España, es el mejor regalo que se le puede hacer a la burguesía monopolista alemana para una nueva etapa de su “Europa de los Pueblos y las Regiones”.

Respetar y honrar la memoria de las víctimas exige que el final del terror satisfaga sus deseos de dignidad y justicia. Pero, sobre todo, para ellas y para el conjunto del país, exige que la derrota del terrorismo vaya unida a la derrota de los proyectos alimentados por el nacionalismo étnico y excluyente y los hegemonistas emergentes. Lo que pasa por una política de firmeza que exija:

Antes que nada, que ETA ha de probar que está dispuesta al desarme y al arrepentimiento. Y, por lo tanto, su inmediata disolución, la declaración del fin del terrorismo, la entrega de las armas y la negociación de las condiciones de la rendición.

La unidad democrática de todas las fuerzas constitucionales. Como piden las víctimas y todas las organizaciones de la rebelión democrática, los sectores patrióticos del Partido Socialista y la amplia mayoría de las encuestas,

Un período amplio de recuperación de las libertades, donde todas las fuerzas políticas constitucionales puedan desarrollar su actividad libremente y no sólo los partidarios del régimen nacionalista, previa a mesa alguna de cualquier tipo. Lo que permita la vuelta de todos los exiliados y amenazados por el terror que lo deseen.

¿A quién le puede interesar debatir o convocar una mesa bajo las condiciones del terror, con una tregua y una banda en la sombra dispuesta, si no se le concede lo que pide, a romper las negociaciones con un tiro en la nuca? ¿Por qué la dirección actual del PSE no mantiene esta exigencia antes de mostrar su disposición a apoyar ninguna mesa? El anuncio de ¡Basta ya! de que vuelve a la primera fila de la actividad política es una buena noticia y ha de servir para marcar el camino de la exigencia y la responsabilidad de la izquierda patriótica, especialmente dentro del PSOE, para impedir que el cese de la actividad de ETA se cargue a cuenta de la unidad.