PERFIL

Paco Vázquez

“Es en la defensa de la unidad donde Vázquez, de la misma forma que Bono, conecta con un sentir profundamente arraigado entre las bases de la izquierda. Por eso son dos de los políticos con mayor respaldo popular”

Resulta paradójico que Paco Vázquez y Bono, los dos socialistas más atacados y vituperados por algunos altavoces políticos y mediáticos, empeñados en ofrecérnoslos casi como dos infiltrados de la derecha en el seno de la izquierda, sean al mismo tiempo los políticos que gozan de un mayor respaldo popular.

Si el castellano manchego encadenaba arrasadoras victorias en su comunidad, hasta convertirse en el ministro más valorado, el gallego ha sido ratificado hasta seis veces como alcalde de La Coruña, todas ellas por mayoría absoluta.

La explicación de esta aparente contradicción nos la ofrecen los mismos detractores de Vázquez.  El traslado del hasta ahora alcalde coruñés a la embajada del Vaticano, privándole de una plataforma desde donde ha intervenido de forma destacada en la política gallega y española, ha provocado un respiro de alivio en el BNG de Anxo Quintana, cada vez más escorado hacia el nacionalismo excluyente. Y también una hilarante reacción de la portavoz de ERC, exigiendo a Maragall que reabra la delegación de la Generalitat en Roma para “contrarrestar el nombramiento de Vázquez”.

Los enemigos de Vázquez son la mejor medida de su valor.
Resulta curioso que los mismos que arremeten contra el socialista gallego, calificándolo de derechista por hacer pública bandera de su condición de católico o mantener reservas ante el aborto o los matrimonios homosexuales, vayan de la mano de Ibarretxe, Setién o Artur Mas, representantes de una derecha nacionalista extremadamente rancia que no se caracteriza precisamente por su liberalidad moral. Y es que el “pecado” de Vázquez, el que hace desatar los demonios, es otro: el de defender con firmeza, desde las filas del socialismo, la unidad de España, al tiempo que denuncia con radicalidad al nacionalismo excluyente.

Es precisamente en este punto donde Vázquez, de la misma forma que Bono, conecta con un sentir profundamente arraigado entre las bases de la izquierda. Vázquez se rebela contra uno de los climas de opinión más arraigados en la política española, cuando afirma que “España no tiene quien la defienda, porque parece que quien habla de España es un apestado del régimen franquista, y me duele cuando esto se da en la izquierda, que es quien ha aportado la nómina de patriotas mayor”.
Frente al reaccionario lugar común de identificar cualquier referencia a España con el franquismo, mientras que en el seno de la izquierda se extiende la conciliación con el nacionalismo excluyente, Vázquez reivindica la tradición histórica de la izquierda, que siempre ha enarbolado la defensa de la unidad, que siempre ha considerado la disgregación como una amenaza para los intereses populares.

Ante quienes enfrentan la ampliación de la pluralidad con la defensa de la unidad, Vázquez afirma que “cada vez me siento mas galleguista, sin que ello introduzca un punto de contradicción con mi sentido español, cada vez me siento menos nacionalista, mas adversario incluso, más contrario a las ideas que constituyen un azote contra la convivencia, la tolerancia y el progreso”.

Es por estas posiciones que Vázquez, afiliado al PSOE desde la clandestinidad de la lucha antifranquista, en la que muchos de los que hoy le atacan “ni estaban ni se les esperaba”, se ha ganado un amplio respaldo popular, que le ha mantenido como alcalde de La Coruña, convirtiéndose durante años en el único punto de referencia progresista en una Galicia dominada por la derecha.

Vázquez atesora otra virtud que también le ha hecho merecedor del respaldo popular. En unos partidos mayoritarios donde prima el férreo dominio de unas direcciones que no dejan expresar opiniones independientes, Paco Vázquez ha mantenido siempre una autonomía que le ha llevado a defender siempre su opinión, aun cuando ésta no fuera “políticamente correcta” o se enfrentara a la de la dirección de su partido. Sus fidelidades van más allá de las del aparato del partido, algo que se ha demostrado cuando no ha tenido reparos en criticar la excesiva complacencia de la dirección del PSOE con el nacionalismo excluyente en Cataluña o en Galicia.

Por eso, la noticia de su traslado al Vaticano, como embajador español, no es buena para la izquierda. En un momento donde las corrientes patrióticas y democráticas dentro del PSOE están dando la batalla, la decisión de Zapatero, enviando a Vázquez a Roma, les priva de una de sus cabezas más populares. Precisamente en una Galicia donde el Bloque intenta, contra natura, encaminarla por la senda del nacionalismo excluyente. Y donde lo determinante, será, como en Cataluña, la posición que mantenga el PSOE.

Joan Arnau

Francisco Vázquez