NACIONAL La visita de Putin a España Putin consigue sus objetivos, Zapatero no La visita hay que enmarcarla dentro de los movimientos que está haciendo el Kremlim para tomar nuevas posiciones en la arena internacional, sobre todo en la recuperación de su propio “patio trasero” |
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| La visita del presidente ruso Vladimir Putin a España ha tenido un marcado acento político, tal como quería Putin, pero muy poco interés económico, a pesar de que ése era uno de los objetivos fundamentales del gobierno. Frente al recelo que Rusia despierta en sus antiguos aliados del Este, ahora incorporados a la Unión Europea, Putin busca en España “un socio seguro y dialogante”, que respalde dentro de la UE su política de incorporación a los organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio, y, sobre todo, que le deje manos libres en la intervención sobre las antiguas repúblicas soviéticas. La visita hay que enmarcarla dentro de los movimientos que está haciendo el Kremlim para tomar nuevas posiciones en la arena internacional. La Rusia de Putin, cada vez más recuperada sobre los beneficios de explotación de sus enormes fuentes de energía –es el primer productor de gas del mundo y el segundo de petróleo tras Arabia Saudí– se ha lanzado a contrarrestar la ofensiva norteamericana dentro de las antiguas fronteras de la Unión Soviética, consideradas por Moscú como su propio “patio trasero” o como su “esfera de intereses vitales”, y volver a colocar, por todos los medios posibles, a las repúblicas ex-soviéticas bajo su influencia. Tras la utilización del gas como instrumento de chantaje energético contra Ucrania, Georgia, Moldavia, Lituania o Letonia; y la reciente exhibición de la carta nuclear, presentando nuevos misiles capaces de sortear cualquier sistema antimisiles; Putin ha puesto nuevas cartas sobre la mesa: su papel de mediador tanto en la crisis nuclear iraní, prácticamente la única potencia con capacidad para hacerlo, como en Oriente Medio, tras el triunfo de Hamas en las elecciones palestinas. “Una organización a la que nunca hemos considerado como terrorista”, dice Putin. En este marco, las denuncias de las organizaciones internacionales de Derechos Humanos, como Amnistía Internacional, sobre la creciente falta de libertades en Rusia, las restricciones a la información y de los derechos humanos, la utilización del terrorismo de Estado por el Ejército ruso en la represión de Chechenia o la utilización del gas como arma de presión para doblegar la resistencia de los gobiernos de Ucrania, Moldavia, etc. a someterse al Kremlim, han quedado relegadas a un segundo plano. Una oportunidad perdida Zapatero ha perdido una buena oportunidad para marcar las líneas de principios de una política exterior, basada en la defensa de la paz, las libertades, la no intervención en los asuntos internos y el beneficio mutuo entre los países. El discurso del rey en la recepción oficial daba pie para hacerlo, al destacar, por un lado, que el petróleo no es sólo poder, “de su gestión depende en buena medida la estabilidad política y económica de la región y de parte del continente europeo”; por otro que “el terrorismo sólo podrá ser derrotado desde la firmeza y la determinación del Estado de Derecho en defensa de los derechos y las libertades fundamentales”; y en tercer lugar abogando “por la participación de las empresas españolas en el mercado ruso”. Pero Zapatero, que en una entrevista concedida al diario ruso Kommersant ya había señalado su “coincidencia” con Putin en la lucha contra el terrorismo, ha preferido las formas a los principios, sin que por ello nuestro país haya salido especialmente favorecido con la visita. Los resultados son, por el contrario, muy modestas. Dos declaraciones generales sobre cooperación agrícola y lucha antiterrorista; y siete acuerdos menores acerca de temas como el narcotráfico, turismo, deportes, investigación espacial y construcción naval. Aunque se ha reconocido por las dos delegaciones lo modesto de las relaciones comerciales, que apenas alcanzan los 6.000 millones de euros de intercambio comercial, con un saldo muy desfavorable para España –ya que el 75% de ese intercambio se debe a la compra española de petróleo y derivados– la visita apenas ha prestado atención a este capítulo. La búsqueda del mutuo beneficio, en aquellas cuestiones que más hubieran beneficiado a los dos pueblos, el ruso y el español, han quedado relegadas. F. Huertas |
Putin vino a hacer geoestrategia y Zapatero perdió una buena oportunidad para avanzar en relaciones de mutuo beneficio.
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