ANÁLISIS ¿Se
redobla la ofensiva alemana sobre Europa? Para articular un polo hegemonista, la burguesía alemana necesita desarticular los Estados actuales, forzando las costuras étnicas, lingüísticas o de regionalismo económico |
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| La urgente necesidad de Estados Unidos de recomponer la Alianza Euroatlántica dañada por la guerra de Irak, y buscar en Europa un aliado estable y seguro, ha abierto la posibilidad de que Alemania se convierta en el socio preferente. Estados Unidos buscaría con ello el apoyo internacional de la principal potencia europea, y con ella del resto de países de la Unión Europea, marchando tras la estela alemana. A cambio, eso sí, de dejarle hacer en Europa, es decir dar manos libres a los nuevos gobernantes alemanes, con Merkel a la cabeza, para desarrollar su proyecto de hegemonía para la región. Pero sólo el hecho de que se abra esta posibilidad ¿cómo puede repercutir en nuestro país? Sobre todo, ¿aumentan o disminuyen los peligros de fragmentación? Tan malo es para los pueblos olvidar la historia como no partir de la naturaleza de las cosas. Ésta es una enseñanza fundamental de la práctica política y la lucha de los pueblos y países por la paz, la libertad y su independencia frente al imperialismo. La perspectiva de Alemania desarrollando su proyecto hegemonista para Europa es, para el conjunto de los pueblos y países de Europa, más que una buena nueva, una perspectiva llena de incertidumbres y peligros. Su origen está en la propia naturaleza de los proyectos que la burguesía monopolista alemana ha desarrollado, cada vez que ha podido, para Europa. Estamos hablando de una clase que no ha dudado, para desarrollarlos, en desencadenar dos guerras mundiales en el siglo XX (incluido el Holocausto, es decir, el genocidio de 6 millones de judíos, comunistas, socialistas, homosexuales, gitanos y otras minorías). Y que, a partir de la caída del muro de Berlín y la reunificación alemana ha puesto en marcha otro proyecto para hacer de Europa un nuevo polo hegemonista articulado bajo su propia dirección. El peligro oculto El problema fundamental de este proyecto reside en que, para articular este nuevo polo hegemonista, necesita desarticular los Estados actuales, forzando las costuras étnicas, lingüísticas o de regionalismo económico para integrarlas, como comunidades, en las superestructuras europeas, donde con la nueva Constitución y reglamentos tiene asegurada la imposición de su hegemonía. La vieja aspiración de la burguesía monopolista alemana emerge de nuevo y está detrás de los llamamientos a la “Europa de los Pueblos y las Regiones”, que no sólo inspira sino que fomenta las aspiraciones secesionistas de las castas burocráticas y sectores del nacionalismo étnico y excluyente. Un proyecto doblemente peligroso porque no se presenta abiertamente, pero que en nuestro país ya ha demostrado su auténtica naturaleza y sus gravísimas consecuencias. Cada vez que la burguesía monopolista alemana ha tenido una situación internacional favorable (como el período que siguió a la caída del Muro de Berlín y que le llevó a reconocer la independencia de Croacia y precipitar la guerra de Yugoslavia) y ha tratado de dar un impulso a su proyecto, las sacudidas en nuestro país han sido especialmente dolorosas. El apoyo de la “fracción bávara” –la más agresiva de las fracciones de la burguesía alemana– durante 20 años a la línea nazifascista de Arzallus y a su objetivo de declarar la independencia de Euskadi (que preveían para el 2.004, año del Plan Ibarretxe) ha sido un continuo reguero de sangre, persecución y extorsión. Bien pertrechada en el santuario francés, la banda terrorista –esos “chicos de la gasolina” para Arzallus– trató de forzar al máximo la consecución del objetivo independentista, con el asesinato de Miguel Ángel Blanco y la extensión de los asesinatos a los concejales democráticos constitucionalistas y la generalización de la “kale-borroka”. Sólo la resistencia popular en toda España, basada en el desarrollo de la rebelión democrática en Euskadi y la unidad de las fuerzas constitucionales, aislando socialmente a la banda de pistoleros, acosada también jurídica y policialmente; enterrando electoralmente su Pacto de Lizarra primero y arrinconando su Plan Ibarretxe después, hemos logrado detenerlos. El