NACIONAL

IIIš congreso internacional de víctimas del terrorismo
“Que no nos olviden, que no nos traicionen, que no nos abandonen”

Esta triple exigencia enmarca el papel primero de las víctimas. Los años del terror no se pueden olvidar. “Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”. No puede haber “borrón y cuenta nueva”.

Con estas palabras terminaba Maite Pagazaurtundúa la apertura del Congreso de víctimas del terrorismo. Pero poco antes, en la misma intervención advertía “Intentarán dividirmos, enfrentarnos, confundirnos y presentarnos como lo que no somos. La tergiversación y manipulación es tan cruel como la indiferencia y el olvido”.

Estas palabras redoblan su peso en estos momentos en los que el anuncio de Zapatero “estamos al inicio del principio del fin de ETA” hace presuponer la posibilidad de una tregua por parte de la organización terrorista y el comienzo de alguna forma de negociación por parte del gobierno.  En este, más o menos, probable marco, se ha desarrollado el IIIš Congreso de Víctimas. Por tanto el papel de las víctimas en todo el proceso, se desarrolle o no, es fundamental, pero si se desarrolla es de primer orden y de gran magnitud.

“Que no nos olviden, que no nos traicionen, que no nos abandonen”. Esta triple exigencia enmarca el papel primero de las víctimas. Los años del terror no se pueden olvidar. “Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”. No puede haber “borrón y cuenta nueva”. No hay revanchismo individual en las víctimas. Ni individual ni colectivo. Por eso sólo piden justicia. Sólo que cumplan lo que la ley establece. Porque lo importante es que la sociedad recuerde.  Los años de terror no tienen que ser traicionados.   Ha habido víctimas y ha habido verdugos que han provocado estas víctimas.

La traición de equipararles. Las víctimas no son fruto de una situación en general sino de quienes a sangre y fuego quisieron imponer su proyecto. El proyecto, si quieren pueden mantenerlo, pero no el tratar de imponerlo con el terror del tiro en la nuca, de la bomba lapa, de amenazas y la extorsión.

Las víctimas no son iguales que sus verdugos. La condición de víctima no se elige, te la imponen. La condición de verdugo la elige uno, no es el resultado de “un devenir histórico”. La certera consigna de “No son gudaris, son asesinos”. Lo deja bien claro.

En nombre de la paz o de la convivencia, a las víctimas no se las puede abandonar. Son víctimas porque en ellas quisieron matar la libertad y la democracia. Abandonarlas es contribuir en cierta medida a no defender la libertad y la democracia.

Por todo esto, nadie puede erigirse en su representante político, nadie puede ser su portavoz político, nadie puede ser su portavoz salvo ellas mismas. En las batallas políticas, que no han hecho más que comenzar, todos lo partidos han de tener un infinito respeto por ellas y no utilizarlas en su beneficio político.

La advertencia, cómo las organizaciones de víctimas deben fortalecer su unidad y trabajar por la unidad de las fuerzas constitucionales porque es imprescindible para derrotar cabalmente al terrorismo.  Seguramente la ruptura de esta unidad es lo que más beneficia a los enemigos de todos.  Y las víctimas, en sus diferentes actividades y convocatorias deberían hacerlas, desde un principio, con el consenso de todas las fuerzas. Haciendo esfuerzos porque sean actividades unitarias. Luego que cada uno se sitúe donde considere. Fue el señor Zapatero el que no fue al Congreso.   Las distintas organizaciones de víctimas tienen que tener todo nuestro apoyo. Ninguna diferencia o matiz puede hacernos olvidar su condición y la naturaleza de su lucha. Y nadie las tiene que desunir, enfrentarlas y confundirlas presentándolas como lo que no son.


Zapatero no estuvo con las víctimas

Si una imagen vale más que mil palabras, un hecho vale más que mil imágenes. Zapatero no estuvo en el Congreso de las víctimas y este hecho desmiente todas las palabras que sobre las víctimas ha dicho y diga.

Sin la demagogia del PP –porque bajo el gobierno de Aznar también hubieron excarcelaciones de etarras y a nadie se le ocurrió decir que eso era fruto de las negociaciones con ETA– el Sr. Zapatero tiene que dejar clara su política antiterrorista y el proyecto del fin de ETA que anuncia.

Si se habla con ETA no es para negociar y rebajar sus pretensiones o rebajar las condiciones que proponga el gobierno. Si se habla con ETA es para fijar día y hora para la entrega de las armas y de su disolución. No cabe negociación política, ni amnistia ni extrañamiento como se hizo en la Transición. Sólo la derrota y la aplicación de la justicia. No hay olvido sino recuerdo para que quede en la memoria colectiva la naturaleza fascista de los medios y métodos y por consiguiente también de los principios morales tanto de quienes actuaban como de quienes justificaban el impedir la democracia ahogando la libertad a base de asesinatos, secuestros, chantaje o amenazas.

Y todo ello no sólo por consideración a las víctimas, que tienen que tener todo nuestro apoyo sincero y sentido, sino principalmente por el futuro de libertad y democracia y rearmando a toda la sociedad en contra de qué base de principios y prácticas que no son bajo ningún punto de vista ni defendibles ni practicables.

Quien quiere puede defender lo que quiera, la independencia por ejemplo. Lo que no se puede es imponerla por el terror y el chantaje a toda la población, como tampoco es aceptable que algunos recojan “las nueces ensangrentadas”. El proceso, mal llamado de paz, requiere de verdad y de libertad. De verdad: que quede claro quiénes han sido verdugos y quiénes las víctimas. De libertad, desactivando los mecanismos de presión social y todas las imposiciones que hacen que no existan garantías para decir y hacer lo que se piensa en contra del nacionalismo excluyente que gobierna Euskadi.

Los recientes hechos de Azkoitia no pueden olvidarse: quienes antes y ahora jalean a los asesinos quieren hacernos creer que los asesinos deben reinsertarse como si nada hubiera pasado. ¿Es ésta su paz?
Recordemos una consigna de las “Madres de la Plaza de Mayo” con la admiración de todos los demócratas y antifascistas: ”Ni olvido ni perdón, reaparición con vida, castigo a los culpables”.


¿Terrorismo o problema político?

El giro que dio el PSE al apoyar los presupuestos de Ibarretxe se ha transformado en un deslizamiento muy peligroso a las tesis y argumentos del nacionalismo excluyente y de la propia ETA, aumentando cuanto menos la confusión sobre cómo y cuál debe ser el fin de ETA y restablecer la libertad y la democracia en Euskadi.

La afirmación que contiene el documento que define la estrategia del PSE para la negociación política que requiere del cese de la violencia justifica a ETA: “Ha existido en Euskadi un problema de normalización política,derivada de un consenso insuficiente en torno al marco jurídico-político y a las reglas de juego que hay que respetar”. La causa del terrorismo, es lo que se viene a decir, es “el consenso insuficiente”, éste no sólo lo justifica sino que los responsables de su existencia son quienes defienden “el consenso insuficiente”. El mundo al revés: los verdugos víctimas y las víctimas consecuencias inevitables de un “consenso político”, de un “consenso político insuficiente”.

La dirección del PSE con Patxi López a la cabeza debe desandar el camino recorrido en los últimos tiempos, y pasar a defender una paz con libertad y democracia. Tal es como se lo exigen numerosos militantes y cuadros socialistas. Todos los militantes deben tomar cartas en el asunto.

J. Salvador


Maite Pagazaurtundua, presidenta de la Funación Víctimas del Terrorismo.