cambio en la situación internacional, después del 11-S, acabó de hacer el resto. El mismo proyecto bajo nuevas formas Pero lejos de apaciguarse, los proyectos de separación han reaparecido bajo nuevas formas. Su objetivo no es la ruptura inmediata, algo a todas luces imposible, ni los “estados asociados” a corto plazo, sino la desarticulación del Estado, su adelgazamiento hasta hacerlo casi imperceptible en las nacionalidades “históricas”, mientras se avanza lenta pero implacablemente en la “disolución” del país en las estructuras de la Unión Europea; y se asientan los pilares en la reforma de los nuevos estatutos, en torno a la definición de nación, el blindaje de competencias o la imposición lingüística que les permitan preparar asaltos futuros. Como denunciaba no hace mucho el propio Alfonso Guerra, después de la nación viene la reivindicación de su propio Estado. La bandera de la “Europa de los Pueblos y las Regiones” adquiere ahora un valor aún más principal como señuelo. Y no son los sucesores de Arzalluz, los Ibarretxe, o los nacionalistas más vociferantes como Rarod Rovira, el vehículo principal de la nueva ofensiva, sino el propio Partido Socialista, su aparato central y las cúpulas federadas de Cataluña y Euskadi, partidas de arriba abajo por una doble naturaleza. Por un lado los capitanes de la rebelión democrática en Euskadi, como Rosa Díez, Maite Pagaza o Nicolás Redondo, junto a los José Bono, Francisco Vázquez o Alfonso Guerra, que recogen, sin duda el sentir general de la inmensa mayoría de organizaciones de base, afiliados y votantes del Partido Socialista Obrero Español, opuestos a cualquier proyecto que, en nombre de la pluralidad, debilite la unidad del pueblo de las nacionalidades de España. Por otro los Odón Elorza, Maragall o Montilla, que con la ambigüedad calculada de Zapatero y su equipo de “fontaneros” dirigido por Rubalcaba en la dirección del PSOE, se han embarcado en la deriva que favorece la desarticulación del Estado y las concesiones a los proyectos secesionistas. En la batalla que se libra en el conjunto del país por la libertad en Euskadi y la unidad del pueblo de las nacionalidades de España, la resistencia popular, de nuevo manifestada por múltiples maneras: encuestas, declaraciones de las corrientes patrióticas de dentro del PSOE, la organización de la rebelión ciudadana en torno al Manifest en Cataluña, el anuncio de la vuelta de ¡Basta ya! al primer plano de la actividad, etc., está frenando la deriva disolvente. Sin embargo, la perspectiva de una burguesía alemana con las manos libres para relanzar su proyecto hegemonista en Europa puede volver a disparar los peligros, dando nuevo aliento a los proyectos de desarticulación. ¿Hasta qué punto el pacto de Zapatero con CiU, los movimientos para acallar la rebelión interna en el Partido Socialista –como el envío de Francisco Vázquez al Vaticano–, el documento hecho público por el PSE de Patxi López acercando sus tesis a las del PNV, los insistentes rumores sobre “el principio del fin de la violencia”…, y la intensa agitación que comienza a desplegarse desde el grupo mediático de Polanco, en torno a todos y cada uno de estos acontecimientos, están ya determinados por las nuevas posibilidades que se abren para el desarrollo del proyecto alemán en Europa? La posición que ahora, ya, adopte la izquierda patriótica de nuestro país va a ser decisiva, la de dentro y la de fuera del socialismo. Estamos entrando en una fase de inoculación de virus paralizantes, con el objetivo de desactivar y desarmar las corrientes patrióticas y populares, especialmente del PSOE y de la izquierda en general, sobre todo haciéndonos creer que “no pasa nada”, que lo que se está “negociando” elimina las exigencias “del nacionalismo radical”, que los términos como “nación”, blindajes” o la” obligatoriedad” lingüística están desactivados y son simples sentimientos o referencias formales en los estatutos… Hay que redoblar los esfuerzos para hacer aflorar todas las corrientes patrióticas que hay en el conjunto del pueblo, Para la izquierda no es el momento de bajar la voz, en aras de intereses partidistas o electorales, sino de levantarla. M. Murcia |
El cambio de gobierno en Alemania no supone un cambio de clase, ni de proyecto para Europa, ni de planes para España.
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